Una derrota por 1-0 en San Pablo, frente a Santos, le complicó a Boca el panorama en el Grupo C de la Copa Libertadores, que ahora encabeza Barcelona de Ecuador, pese a perder 2-0 en La Paz ante The Strongest (Jair Reinoso los goles), con nueve puntos, escoltado justamente por los brasileños y el conjunto Xeneize, con seis. Las dos fechas que restan para completar la ronda de partidos, ambos en la Bombonera, es lo más auspicioso para la formación boquense que el domingo deberá eliminarse con River en la Copa de la Liga Profesional.
Aceptando que la presente semana es clave para el futuro de su equipo en ambos torneos, Russo dispuso poner en cancha las mejores formaciones posibles, sin especular con rotaciones ni descansos que puedan debilitar la estructura de un equipo que ganó forma con una defensa conformada por cuatro marcadores, una línea media juvenil y un ataque dispuesto con Tevez como bandera y Pavón-Villa volcados sobre una y otra punta.
Boca viajó a Brasil con la necesidad de cosechar por lo menos un empate para afirmarse en la segunda posición, algo que prácticamente firmaría su pasaje a octavos de final. Por esto, con excepción de Andrada, quien permanece en Ecuador, el entrenador convocó, salvo un par de excepciones, al plantel completo y respecto de la alineación que afrontó el anterior partido de Libertadores, ante Barcelona, en Guayaquil, Boca presentó modificaciones que incluyeron las presencias de Fabra, tras cumplir una sanción, y Tevez.
En su regreso al estadio donde sufrió la dura salida en la anterior edición del certamen continental, el elenco Xeneize se encontró con un rival diferente, recién salvado del descenso a la B en el torneo Paulista y que anoche presentó a Fernando Diniz Silva como nuevo entrenador.
La necesidad de evitar una derrota empujó al conjunto Xeneize a un protagonismo que había resignado en Ecuador, y ni bien la pelota comenzó a rodar se hizo cargo del trámite. Claro que esa postura, así como le permitió desarrollar un par de ataques con posibilidades, también le causó algún susto en defensa. El mayor: la apertura de Felipe Jonatan, con un zurdazo bajo cuando el partido había caído en un pozo.
En la etapa complementaria, el árbitro dejó pasar una mano de Izquierdoz dentro del área y el correr de los minutos le hizo perder primero el juego y después la calma a Boca. Russo demoró los cambios, que cuando llegaron no hicieron más que confundir, el arco de enfrente quedó más lejos y la derrota fue inevitable.
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