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La Selección ha crecido y, más allá de algunas carencias clave, su gran sueño tiene base sólida

Con oficio y poquito fútbol se aseguró protagonismo en el mejor día de la Copa. Messi es esencial, pero el aporte del arquero también vale oro
“Dibu”, abrazo a messi, comanda la ronda del festejo final / AFP

@firmamendinueta

“Ni fenómenos cuando ganamos, ni desastre cuando perdemos”; esa sabia definición solía repetirla, con humor, convencimiento y fina ironía el entrañable Don Luis Garisto Pan, ex-director técnico (ya fallecido) de Gimnasia y de Estudiantes, entre tantos equipos que orientó el reconocido entrenador uruguayo.

Su sentencia sirve para tocar el freno de la mesura a la hora de calibrar el análisis sobre el muy buen desempeño que viene realizando la Selección Argentina en la Copa América.

Haberse convertido en legítimo finalista ya encierra un mérito que sería injusto soslayar. Este proceso, iniciado de un modo tan extraño como desprolijo, hoy parece haber construido, al menos, una base de futbolistas idóneos encolumnados detrás de ese líder tan especial que es Lionel Messi.

La renovación encarada por el técnico “menos pensado” (la asunción de Scaloni se recordará como una historia escrita a contramano de la sensatez y de ciertos comportamientos éticos) ha sido eficiente y está hilvanando una valorada cadena de resultados positivos.

Tener a Messi motivado y “hambriento de gloria” es decisivo; haber confiado en las condiciones de Emiliano “Dibu” Martínez, también. Y en ambas, dos de las aristas salientes del triunfo tan celebrado ante Colombia, ha tenido incidencia ese DT que, recién ahora, muchos futboleros empiezan a mirar con menos recelo.

Argentina volvió a mostrar su mejor versión sólo en los extremos del partido, al inicio y al final; y en el extenso lapso del medio tuvo que apelar al oficio de sus hombres más experimentados para sostener una imagen que se fue borroneando ante el repunte “cafetero” liderado por la figura del partido, Luis Díaz.

Haberse convertido en legítimo finalista ya encierra un mérito que sería injusto soslayar

Scaloni, demasiado quejoso durante los encuentros y siempre con la “guardia alta” en las conferencias de prensa, está en lo cierto cuando aclara que es utópico pretender que sus dirigidos controlen las acciones todo el tiempo en todos los partidos. Siempre habrá momentos complicados y etapas donde el rival imponga condiciones, aunque sí sería saludable que los bajones duren menos y, fundamentalmente, que no encierren tanto peligro en el área albiceleste. Falta un patrón que imponga presencia y marque los tiempos en el mediocampo. Fue acertada la decisión de poner como titular a Guido Rodríguez, pero para el futuro debiera considerar seriamente la idea de convocar a un volante central de mayor capacidad de quite, alguno especializado en la básica tarea de cortar el circuito de juego del oponente de turno.

Es bastante probable que cuando tenga un “cinco” referencial, alcance mayor equilibrio táctico.

LA DEFENSA NO TIENE TITULARES INDISCUTIDOS Y ESO LA DEFINE

Si la pregunta recurrente es “¿cuándo vuelve el “Cuti” Romero”? indica el nivel que está mostrando la defensa en general, y la dupla de zagueros en particular. Pezzella no se muestra seguro, Molina viene de sufrir horrores, Otamendi es la voz que sólo a veces pone orden y Tagliafico otorga menos seguridad que cuando recién fue convocado.

La gran satisfacción fue la enorme dimensión alcanzada por “Dibu” Martínez. Antes de los tiros desde el punto del penal ya había conformado con holgura. La gente está contenta con él porque se siente segura y muy bien representada. Por haber sido sobrio en todo momento fue que no cayó mal, por el contrario, la manera en que elevó el perfil durante el momento crucial. Su intervención fue excelente, clave para ganar y ha generado un nivel de empatía con el pueblo que sólo consiguen los que son genuinos.

Messi, “Dibu”, De Paul, Lautaro y Di María aportando frescura son los hilos que permiten tejer el sueño mayor. Aun imperfecta por carencias, Argentina puede lograrlo.

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