“El niño pez y el sueño de negras alas”, una adaptación de “Hécuba” de Eurípides con la que se busca reflexionar acerca del significado de poner en escena una tragedia en el mundo actual, se ofrece los sábados bajo la dramaturgia y dirección de Omar Sánchez.
Con las actuaciones de Carlos Aprea, Susana Disalvo, Nora Oneto, Graciela Sandoval y Oscar Vernales, la pieza está ambientada en un campamento de sobrevivientes, cerca del mar, donde se espera por un traslado. Allí, perdida, deambula Hécuba, arrastrando un carro.
El germen de esta obra nació en 2019 cuando el elenco, conformado en su mayoría por algunos de los integrantes del recordado grupo Malajunta que en los 80 protagonizó “La extraña historia del doctor Tadeo” también bajo la dirección de Omar Sánchez, quiso recuperar la esencia de aquel trabajo que se ofreció -con gran éxito- durante dos temporadas.
“Pero Omar nos propuso hacer una nueva obra para trabajar y discutir un poco sobre la idea de tragedia: qué significa hoy poner en escena una tragedia en un mundo donde ocurren tragedias todos los días”, cuenta el actor Carlos Aprea en diálogo con EL DIA.
En aquel momento, aún el Covid-19 no había aflorado y Rusia y Ucrania convivían en paz. Sin embargo, el mundo se escandalizaba por la muerte de unos niños en el Mediterráneo. Y la tragedia de Hécuba -y otras más cercanas y propias- no hacía más que resonar.
Eurípides ambientó su clásico tras la destrucción de Troya: las fuerzas invasoras griegas emprenden su retirada, llevándose consigo a las troyanas como esclavas y también a Hécuba, la reina, única sobreviviente: su marido, el rey, y sus hijos, murieron en la guerra. Y su única hija mujer es pedida como sacrificio para sus dioses por haber triunfado.
Pero el dolor de Hécuba es mayor cuando descubre en el mar el cadáver de un niño, su hijito, al que había enviado lejos para protegerlo de la violencia, y que fue asesinado por el rey que le había jurado protección, pero que la termina traicionando por haber perdido Troya la guerra.
Con cierta indefinición, “El niño pez y el sueño de negras alas” se sitúa en un mundo habitado por desplazados y refugiados. Allí, “un grupo de personajes espera ser evacuado, salir de ese lugar”, en lo que podría definirse como “un presente inmóvil de veteranía” que, bromea Aprea, se recrea fácil porque “somos todos veteranos y eso ayuda”.
Paralelamente, “hay una historia por contar que se va desarrollando de a poco porque hay una especie de resistencia a volver atrás, a lo que acaba de pasar, o quizás pasó hace mucho tiempo”.
Las reflexiones previas le permitieron a este grupo explorar en escena cuestiones de género: desde cómo en la obra la figura trágica está representada en una mujer (Hécuba) “y no un hombre como en general pasa en todas las tragedias” según Aprea; y hasta en voz de quién está el relato de esta historia.
Y ahí, advierte el intérprete, empezó a emerger la cuestión femenina, “el planteo que hoy mueve a muchas mujeres a tratar de tener su propia voz, es decir, a pedir, reclamar y luchar por tener su voz propia y su propio relato de los hechos”.
En “El niño pez y el sueño de negras alas”, Hécuba irá descubriendo, a medida que se desarrolla la obra, “quién es esa mujer que se desplaza en el campamento cuando empieza a darse cuenta quién es, qué hizo y por qué lo hizo”, es decir, cuando empieza a hacerse cargo.
Esta obra, que resuena fuerte con nuestra historia reciente (“hablar de un niño que aparece en las aguas es muy fuerte y significante”, admite Aprea), pone sobre la mesa también el tema de la venganza.
“Hay una venganza de parte de Hécuba que se lleva a cabo y nosotros tuvimos, como país, la posibilidad de que los movimientos de DD. HH. no planteen la venganza como alternativa, lo cual creo que es muy saludable e implica un grado de humanidad importante”, reflexiona el también director.
Cultures de la idea de que “el arte tiene que cuestionar el presente, el poder e ir contra el conformismo”, Aprea habla en nombre de sus compañeros al asegurar que esperan que los espectadores, más allá del mensaje que elijan tomar, se puedan llevar alguno.
El elenco incluye a varios integrantes de Malajunta, grupo histórico platense de la década del 80
“Me gustaría que les quede la impronta de una emoción o de varias, que les quede la impronta de algunas palabras y, también, algunas preguntas para seguir charlando”, dice, anhelando la existencia de más espacios de reflexión y debate a partir del arte.
Con una propuesta escenográfica despojada pero con elementos de gran carga simbólica, los intérpretes, que vienen de la escuela de formación del Taller de Investigaciones Dramáticas que funcionó en épocas de la dictadura, trabajaron sus personajes escarbando en lo profundo, “mucha insistencia en el trabajo interior”, un procso creativo que “priorizó la construcción de acciones y de imágenes que la velocidad por la velocidad misma algo que sentimos que se está imponiendo en algunos espectáculos”.
Con escenografía de Gabriela Díaz, vestuario de Analía Seguezza, diseño de luces de Federico Genovés, asistencia de maquillaje de Mabel Padín, la realización escenográfica de Pablo Medina y la operación de luces y sonido a cargo de Agustina Palermo, “El niño pez y el sueño de negras alas” se ofrecerá este sábado a las 20 en el espacio ubicado en 17 y 68, y continuará ofreciendo funciones los sábados de septiembre en el mismo horario. Las entradas se pueden reservar a través de Alternativa Teatral.
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