El sector agropecuario argentino enfrenta un inicio de 2025 marcado por una fuerte presión impositiva, un clima adverso que amenaza las cosechas, y la creciente preocupación por la rentabilidad de los productores.
Este panorama crítico, que afecta a los agricultores en todo el país, fue analizado por referentes del sector como Hernán Guibelalde, presidente de la Sociedad Rural de Junín, y Rosana Franco, presidenta de la Federación Agraria filial Junín.
Guibelalde denunció que "más de $64 de cada $100 generados por el campo terminan en manos del Estado en sus distintos niveles, ya sea nacional, provincial o municipal", subrayando que las retenciones representan "el mayor símbolo de este saqueo fiscal". En tanto, Franco enfatizó que "los costos de insumos como fertilizantes y agroquímicos se han duplicado o triplicado", generando una ecuación económica negativa para los productores.
Además de los problemas fiscales, la situación climática agrava la crisis. Según Franco, "si no llueve en los próximos 15 días, muchos productores podrían desaparecer". La falta de lluvias y las olas de calor han afectado severamente cultivos como la soja y el trigo. "La soja de primera recibió algo de agua cerca de Navidad, pero no es suficiente para garantizar una buena cosecha", explicó.
Néstor Roulet, ex vicepresidente de la Confederación de Rurales Argentinos (CRA), advirtió en redes sociales que, mientras los productores pierden cerca de 80 dólares por hectárea de soja sembrada, el Estado recauda aproximadamente 473,29 dólares por hectárea en concepto de retenciones e impuestos. Según sus estimaciones, esto representa unos 7.700 millones de dólares en ingresos fiscales, mientras los productores enfrentan márgenes cada vez más estrechos.
Los dirigentes rurales coinciden en la necesidad de modificar el enfoque fiscal del gobierno hacia el sector. "El Estado debe dejar de ser un obstáculo y convertirse en un aliado. Si se eliminan los Derechos de Exportación y se reduce la carga impositiva, el campo podrá desplegar todo su potencial", aseguró Guibelalde.
Mientras tanto, las perspectivas para 2025 se mantienen inciertas. Los productores urgen medidas que alivien la presión impositiva y permitan afrontar los desafíos climáticos, para evitar que esta crisis se traduzca en una pérdida significativa de competitividad y empleo en el sector agropecuario.
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