Luis Brandoni y su vínculo con La Plata: teatro, política y Estudiantes campeón del mundo
| 20 de Abril de 2026 | 08:41
El nombre de Luis Brandoni mantuvo durante décadas un lazo profundo con todo el país aunque lazos más allá que culturales con la ciudad de La Plata, porque el deporte y la política también estuvieron en el medio. Su presencia constante dejó huellas tanto en los escenarios como en la memoria colectiva de los platenses. Falleció a los 86 años, tras un accidente en su casa que derivó en internación.
Uno de los puntos más recordados de ese vínculo fue su participación en la película Somos los mejores, centrada en la histórica consagración de Estudiantes de La Plata como campeón del mundo en 1968, tras la hazaña en Manchester. Ese relato cinematográfico no solo recuperó una gesta deportiva inolvidable, sino que también reforzó el sentido de pertenencia de la Ciudad con su equipo y con quienes ayudaron a contar esa historia.
Somos los mejores se construyó como un homenaje al fútbol argentino representado en Estudiantes de La Plata como campeón del mundo en 1968 tras imponerse en Manchester. Más allá del resultado deportivo, el film puso el foco en el contexto, el carácter del equipo y la identidad de un grupo que marcó una época, reforzando el vínculo emocional con la Ciudad y su historia.
En ese relato, Luis Brandoni cumplió un rol clave como una de las voces que ayudan a reconstruir la epopeya. Su participación, secundaria, funcionó como puente entre los hechos históricos y el espectador. Con su impronta, logró transmitir no solo la magnitud del logro deportivo, sino también la dimensión humana de aquellos protagonistas.
En el terreno teatral, Brandoni encontró en La Plata un espacio habitual de encuentro con el público. La más reciente fue Made in Lanús, que dirigió y presentó a mitad del año pasado, marcando otro capítulo en su recorrido artístico por la Ciudad. Antes, había protagonizado y acercado obras como Justo en lo mejor de mi vida, Amantes y otros extraños, Conversaciones con mamá, Parque Lezama, El hombre inesperado y Don Arturo Illia, muchas de ellas con funciones en el emblemático Teatro Coliseo Podestá, un escenario que lo recibió en múltiples oportunidades.
Ese ida y vuelta con el público platense también tuvo su correlato en la vida política. Identificado históricamente con el radicalismo, Brandoni no estuvo ajeno a las discusiones partidarias en la Provincia. Con su candidatura a senador en 2005 luego de ser diputado a finales de los 90', recorrió en ambas épocas las calles de la Región (La Plata y Berisso). Su última aparición en ese plano en la Ciudad se remonta a 2010, cuando participó en el marco de las internas bonaerenses acompañando a Ricardo Alfonsín, reafirmando su compromiso con la militancia y su cercanía con los espacios políticos locales.
¿Por qué se grabó Somos los mejores?
Entre fines de los años 50 y comienzos de los 70, el fútbol argentino empezó a encontrar en el cine una forma de narrarse a sí mismo. En ese cruce entre deporte, cultura popular e identidad, la figura del hincha comenzó a ocupar un lugar central. No era solo el espectador de la tribuna, sino un personaje con valores, códigos y pertenencia, algo que la pantalla grande empezó a explorar con fuerza en una etapa clave de la industria nacional.
Uno de los primeros antecedentes fue "Cinco grandes y una chica" (1950), que combinó humor y fútbol con la presencia de Ángel Labruna. A partir de allí, el cine comenzó a construir relatos donde el hincha aparecía como símbolo de fidelidad y pasión. Títulos como "El hincha" (1950), "Pasión dominguera" (1969), "Vamos a soñar con el amor" y "Tango desde el tablón" (ambas de 1971) acompañaron esa construcción, delineando un modelo de simpatizante atravesado por el amor incondicional, el sacrificio cotidiano y la herencia familiar del club.
En paralelo, en las tribunas comenzaba a gestarse otro fenómeno. Entre esas décadas surgieron las primeras barras que se reconocían como tales, en clubes como Boca Juniors, Rosario Central, Racing Club, entre otras. Esa aparición marcó una tensión que también se filtró en el discurso mediático y cultural: por un lado, el “verdadero hincha”, asociado a valores nobles y comportamiento pacífico; por otro, las barras como contrapunto conflictivo.
En ese contexto, la histórica consagración de Estudiantes en 1968 llegó como un momento perfecta para ser llevada al cine. La película "Somos los mejores" (1968) encontró en esa gesta una síntesis ideal de todos esos elementos: el equipo, la épica internacional y, sobre todo, el hincha como motor emocional.
Lo que había empezado a gestarse años antes encontró en esa historia un reflejo potente, capaz de consolidar en la pantalla grande una identidad futbolera que ya se vivía con intensidad en las tribunas.
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