Dólar estable en $1.400 como ancla de inflación
Edición Impresa | 26 de Abril de 2026 | 02:33
La economía argentina atraviesa un fenómeno inusual: el dólar oficial se mantiene en torno a los $1.400 desde octubre de 2025. La estabilidad cambiaria, que coincidió con el período posterior a las elecciones legislativas, se consolidó como uno de los pilares del actual esquema macroeconómico.
El comportamiento del tipo de cambio implicó una apreciación real del peso cercana al 10% en lo que va del año, según estimaciones privadas. De este modo, se revirtió cerca de la mitad de la depreciación registrada en 2025. En el mercado, distintos analistas interpretan que el Banco Central sostiene una suerte de banda implícita entre $1.350 y $1.400 como ancla para las expectativas.
El principal efecto positivo de este esquema aparece en los precios. Un dólar estable contribuye a moderar el valor de los bienes importados y de aquellos que siguen la cotización internacional, lo que ayuda a desacelerar la inflación. También favorece la acumulación de reservas en un contexto de ingreso de divisas por exportaciones.
Sin embargo, la contracara se refleja en la actividad. La discusión sobre si existe atraso cambiario volvió al centro del debate. Algunos sectores muestran capacidad de adaptación a este nivel de tipo de cambio, en especial aquellos vinculados a recursos naturales, como el agro, la energía y la minería, que incluso exhiben buenos niveles de exportación.
En cambio, otras áreas de la economía enfrentan mayores dificultades. La industria, la construcción y el comercio aparecen entre los sectores más afectados por la apreciación del peso. Con costos en dólares elevados, pierden competitividad frente a las importaciones y ven limitado su margen de crecimiento.
Este escenario también impacta en la inversión. En el caso de la construcción privada, el encarecimiento en moneda extranjera reduce los incentivos a iniciar nuevos proyectos. A su vez, la menor competitividad de las actividades orientadas al mercado interno repercute en el empleo y en la dinámica del consumo.
Desde el punto de vista macroeconómico, el esquema plantea una tensión. El dólar estable funciona como ancla para la nominalidad y contribuye al orden fiscal y externo, pero al mismo tiempo puede afectar la recaudación si la actividad pierde dinamismo. En ese contexto, aparecen presiones para reducir impuestos o costos internos con el objetivo de sostener la competitividad.
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