El endeudamiento de las familias se agrava: la mora, en nivel récord

Los atrasos en préstamos personales y tarjetas superan el 11% y muestran fuertes subas interanuales. Las tasas altas no ayudan

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El peso de las deudas contraídas en los últimos dos años se hace cada vez más evidente en los hogares argentinos. Los indicadores oficiales muestran un deterioro sostenido en la capacidad de pago, con niveles de morosidad que no encuentran antecedentes recientes y que reflejan el impacto de tasas elevadas y salarios que no acompañan.

Según los datos más recientes, correspondientes a febrero, la irregularidad del sistema bancario en todas las líneas de crédito subió al 6,7% del total. Se trata del nivel más alto desde que existe registro. Sin embargo, el mayor deterioro se concentra en las familias, donde la mora escaló al 11,2%, con un salto de 0,6 puntos en el mes y de 8,3 puntos frente al mismo período de 2025.

Dentro de ese segmento, los créditos al consumo aparecen como el principal foco de tensión. Los préstamos personales registraron una morosidad del 13,8% en febrero, con un incremento de 10,1 puntos en un año. En paralelo, las tarjetas de crédito alcanzaron un nivel de irregularidad del 11,6%, tras subir 0,6 puntos en el mes y más de 9 puntos en términos interanuales.

El fenómeno no se limita a estas líneas. Aunque en niveles más bajos, también se observa un deterioro en los créditos hipotecarios, con una mora del 1,4%, y en los prendarios, que alcanzaron el 6,8%. En el caso de los préstamos ajustados por UVA, los atrasos treparon al 8,8%, con un fuerte avance en los últimos doce meses.

La dinámica marca un cambio drástico respecto del año pasado. La irregularidad en los créditos a hogares pasó de 2,67% en enero de 2025 a más del 10% a comienzos de 2026, lo que implica una multiplicación cercana a cuatro veces en apenas doce meses. En ese contexto, el uso del financiamiento para cubrir gastos corrientes se volvió cada vez más frecuente.

PAGO MÍNIMO

Uno de los reflejos más claros es el avance del pago mínimo en tarjetas de crédito. Este mecanismo permite sostener el consumo en el corto plazo, pero implica tasas cercanas al 4% mensual sobre los saldos impagos. El resultado es una acumulación de intereses que dificulta la cancelación del capital y prolonga el endeudamiento.

El problema se extiende más allá del sistema bancario. En billeteras virtuales y financieras no bancarias, la morosidad alcanza niveles cercanos al 25%, lo que evidencia una presión financiera aún mayor en los sectores con menor acceso al crédito formal.

Desde el Ministerio de Economía, el titular de la cartera, Luis Caputo, vinculó la situación con el contexto reciente de tasas elevadas y sostuvo que la mejora dependerá de la baja de la inflación y del costo del crédito. También planteó la necesidad de que las entidades financieras otorguen plazos más largos para facilitar la recomposición de los ingresos.

Distintas consultoras coinciden en el diagnóstico. Señalan que las tasas activas continúan en niveles elevados -con promedios cercanos al 69% nominal anual en préstamos personales- en un contexto de ingresos estancados o en retroceso, lo que erosiona la capacidad de pago de los hogares.

Señales en las empresas

En el segmento corporativo, la situación aparece más contenida, aunque también muestra señales de deterioro. La mora de las empresas se ubicó en torno al 2,9% en febrero, con una suba significativa en términos interanuales. Las dificultades se concentran en el financiamiento de corto plazo, mientras que las líneas vinculadas al comercio exterior o con garantías reales presentan mejor desempeño.

Aún así, existen fuertes diferencias según el tamaño de las firmas. Las grandes compañías mantienen niveles de incumplimiento cercanos al 0,9%, mientras que las pymes enfrentan tasas de mora que promedian el 4% y que pueden alcanzar el 10% en segmentos más vulnerables.

Pese al deterioro general, el sistema financiero conserva niveles elevados de cobertura frente al riesgo de crédito, según los datos oficiales.

No obstante, la evolución de la mora en los hogares enciende señales de alerta sobre la sostenibilidad del consumo y la capacidad de recuperación del consumo interno en el corto plazo.

 

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