MIAMI, Florida (Enviado especial) ¿Se puede estar contento y, al mismo tiempo, preocupado? La respuesta brota con fuerza y es un sí contundente. Argentina sigue viva en el Mundial después de una tardecita que no se olvidará fácil. Jugando flojo y mostrando un cansancio extremo, logró sacarse de encima una prueba que lo exigió a fondo, y que llevó a sus hinchas a “pedir la hora” con indisimulable desesperación.
El final del primer capítulo, que mostró roles lógicos entre el poderoso y el más débil, no anticipó para nada la “locura” de matices que llegaría después. Argentina se irá rumbo a Atlanta agotado, aliviado y preocupado. No puede seguir defendiendo como lo hizo y hasta debe reformular la fisonomía del mediocampo, donde necesita más corte y un cinco de referencia. Leandro Paredes es el mediocampista referencial que le está faltando.
NO SORPRENDIÓ NADA: EL PLANTEO DE CABO VERDE, NI LA MAGIA DE LEO
El primer tiempo ofreció los condimentos imaginados. Los africanos se aferraron sin respiro a la formación de un bloque defensivo muy bajo y bien cerrado que involucró a sus diez hombres de campo. Argentina, asumiendo el protagonismo que le demandaba su indiscutida condición de favorito, supo ser paciente (quizás fue su mejor virtud) y la gran estrella de este Mundial hizo otra genialidad para abrir el candado de Cabo Verde.
La apertura del marcador nació de un pase largo frontal (no era lo que indicaban los viejos libros) y, fundamentalmente, por el enorme talento de Leo Messi, que hizo todo perfecto con su pie izquierdo. Controló con una naturalidad asombrosa y luego definió de manera impecable. El gol no cambió a los que iban perdiendo y tampoco a los que iban ganando. Argentina no necesitó brillar en la primera etapa para cumplir su meta. Hizo los deberes sin sufrir sobresaltos y se fue al descanso sintiéndose satisfecho.
La modificación, nada grata por cierto para los campeones del mundo, se observó en el complemento, cuando la producción celeste y blanca decayó en forma notoria. Si bien supo generar situaciones claras para anotar el segundo tanto, Cabo Verde creció y hasta construyó un gol que tuvo mérito propio y fallas de Argentina, primero de Facundo Medina y luego, muy evidente, de Lisandro Martínez.
Entró bien Nicolás González, pero no Julián Älvarez y tampoco se esperaba que cambiaran la historia Tagliafico y Paredes. El defensor de la corona perdió fuerza y, sobre todo, explosión. Lució cansado, Muy cansado.
EL TIEMPO EXTRA LLEGÓ CON PRONÓSTICO RESERVADO
En el momento de las más incómodas preguntas, Lisandro Martínez (el principal responsable del gol rival) se reivindicó como en el mejor de sus sueños. El misil que sacó apareciendo por el segundo palo fue tremendo, y el alarido de la población argentina, un desahogo imprescindible.
El alargue se hizo eterno. La gente miraba a cada rato el reloj. El dramatismo se metió en escena con un gol “de otro planeta”. Pero el cabezazo salvador de “Cuti” Romero completó el guión cinematográfico de una noche que esta ciudad recordará por varias décadas.
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