El rendimiento de Lionel Messi en su sexta Copa del Mundo, a los 39 años, se instaló en el centro del debate futbolístico global. El capitán de la Selección Argentina llega a la instancia de cuartos de final instalado en lo más alto de la tabla de goleadores con ocho anotaciones, registro que comparte con el francés Kylian Mbappé y en el que supera por un tanto al noruego Erling Haaland. Frente a esta vigencia, la prensa internacional intenta desentrañar la fórmula detrás de su vigencia física y futbolística.
En un artículo publicado por el diario británico The Telegraph, el periodista Sam Dean analiza este presente y sostiene que “nunca antes en la historia de la Copa del Mundo un jugador de campo tan veterano como Lionel Messi había tenido un impacto tan espectacular”. A partir de allí, el cronista plantea el interrogante sobre cómo logra sostener ese nivel en una era de máxima exigencia atlética. La respuesta, según su mirada, se encuentra al observar los movimientos del número diez cuando no tiene la pelota, donde se percibe que pasa gran parte del tiempo regulando el ritmo, ya sea parado o caminando.
Los registros estadísticos de la FIFA respaldan esta observación: de los 35.868 metros que el futbolista rosarino recorrió a lo largo de sus cinco presentaciones, el 64% se realizó a una velocidad que oscila entre los 0 y los 7 kilómetros por hora. A modo de ensayo, el periódico inglés cronometró el despliegue del capitán durante un fragmento del segundo tiempo en el cruce de octavos de final ante Cabo Verde; en un intervalo de quince minutos, el delantero acumuló solamente 51 segundos de carrera intensa. Si bien el propio autor aclara que no se trata de una medición con rigor científico debido a las variantes que ofrece cada partido, el dato sirve para reflejar cómo el atacante economiza sus esfuerzos.
Esta particularidad estadística sitúa a Messi en una doble realidad dentro del torneo: mientras figura como el máximo anotador de la primera fase, se ubica simultáneamente en el último puesto de distancia recorrida por noventa minutos. Dean concluye que “se trata de un jugador tan inteligente, que juega en un equipo tan subordinado a él, que, literalmente, marca el mayor número de goles con el menor esfuerzo”. En ese sentido, las planillas muestran que el argentino registra 298 aceleraciones de alta velocidad, una cifra menor en comparación con otros delanteros del certamen como Harry Kane, Vinícius Júnior, Ousmane Dembélé, Mikel Oyarzabal, el propio Mbappé o Haaland.
La clave de este funcionamiento radica en la selección de los momentos para intervenir. Frente a Egipto, en un contexto adverso de dos goles abajo, el futbolista modificó su postura a partir del minuto 76 para liderar las estadísticas de remates, gambetas y pases clave de su equipo. Un comportamiento similar se observó en la apertura del marcador contra Cabo Verde, resuelta tras un desmarque en velocidad para conectar una asistencia de Lisandro Martínez en una maniobra de tres segundos.
De acuerdo con el análisis periodístico, esta estructura se sostiene tanto por la lectura de espacios del capitán como por el despliegue de sus compañeros de campo para compensar su menor movilidad. Los datos reflejan que Rodrigo De Paul sumó 34.679 metros en menor tiempo de juego, en tanto que Alexis Mac Allister y Enzo Fernández alcanzaron una marca cercana a los 50.000 metros cada uno. El artículo de The Telegraph define esta dinámica al señalar que “se trata de una plantilla al completo que existe para servir a un solo hombre”, contraponiendo que el delantero responde a esa entrega con efectividad en los metros finales. Esta sintonía coincide con las declaraciones del propio Messi durante el festejo de su cumpleaños en la concentración, donde expresó a sus compañeros: “Sé que hacen un esfuerzo extra para que yo pueda seguir compitiendo y lo hacen de corazón, porque lo sienten y no es forzado”.
Por otra parte, la actualidad del atacante motivó un informe conjunto en The Athletic, la sección deportiva de The New York Times, firmado por Stuart James, Mark Carey, Charlotte Harpur y Dan Sheldon, orientado a describir la experiencia de enfrentar al futbolista argentino. El texto describe que “compartir la cancha con el argentino es uno de los mayores privilegios del fútbol, aunque también puede sentirse como una especie de castigo cuando emprende otra de esas carreras sinuosas que convierten a defensores de clase mundial en el hazmerreír de internet”. En esa línea, testimonios de exdefensores como los franceses William Gallas y Raphaël Varane coinciden en marcar las dificultades que genera marcar a un jugador que utiliza la caminata como recurso estratégico dentro de la cancha, una conducta que arrastra desde los inicios de su trayectoria profesional.
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