El sismo de magnitud 7,4 registrado ayer en Colombia, con epicentro cerca de San José del Palmar, en Chocó, volvió a poner en primer plano una característica propia del territorio: su intensa actividad sísmica. Según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), el país registra en promedio unos 2.500 sismos al mes, aunque la mayoría son demasiado leves para ser percibidos por la población.
La explicación está debajo de la superficie. Colombia se encuentra en una zona donde confluyen tres grandes placas tectónicas: Nazca, Sudamericana y Caribe. En el Pacífico, una de las principales áreas de interacción, la placa de Nazca se introduce por debajo de la Sudamericana. Este fenómeno, conocido como subducción, genera deformaciones y acumulación de energía que pueden liberarse de manera repentina y provocar terremotos.
El SGC señala que buena parte de la actividad sísmica colombiana se concentra precisamente en el Pacífico por esta dinámica. Chocó se encuentra dentro de esa región tectónicamente activa, por lo que los movimientos forman parte de un proceso geológico permanente.
El sismo de ayer tuvo una profundidad de 96 km, por lo que fue clasificado como intermedio. Sin embargo, la profundidad por sí sola no determina sus efectos: también influyen la magnitud, la distancia al epicentro, el tipo de terreno y la vulnerabilidad de las construcciones.
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