La vitamina D3, también conocida como colecalciferol, cumple un papel fundamental en la absorción del calcio y el fósforo, la mineralización de los huesos y el funcionamiento muscular. El organismo puede producirla mediante la exposición de la piel a la radiación solar, aunque también se obtiene a través de determinados alimentos y suplementos.
Su deficiencia puede provocar alteraciones óseas, debilidad muscular y, en casos graves, enfermedades como la osteomalacia en adultos. Sin embargo, una de las afirmaciones más repetidas en redes sociales sostiene que prácticamente toda la población presenta niveles insuficientes sin saberlo.
Los estudios científicos muestran un panorama más complejo. La frecuencia de la deficiencia varía según la región geográfica, la edad, la alimentación, la exposición solar y los criterios utilizados para establecer los valores adecuados. Por lo tanto, no existe evidencia suficiente para afirmar que casi todas las personas necesitan incorporar vitamina D3 mediante suplementos.
En junio de 2024, la Sociedad de Endocrinología de Estados Unidos publicó nuevas recomendaciones en las que desaconsejó la suplementación sistemática por encima de las cantidades nutricionales recomendadas para adultos sanos menores de 75 años. También señaló que no resulta necesario realizar análisis rutinarios para medir sus niveles en personas sin factores de riesgo o indicaciones médicas específicas.
La guía identificó, en cambio, determinados grupos que podrían beneficiarse de una suplementación adicional, entre ellos los mayores de 75 años, las embarazadas y algunas personas con prediabetes. Estas recomendaciones no reemplazan la necesidad de tratar las deficiencias diagnosticadas.
Para los adultos de entre 19 y 70 años, la ingesta diaria de referencia estadounidense es de 600 unidades internacionales, mientras que para los mayores de 70 años asciende a 800. Estas cantidades contemplan el aporte total de vitamina D y no implican que todas las personas deban consumirlas en cápsulas.
Además, aunque se investigaron sus posibles efectos sobre enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, depresión y cáncer, los grandes ensayos clínicos no demostraron beneficios preventivos generalizados mediante la administración de dosis adicionales a personas sanas.
El consumo excesivo también representa un riesgo. Debido a que se trata de una vitamina liposoluble, las dosis elevadas pueden producir acumulación y ocasionar hipercalcemia, cálculos renales y otras complicaciones.
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