Ocho años después del asesinato de Jorge Vicente Pereyra, ayer comenzó el juicio por jurados que buscará determinar quién fue responsable del crimen del zapatero de La Loma. Sofía Magdalena Pantoja, esposa de la víctima y madre de sus tres hijos, está acusada de haberlo asesinado y enfrenta una imputación que podría derivar en una condena a prisión perpetua.
El debate se desarrolla bajo la presidencia del juez Hernán Decastelli, miembro del Tribunal Oral en lo Criminal 1 de La Plata, con un jurado popular encargado de analizar las pruebas y escuchar a los testigos y peritos convocados.
Pantoja está imputada por “homicidio triplemente calificado por el vínculo, por haber sido perpetrado con alevosía y por codicia”.
Pero detrás del expediente hay una historia familiar que quedó profundamente quebrada después del crimen. Pereyra y Pantoja tuvieron tres hijos: dos mujeres y un varón. Con el paso de los años, la causa judicial terminó exponiendo una fractura entre los integrantes de esa familia que ahora quedará plasmada durante el juicio.
Las dos hijas de la pareja fueron aceptadas como particulares damnificadas y sostienen una postura contundente: consideran que su madre es responsable del asesinato de su padre. La situación del hijo varón es completamente diferente y constituye uno de los puntos que genera mayor expectativa dentro del juicio. El hombre fue incluido entre los 30 testigos convocados para el debate y fue propuesto por la defensa de Pantoja. Su declaración tendrá un peso particular porque sostiene la inocencia de su madre.
La fractura familiar no quedó solamente expuesta por las posiciones enfrentadas de los hijos. Una de las hijas también denunció haber recibido una amenaza, en un episodio que profundizó todavía más el temor y la tensión que atraviesa a la familia desde el crimen.
Según relató, en ese contexto se encontró con fotografías de su padre dentro de una caja y un animal muerto en su interior, una situación que fue denunciada y que para la familia constituyó un episodio especialmente perturbador. El hecho forma parte del contexto de temor que las hijas aseguran haber atravesado durante estos años. El crimen ocurrió en mayo de 2018, en la vivienda de 48 entre 19 y 20.
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