El Tedeum del 25 de Mayo volvió a convertirse en mucho más que una ceremonia religiosa para el gobierno de Javier Milei. Detrás de la postal institucional, la jornada dejó señales políticas, gestos internos y ausencias que en la Casa Rosada fueron leídas como parte de un momento delicado para el oficialismo. El acto en la Catedral Metropolitana funcionó como escenario de una puesta en escena cuidadosamente observada por el círculo libertario, en medio de semanas atravesadas por tensiones internas, disputas de poder y el creciente impacto político del caso que involucra a Manuel Adorni.
La imagen que concentró la atención fue el abrazo entre el Presidente, Karina Milei, Patricia Bullrich y Martín Menem. El gesto apareció como una señal de contención política en un contexto donde las diferencias dentro del oficialismo ya dejaron de ser un rumor de pasillo para convertirse en una tensión visible. La escena tuvo peso propio porque reunió, en una misma imagen, a dirigentes atravesados por disputas recientes y sospechas cruzadas dentro del esquema de poder libertario.
El papel de Adorni en el Tedeum
En ese contexto, la presencia de Adorni también adquirió una dimensión especial. El vocero presidencial atraviesa semanas incómodas a raíz de la demora en la presentación de documentación patrimonial, un tema que comenzó a generar ruido interno en el Gobierno y preocupación en distintos despachos oficiales. Según trascendió en el entorno libertario, el Presidente decidió sostenerlo políticamente y evitar cualquier señal de desplazamiento, aun cuando el tema ya impacta sobre uno de los pilares discursivos más importantes del oficialismo: la idea de transparencia y diferenciación respecto de la vieja política.
Por eso, que Adorni se mostrara en primera línea durante la jornada no fue un dato menor. En el oficialismo interpretan que cada aparición pública del vocero funciona como una ratificación del respaldo presidencial. La estrategia de blindaje político se mantiene intacta, pese a que incluso dentro del gabinete comenzaron a aparecer incomodidades sobre cómo administrar la crisis.
Patricia Bullrich, expuesta
La situación dejó particularmente expuesta a Bullrich. La ministra había reclamado públicamente que Adorni presentara “de inmediato” su situación patrimonial, una postura que generó incomodidad dentro del núcleo más duro del Gobierno. En los días previos circularon versiones sobre un supuesto corrimiento impulsado por Karina Milei, aunque finalmente Bullrich no sólo participó de la jornada sino que quedó incluida dentro de la foto política más importante del día.
Ese abrazo, leído puertas adentro como una señal de tregua, buscó transmitir la idea de un oficialismo todavía cohesionado. Sin embargo, detrás de la imagen persisten las disputas que atraviesan al poder libertario. La más visible es la tensión entre Santiago Caputo y Martín Menem, una interna que escaló en los últimos días y obligó incluso a la intervención directa del Presidente para intentar bajar el nivel de confrontación.
La pelea entre ambos sectores expuso una dificultad creciente del Gobierno para ordenar su funcionamiento político interno. La relación entre Karina Milei y Santiago Caputo, dos de los principales vértices de poder dentro de La Libertad Avanza, también atraviesa un evidente enfriamiento desde hace meses. Por eso, dentro del oficialismo comenzaron a circular versiones sobre una posible reunión entre ambos como gesto de recomposición política. Aunque cerca del asesor presidencial relativizaron esa posibilidad, el solo rumor dejó en evidencia el nivel de preocupación interna.
Lo que pegaron el faltazo
El Tedeum también dejó ausencias que fueron observadas con atención. En medio de una etapa donde cada movimiento dentro del gabinete adquiere lectura política, la falta de algunos ministros alimentó especulaciones sobre el verdadero estado de situación dentro del Gobierno. La ceremonia funcionó así como un termómetro del equilibrio interno que intenta sostener Milei mientras busca volver a concentrar la agenda pública en la economía y los indicadores favorables que exhibe el oficialismo.
En Balcarce 50 consideran que la desaceleración inflacionaria y la baja de la pobreza siguen siendo los principales activos del Gobierno. Pero al mismo tiempo reconocen que las internas comenzaron a ocupar demasiado espacio dentro de la conversación política y mediática. La preocupación no pasa solamente por el desgaste comunicacional, sino por el riesgo de que las disputas terminen afectando la construcción de autoridad presidencial.
¿Villarruel no fue invitada?
La ceremonia religiosa también quedó atravesada por otro dato político: la ruptura total con Victoria Villarruel. Según trascendió, la vicepresidenta no fue invitada al Tedeum, consolidando así un distanciamiento que el Gobierno ya ni siquiera intenta disimular. La ausencia de Villarruel terminó reforzando la idea de un oficialismo cada vez más cerrado sobre el núcleo duro que rodea al Presidente.
En paralelo, la Casa Rosada siguió con atención el mensaje del arzobispo Jorge García Cuerva. En el entorno presidencial esperaban una homilía crítica frente al deterioro social, aunque también confiaban en que aparecieran referencias vinculadas a la baja de la pobreza, uno de los argumentos que el oficialismo busca instalar con fuerza en las últimas semanas.
La relación con la Iglesia atraviesa además una etapa de recomposición institucional después de reuniones recientes entre representantes eclesiásticos y funcionarios nacionales. Todo ocurre mientras crecen las versiones sobre una eventual visita del papa León XIV a la Argentina en noviembre, un escenario que el Gobierno sigue con especial atención por el impacto político y simbólico que podría generar.
Una foto de unidad
Detrás de las fotos, los abrazos y las señales de unidad, el Tedeum dejó expuesto un dato central: el oficialismo atraviesa una etapa donde necesita ordenar su dinámica interna para evitar que las tensiones terminen erosionando el capital político construido alrededor de Milei. La imagen de cohesión que el Gobierno intentó mostrar durante la ceremonia convive con un escenario donde las diferencias internas, las disputas de poder y el caso Adorni siguen abiertos.
El desafío para el Presidente no pasa solamente por sostener el control de la agenda económica, sino también por administrar una estructura política que, pese a los intentos de blindaje y disciplina, vuelve a mostrar fisuras cada vez más visibles.
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