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La magia de Alejandro Dumas: el escritor que puede hacer que un chico se enamore de los libros

Aventuras, duelos, amistad, misterio, viajes y personajes inolvidables convierten al autor de clásicos en una puerta de entrada posible al mundo de los libros. Las múltiples razones para entender por qué su literatura es ideal en la infancia (y en cualquier momento)

Dumas fue un escritor curioso, cuya prosa nace del contacto con historias reales y el teatro / Web
Ilustración de la edición Appleton, de 1894 / Web

Por Redacción

Hay una pregunta que aparece cada vez que se habla de chicos y lectura: ¿por dónde empezar? La respuesta suele buscarse en las listas de libros que deberían leer, en los clásicos que forman parte de la historia de la literatura o en aquellos títulos que los adultos consideran imprescindibles. Pero quizá el punto de partida tenga que ser otro. No preguntarse qué libro debería leer un chico, sino qué historia puede conseguir que tenga ganas de pasar la página. Ahí, en la ecuación, aparece Alejandro Dumas.

No porque sea necesario convertirlo en “el mejor escritor” para chicos, ni porque sus novelas sean exclusivamente infantiles. Dumas escribió para un público mucho más amplio y construyó una obra enorme, que abarca novelas históricas, aventuras, teatro, artículos y libros de viajes. Sus trabajos suman casi 100.000 páginas y sus obras fueron traducidas a casi un centenar de idiomas. Entre sus títulos más conocidos están “Los tres mosqueteros”, “El conde de Montecristo”, “Veinte años después”, “El vizconde de Bragelonne”, “El tulipán negro” y “La reina Margot”.

La literatura de Dumas es popular, ágil y pensada para atrapar a un público de diferentes edades

Lo que hace especialmente atractivo a Dumas para quien todavía no encontró el placer de leer es algo menos solemne: sus historias quieren que el lector sepa qué va a pasar después.

Hay viajes, peleas, persecuciones, secretos, traiciones, amistades, romances, venganzas y personajes que entran en escena con objetivos concretos. Hay también una estructura narrativa que no necesita demasiadas explicaciones para poner en marcha una historia. Un joven llega a París, conoce a tres hombres, se mete en problemas y, casi sin darse cuenta, queda involucrado en una trama mucho más grande que él. Eso es “Los tres mosqueteros”.

Y puede ser suficiente.

PRIMERO LA HISTORIA, DESPUÉS EL CLÁSICO

Existe una idea bastante instalada según la cual acercar a un chico a la literatura consiste en ofrecerle libros considerados importantes. Pero un clásico puede convertirse rápidamente en una obligación si el lector todavía no descubrió por qué leer puede ser divertido.

Dumas ofrece otra posibilidad: entrar a la literatura por la aventura. “Los tres mosqueteros” tiene, además, un elemento que puede resultar especialmente potente para lectores jóvenes: la amistad entre sus personajes. Athos, orthos, Aramis y d’Artagnan no son iguales. Cada uno tiene su personalidad y, dentro de la historia, representan distintas virtudes: la valentía, la nobleza de espíritu, la fuerza y la inteligencia.

Sus personajes exceden las páginas: logran ser imágenes que el lector imagina por fuera del libro

Eso permite que la novela no dependa solamente de la acción. Hay personajes con los que identificarse, otros que admirar y otros que rechazar. Hay conflictos morales, pero aparecen dentro de una historia que avanza. Dumas entendía algo fundamental: una novela necesita contar.

Su literatura histórica no buscaba funcionar como un manual de historia. El material histórico podía estar allí, pero era transformado en una narración de aventuras. El resultado fue una literatura popular, ágil y pensada para atrapar a un público amplio. Muchas de sus novelas fueron publicadas en entregas de periódicos, una forma de circulación que ayudó a construir ese efecto de continuidad: terminar una parte y querer saber qué sucedía en la siguiente.

En cierto sentido, esa lógica todavía funciona. Un chico que no lee no necesariamente necesita que le expliquen por qué la literatura es importante. Puede necesitar, antes que nada, una historia que le interese.

D’ARTAGNAN: EL PERSONAJE QUE SOBREVIVIÓ A SU PROPIO AUTOR

El caso de d’Artagnan permite entender mejor la capacidad de Dumas para transformar una historia en un mito.

Sus personajes se transforman en imágenes que el lector puede llevarse afuera del libro

El personaje no salió completamente de la imaginación del escritor. Existió un soldado francés llamado Charles de Batz de Castelmore, conocido como d’Artagnan, que sirvió como mosquetero durante el reinado de Luis XIV y murió en 1673 durante el sitio de Maastricht. Dumas tomó algunos elementos de esa vida y construyó otra cosa.

El d’Artagnan de la novela es más grande que el hombre histórico. Tiene una personalidad definida, amigos inseparables, enemigos, aventuras y una identidad que quedó asociada para siempre con una frase: “Todos para uno, uno para todos”.

Ahí está una de las razones por las que Dumas puede ser una buena puerta de entrada a la literatura. Sus personajes no parecen existir solamente dentro de las páginas. Se transforman en imágenes que el lector puede llevarse afuera del libro.

Un chico puede no saber quién fue Luis XIV, qué fue el sitio de Maastricht o cómo funcionaba la Francia del siglo XVII. Puede no conocer la historia del romanticismo francés ni tener interés por la novela histórica. Pero puede entender perfectamente qué significa tener un amigo al que no se abandona, enfrentarse a alguien que quiere hacer daño, emprender un viaje o meterse en una aventura que se vuelve cada vez más peligrosa.

La historia hace el trabajo que la explicación no siempre consigue. Y una vez que el lector entra por ahí, puede aparecer el resto.

No hace falta que un chico lea todo Dumas. Tampoco que empiece por una edición completa y extensa de una novela del siglo XIX. Una adaptación, una edición abreviada o una versión ilustrada pueden funcionar como primer contacto. Lo importante es que esa primera experiencia no sea vivida como una tarea.

Porque la lectura también se aprende por deseo.

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