El diagnóstico de cáncer de mama suele inaugurar un recorrido marcado por consultas, estudios, tratamientos y decisiones médicas. La preocupación inicial está puesta en la enfermedad, en las posibilidades de curación y en los pasos necesarios para superarla. Sin embargo, a medida que avanza el proceso, aparecen otras inquietudes que no siempre encuentran un lugar en el consultorio: cómo convivir con los cambios físicos, qué sucede con la intimidad, cómo recuperar la relación con el propio cuerpo o de qué manera afrontar las consecuencias emocionales de una mastectomía o una quimioterapia.
Son preguntas que no necesariamente tienen una respuesta médica y que, sin embargo, forman parte de la experiencia de atravesar un cáncer. En muchos casos, tampoco encuentran un ámbito específico donde puedan ser compartidas con otras mujeres que estén pasando por situaciones similares.
A partir de esa necesidad, la psicóloga Paola Micucci, junto con su colega María Carolina Rapán -ambas platenses, impulsó Voces en Rosa, un espacio destinado a mujeres que transitan o han transitado la enfermedad. La propuesta tendrá su primera edición durante octubre, con cuatro encuentros en City Bell, en los que se abordarán cuestiones emocionales, cotidianas y vinculadas con el bienestar.
La iniciativa tiene un origen personal. Hace nueve años, Micucci recibió un diagnóstico de cáncer de mama y, durante su propio tratamiento, advirtió que había aspectos de la enfermedad que quedaban por fuera de la atención médica. Con el paso del tiempo, comenzó a recibir consultas de otras mujeres que, a través de conocidas o amigas, se acercaban con temores, preguntas e incertidumbres.
La posibilidad de ayudarlas fue dando forma a una idea que ahora se concreta en Voces en Rosa. En diálogo con EL DIA, dice: “Durante mi enfermedad noté que no existía un espacio que no fuera el tratamiento específicamente médico donde uno pudiera sentirse contenido y volcar estas dudas y cambios que tienen que ver más con lo cotidiano”.
Para la psicóloga, el acompañamiento resulta necesario porque la enfermedad no se limita a sus manifestaciones físicas. Incluso cuando el tratamiento avanza favorablemente, las transformaciones en la vida de las pacientes pueden tener un impacto emocional significativo. La recuperación, en ese sentido, no se agota en los resultados de los estudios ni en el final de las intervenciones médicas.
Se trata de preocupaciones que muchas veces quedan relegadas frente a la urgencia de curarse, pero que pueden condicionar la vida diaria y el modo en que cada mujer se relaciona consigo misma y con los demás.
DESPUÉS DEL DIAGNÓSTICO
Uno de los aspectos que busca abordar Voces en Rosa es el impacto subjetivo de los cambios físicos que acompañan a los tratamientos. La caída del cabello, las modificaciones en la piel, la pérdida de las cejas y las pestañas o los efectos de una intervención quirúrgica pueden alterar la imagen que una mujer tiene de sí misma.
En el caso de una mastectomía, la extracción de una o ambas mamas supone, además de una intervención sobre el cuerpo, una transformación que puede repercutir en la autoestima, la intimidad y la sexualidad. La relación con el espejo, la posibilidad de volver a sentirse cómoda con la propia imagen o el momento de reencontrarse con una pareja son algunas de las cuestiones que pueden surgir durante el proceso.
“Son cambios a la fuerza”, resume Micucci. Y aunque cada experiencia es diferente, considera que existen preocupaciones compartidas por muchas pacientes, que necesitan ser escuchadas sin ser minimizadas.
El acompañamiento es necesario porque la enfermedad no solo se manifiesta en lo físico
La psicóloga menciona, por ejemplo, una pregunta aparentemente sencilla: qué malla usar durante el verano cuando una mujer atravesó una mastectomía y todavía no se realizó una reconstrucción mamaria. Detrás de esa inquietud, que podría parecer menor frente a la dimensión de la enfermedad, aparece una dificultad concreta para desenvolverse en situaciones cotidianas.
También están las dudas sobre la reconstrucción mamaria. Micucci cuenta que recibió consultas de mujeres que estaban por someterse a la cirugía y querían saber cómo quedaba el resultado, si dolía o cómo era la recuperación. Son interrogantes que pueden encontrar una respuesta técnica en el equipo médico, pero que también requieren conocer la experiencia de alguien que ya pasó por esa intervención.
Desde su experiencia, Micucci plantea que es necesario atender esas dimensiones sin establecer una jerarquía que coloque lo emocional en un segundo plano. “Es tan importante el aspecto físico como el emocional. Somos seres humanos, no somos solamente un sujeto de la medicina”, afirma.
En ese sentido, el acompañamiento psicológico no pretende reemplazar el tratamiento médico ni intervenir en las decisiones clínicas. Busca, en cambio, ofrecer un espacio para abordar aquello que sucede alrededor de la enfermedad y que también forma parte de su recorrido.
La propuesta contempla, además, que cada mujer tiene una historia y una manera particular de atravesar el cáncer. No todas experimentan los mismos cambios ni necesitan las mismas respuestas.
LO COLECTIVO
La dimensión colectiva es uno de los ejes de Voces en Rosa. Aunque la atención psicológica individual puede ofrecer herramientas para afrontar el proceso, Micucci considera que el intercambio con otras mujeres que atravesaron situaciones similares permite encontrar una forma de acompañamiento diferente.
Escuchar a alguien que pasó por una mastectomía, que realizó quimioterapia o que tuvo que afrontar las consecuencias de la enfermedad en su vida cotidiana puede ayudar a reconocer como legítimas preocupaciones que, en soledad, podrían parecer insignificantes. En ese contexto, compartir las experiencias permite advertir que hay temores y dificultades que no son necesariamente excepcionales.
La posibilidad de poner en palabras lo que sucede y escuchar a otras mujeres también puede contribuir a reducir la sensación de aislamiento. No se trata de que todas hayan vivido lo mismo, sino de encontrar puntos de contacto entre historias diferentes y construir un espacio en el que las inquietudes puedan expresarse sin tener que justificarlas.
Para Micucci, esa escucha tiene una particularidad cuando proviene de alguien que atravesó la enfermedad. Su formación como psicóloga le permite aportar herramientas profesionales, pero considera que su experiencia personal también modifica la manera de acompañar.
La propuesta no se plantea como un tratamiento psicológico grupal convencional, sino como un espacio de intercambio y contención en el que la experiencia de cada participante pueda tener lugar. Por eso, los encuentros tendrán un cupo máximo de 15 mujeres. La intención es preservar un ámbito de intimidad que permita conversar sobre cuestiones personales sin que la actividad se convierta en una convocatoria masiva.
La propia historia de Micucci también explica la importancia que le asigna a ese intercambio. Después de atravesar la enfermedad, comenzó a recibir mensajes de mujeres que buscaban orientación y que, en muchos casos, necesitaban hablar con alguien que conociera de primera mano las distintas etapas del tratamiento.
LA INFORMACIÓN QUE FALTA
Otro de los aspectos que atraviesa la iniciativa es la dificultad para acceder a información sobre las consecuencias cotidianas del cáncer de mama. No se trata necesariamente de desconocer cuestiones médicas, sino de encontrar respuestas para situaciones concretas que aparecen durante y después de los tratamientos.
Micucci considera que existe una demanda que no siempre puede ser atendida en el ámbito sanitario. Los profesionales de la salud tienen que concentrarse en el diagnóstico, los tratamientos y el seguimiento de la enfermedad. Aunque puedan reconocer la importancia de las necesidades emocionales y prácticas de sus pacientes, no siempre cuentan con el tiempo necesario para abordarlas.
En este marco, los encuentros buscan complementar la atención sanitaria con información y herramientas para afrontar situaciones que pueden aparecer en distintas etapas de la enfermedad. Para ello, además de la participación de Micucci y Rapán, se convocó a mujeres especializadas en las temáticas previstas para cada jornada.
La propuesta incluye, entre otros temas, la reconstrucción mamaria, el cuidado de la piel, el maquillaje terapéutico y el reiki. También se abordará el uso de cascos fríos, una alternativa a la que recurren algunas mujeres durante la quimioterapia para intentar reducir la caída del cabello.
La intención es que las participantes puedan acercarse a distintas experiencias y conocer recursos que contribuyan a transitar el proceso. En todos los casos, estos contenidos se presentan como complementarios y no sustituyen las indicaciones de los equipos médicos.
Lo cierto es que el cáncer de mama no termina en el consultorio ni en la finalización de un tratamiento. Sus efectos pueden continuar presentes en la vida cotidiana, en la relación con el cuerpo, en los vínculos y en la manera de proyectar el futuro.
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