❑ Moverse regularmente. Evitar períodos prolongados de inactividad y encontrar actividades que puedan sostenerse en el tiempo.
❑ Incorporar ejercicios de fuerza. Siempre adaptados a las posibilidades individuales y con una progresión adecuada.
❑ Trabajar el equilibrio y la movilidad. Son capacidades fundamentales para desenvolverse con seguridad en la vida cotidiana.
❑ Cuidar la alimentación. Incluir fuentes de proteínas dentro de una dieta variada, suficiente y adecuada a las necesidades personales.
❑ Consultar antes de empezar. Ante enfermedades previas, limitaciones físicas o períodos prolongados de sedentarismo, una evaluación profesional permite encontrar la actividad más apropiada.
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