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“Coppola, el representante”: humor, ficción y una nueva mirada sobre Guillermo Coppola

Ariel Winograd habló de la segunda temporada de la serie que cuenta las aventuras de uno de los personajes más llamativos de la farándula y el fútbol argento. En diálogo con EL DIA, el director reveló detalles de la ficción que ya puede verse en Disney+
Más irreverente que nunca, la serie muestra a un Coppola desatado
Juan Minujín durante la filmación en Nápoles
Minujín atraviesa distintas etapas en la vida del representante

Por VANESA ODINA

Veloz, irreverente y sin tapujos, “Coppola, el representante”, la serie dirigida por Ariel Winograd, estrenó su segunda temporada en Disney+ y ya es un fenómeno del streaming.

La producción, creada por Mariano Cohn y Gastón Duprat y escrita por Emanuel Diez, pone en escena a uno de los hombres más influyentes del mundo del fútbol y la farándula vernácula: Guillermo Coppola, una persona que en esta serie se vuelve personaje de la mano de Juan Minujín, convirtiéndose en un ícono que camina entre la fantasía y el mundo real.

Más exacerbado que nunca, la serie retoma los relatos del propio Guillermo y los eleva en una segunda temporada en donde se permitieron de todo. “Es que en verdad los desatados éramos nosotros. Estábamos como perros enjaulados, deseando y soñando poder seguir explorando el personaje”, reconoció Winograd en diálogo con EL DIA.

“Uno nunca piensa en temporada dos, entonces fue como que había que construirlo, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo será? ¿Cómo se va a ver? La exposición, Juan, no hagamos una imitación, construyamos el personaje. Todas las respuestas que nos dio la temporada uno nos permitió también jugar mucho más, darle más tridimensionalidad y apropiarnos nosotros un poco más del personaje, de abrirlo, de crear un ‘súper Coppola’. Dijimos: ‘Bueno, vuela en su mente’, y por eso es un tipo que es nuestro superhéroe”, admitió el director.

“Juan estaba on fire y verlo así motivó a jugar, a ver hasta dónde está el límite”, dijo Winograd

Para Winograd, la posibilidad de hacer esta segunda temporada le permitió transitar al personaje de una forma distinta: “Como ya viste esa faceta, te dan ganas de explorar otras y surgen estas cosas también en ese sentido de jugar más y Juan, la verdad, que yo no tengo más que palabras de admiración, agradecimiento. Es alguien que quiero y admiro mucho y estaba on fire. Verlo a él también así te motiva a jugar, a ver hasta dónde está el límite. En esa construcción del personaje, nos pusimos a pensar: ‘¿Qué le pasa a este tipo en otras situaciones?’”, agregó.

LAS MIL CARAS DE COPPOLA

La segunda temporada abarca distintos momentos en la vida del representante, pasando desde su juventud, hasta años más cercanos, como 2020 tras la muerte de Diego Maradona. Esto no sólo implicó armar diferentes escenarios y locaciones, sino que además un gran esfuerzo de caracterización para que Juan Minujín se asemeje más a un Coppola actual.

“Inclusive, a diferencia de la temporada uno, en esta, Juan también hace el Coppola joven, que en la entrega previa lo hacía Santi Bande; y también están las cinco horas de caracterización para hacer el Coppola actual, que obviamente atrás hay un tremendo equipo de maquillaje liderado por Loli Giménez, quien empezó a investigar y encontró que en España estaba Tonio, un especialista en ese tipo de makeup. Juan justo estaba en allá, entonces en un 31 de diciembre, se hizo una prueba de máscara para hacerle el molde”, recordó el director.

EL JUEGO DE ROMPER LA CUARTA PARED

La segunda temporada de “Coppola, el representante” redobla la apuesta por el humor y la parodia, pero también se anima a jugar con los límites entre la ficción y la realidad. En uno de sus episodios, la serie decide mostrar su propio detrás de escena y convierte a quienes están detrás de cámara en parte de la historia. Para Ariel Winograd, la idea surgió de la libertad con la que Guillermo Coppola les permitió contar su vida.

Coppola atraviesa los cambios en su vida sin renegar de su historia ni exponer a los que ama

“Guillermo a nosotros nos dio una hoja en blanco y nos dijo: ‘Hagan lo que quieran’”, contó el cineasta, al explicar cómo nació esta propuesta. A partir de esa confianza, el equipo decidió exponerse y trasladar a la ficción algunas de las dificultades, los imprevistos y las situaciones absurdas que atravesaron durante el rodaje.

“Si Coppola juega con su personaje, juguemos también nosotros, expongámonos nosotros dentro de esta ficción y contemos lo que sería la serie de Coppola y cómo se hizo”, explicó el director. De esta manera, la serie se ríe de sí misma y transforma los problemas habituales de un rodaje en parte del relato que acompaña a la ficción.

Para Winograd, esta libertad de acción también funcionó como un cierre circular respecto de la primera temporada. Si aquella entrega se centraba en contar la historia de Guillermo con humor y parodia, esta nueva etapa lleva ese juego un paso más allá: el protagonista no solo vive sus propias aventuras, sino que también termina haciéndose cargo de la serie que cuenta su vida.

“Es como un círculo perfecto, de alguna manera, porque en la primera es contar la historia de él con todas las libertades que se pueda. En esta es como todo más al palo, muy fuerte”, señaló.

Ese ritmo acelerado también se vincula con las dificultades concretas de la producción. Las locaciones que no se consiguen, los cambios de planes y la necesidad de resolver sobre la marcha se incorporan a la trama, hasta convertir al propio Coppola en quien debe encontrar una salida. El guiño se completa en los créditos, donde se le atribuyen al personaje las tareas de dirección, guion, producción y actuación.

“Nos parecía como un guiño muy lindo también, de decir: Guillermo a nosotros nos dio una hoja en blanco”, sostuvo Winograd, quien destacó además que Juan Minujín aceptó de inmediato el juego de interpretar una versión de sí mismo expuesta al ridículo.

De esta manera, la segunda entrega amplía su universo humorístico y convierte las limitaciones de la industria audiovisual en material narrativo. Con el propio equipo como parte de la parodia, la serie se permite reírse de sus mecanismos y de quienes la hacen, mientras Guillermo Coppola queda, incluso dentro de la ficción, con la última palabra.

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