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Dormir con perros y gatos ¿sí o no?: entre el consuelo emocional y los cuidados para la salud

La práctica puede aportar compañía, disminuir el estrés y reforzar el vínculo afectivo, pero también plantea interrogantes sobre la calidad del sueño, la higiene y el riesgo de enfermedades. Qué conviene tener en cuenta antes de decidir

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especialistas advierten que el contacto físico con perros y gatos puede disminuir la ansiedad / freepik

Por Redacción

Dormir con un perro o un gato dejó de ser una rareza para convertirse en una escena cotidiana en millones de hogares. Para muchos, la mascota es un integrante más de la familia y, como tal, tiene un lugar reservado al pie de la cama o incluso bajo las sábanas. Esa cercanía ofrece una sensación de compañía que resulta reconfortante después de un día largo, especialmente para quienes viven solos o atraviesan momentos de estrés. Sin embargo, detrás de ese gesto de afecto también aparecen preguntas: ¿es realmente saludable? ¿Puede afectar el descanso? ¿Existe riesgo de contraer enfermedades?

La respuesta no es un sí o un no rotundo. Los especialistas en medicina del sueño, veterinaria y comportamiento animal coinciden en que se trata de una práctica cuyos efectos dependen tanto de las características de la persona como del estado sanitario del animal. En otras palabras, compartir la cama con una mascota no representa el mismo escenario para un adulto sano que para una persona inmunosuprimida, con alergias o con problemas importantes para dormir.

La costumbre, además, está lejos de ser excepcional. En Estados Unidos, más de la mitad de los dueños de animales de compañía duerme junto a ellos, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. En Argentina, donde alrededor de ocho de cada diez hogares conviven con al menos una mascota, la escena también se repite con frecuencia.

Desde el punto de vista emocional, la convivencia nocturna tiene argumentos a favor. Especialistas en conducta animal sostienen que el contacto físico con perros y gatos puede disminuir la ansiedad y generar una sensación de protección y calma. Investigaciones realizadas en la Universidad Estatal de Washington mostraron, incluso, que acariciar un perro o un gato durante apenas diez minutos reduce los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés. Esa respuesta fisiológica ayuda a explicar por qué muchas personas dicen dormir más tranquilas cuando sienten la respiración o el calor corporal de su mascota cerca.

Algunos trabajos científicos también describen beneficios subjetivos, como despertarse de mejor humor, experimentar menor sensación de soledad o encontrar un apoyo emocional frente a situaciones difíciles. Incluso, en determinados casos, los perros entrenados pueden colaborar con personas que padecen pesadillas o trastorno por estrés postraumático.

Pero el panorama cambia cuando se analiza la calidad objetiva del sueño. Especialistas en higiene del sueño advierten que los movimientos del animal, los cambios de postura, los ronquidos, los ladridos o los maullidos nocturnos pueden provocar microdespertares que muchas veces pasan inadvertidos. Aunque el dueño crea haber descansado bien, el sueño puede haber sido más fragmentado y menos reparador.

Los ciclos biológicos de las mascotas tampoco coinciden completamente con los de las personas. Perros y gatos suelen despertarse con facilidad durante la madrugada o al amanecer, ya sea por estímulos externos o porque asocian esas horas con el paseo o la comida. Además, su temperatura corporal, superior a la humana, puede aumentar la sensación de calor durante la noche, especialmente en verano o en habitaciones poco ventiladas.

Otro aspecto que suele generar preocupación es la higiene. Los veterinarios recuerdan que perros y gatos pueden transportar bacterias, hongos o parásitos adquiridos durante sus paseos o en el contacto con otros animales. Aunque el riesgo para una persona sana es considerado bajo, no desaparece por completo. Pulgas, garrapatas, algunos parásitos intestinales o enfermedades como la tiña forman parte de los problemas que pueden transmitirse si no existe un adecuado control sanitario.

Por eso, los especialistas coinciden en que la decisión no debería tomarse únicamente desde el afecto. Mantener al día las vacunas, la desparasitación y los controles veterinarios resulta indispensable. También recomiendan reforzar la higiene del hogar, lavar con frecuencia la ropa de cama y cepillar regularmente el pelaje de los animales para disminuir la acumulación de pelos y microorganismos.

En definitiva, dormir con una mascota no parece ser una práctica que deba prohibirse de manera generalizada. Para muchas personas, los beneficios emocionales compensan las posibles molestias. Sin embargo, cuando aparecen problemas de sueño, alergias, enfermedades que comprometen el sistema inmunológico o dificultades respiratorias, conviene replantear el hábito y consultar con profesionales. Como ocurre con tantos aspectos del bienestar, la clave está en encontrar un equilibrio entre el cariño por los animales y el cuidado de la propia salud.

Desde el punto de vista emocional, la convivencia nocturna tiene argumentos a favor

Especialistas coinciden en que se trata de una práctica cuyos efectos dependen tanto de las características de la persona como del estado sanitario del animal

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