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El té, mucho más que una infusión: una tradición milenaria que se reinventa y atrae a un público más joven

De las ceremonias japonesas a los modernos bubble tea, esta bebida atraviesa generaciones y conquista nuevos espacios. Sus variedades, propiedades antioxidantes y posibles beneficios para la salud explican parte de un fenómeno que también crece en las cafeterías y pastelerías de La Plata

La infusión atraviesa una etapa de renovación / Freepik
Es un complemento ideal en cafeterías locales / Freepik
Su difusión en redes sociales lo acercó al público joven / Freepik

Por Redacción

Hay bebidas que acompañan una época y otras que atraviesan siglos. El té pertenece a estas últimas. Se toma caliente o frío, solo o con leche, en una taza de porcelana o en un vaso lleno de hielo y pequeñas perlas de tapioca. Puede formar parte de una ceremonia tradicional japonesa, acompañar una comida familiar o convertirse en el protagonista de una tarde entre amigos.

Aunque sus orígenes se remontan a miles de años atrás en China, el té atraviesa un presente de renovación. A los clásicos negro, verde y blanco se suman nuevas combinaciones con flores, frutas y especias, variedades de origen cuidadosamente seleccionadas y preparaciones que despiertan curiosidad entre consumidores de diferentes edades.

En La Plata, esta transformación también se hace visible. Las cafeterías ya no ofrecen únicamente café: muchas incorporan cartas de té, hebras seleccionadas y blends propios. Las pastelerías encuentran en esta bebida un complemento para sus especialidades y las tardes de té se consolidan como encuentros gastronómicos que recuperan el placer de compartir la mesa.

Pero detrás de aromas, colores y rituales aparece otra pregunta: ¿qué beneficios puede aportar realmente el té a nuestra salud?

Reinventarse

Para Ana Clara, de 30 años, descendiente de una familia japonesa, el té nunca fue una moda. Es parte de su historia familiar y de una costumbre que atraviesa generaciones.

“En mi casa siempre se tomó té, no solamente en el desayuno o la merienda. Muchas veces almorzamos y cenamos acompañando la comida con té verde. Es algo que aprendí de mis abuelos y que seguimos haciendo porque nos gusta, nos hace sentir bien y siempre lo relacionamos con una forma saludable de alimentarnos”, cuenta.

Esa presencia cotidiana ayuda a comprender el lugar que ocupa la bebida en numerosas culturas asiáticas. En Japón, la ceremonia del té representa mucho más que una preparación: está vinculada con la hospitalidad, la armonía, la atención y el respeto por los pequeños gestos.

El escritor y pensador japonés Kakuzō Okakura dedicó a esa dimensión cultural su célebre libro El libro del té, publicado originalmente en 1906. Allí exploró la relación entre el té, la filosofía oriental y la búsqueda de belleza en las acciones cotidianas. Para Okakura, el ritual expresaba una manera de comprender la vida, mucho más allá del contenido de una taza.

Más de un siglo después, esa tradición convive con una industria que no deja de innovar. Una de sus expresiones más populares es el bubble tea, nacido en Taiwán durante la década de 1980 y convertido en un fenómeno internacional. Generalmente combina té, leche o sabores frutales con hielo y perlas de tapioca, aunque existen innumerables versiones.

Su atractivo visual, las posibilidades de personalización y su difusión en redes sociales lo acercaron especialmente al público joven. Incluso grandes cadenas asiáticas especializadas en estas bebidas avanzaron durante 2026 sobre mercados sudamericanos, incluido Brasil.

En paralelo, el matcha —té verde japonés finamente molido— se convirtió en protagonista de lattes, postres, helados y preparaciones de pastelería. Y los blends artesanales ofrecen combinaciones de té con jazmín, cítricos, pétalos de rosa, canela, jengibre y otras especias.

La variedad también modificó el modo de consumirlo. Cada vez hay más personas interesadas en conocer el origen de las hebras, sus métodos de elaboración, las temperaturas de infusión y las diferencias entre una variedad y otra.

Sus propiedades

Aunque solemos llamar té a numerosas infusiones, desde el punto de vista botánico el verdadero té proviene de una misma planta: Camellia sinensis. De ella se obtienen las variedades verde, negro, blanco y oolong, diferenciadas principalmente por el procesamiento de sus hojas y el grado de oxidación.

“El té verde se somete a un tratamiento que limita la oxidación y conserva una importante proporción de catequinas, compuestos pertenecientes a la familia de los polifenoles. El negro atraviesa una oxidación más intensa, que transforma parte de esos compuestos y desarrolla sabores más robustos. El oolong presenta una oxidación intermedia, mientras que el blanco suele recibir un procesamiento mínimo”, explica la médica naturista Sandra Viale, de Villa Elisa.

Según el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de Estados Unidos, el té contiene polifenoles, cafeína y otros componentes que han despertado interés por sus posibles efectos sobre la salud.

“Los estudios sugieren que el consumo de té verde y negro podría contribuir modestamente a mejorar algunos factores de riesgo cardiovascular, como la presión arterial y determinados niveles de colesterol. Sin embargo, los resultados no permiten considerarlo un tratamiento ni asegurar que prevenga enfermedades por sí solo”, señala Viale.

Una investigación publicada en Annals of Internal Medicine en 2022, basada en datos de casi medio millón de participantes del UK Biobank británico, encontró que quienes consumían dos o más tazas diarias de té presentaban una mortalidad general entre un 9 y un 13 por ciento menor que quienes no lo bebían. La asociación se observó especialmente en una población donde predominaba el té negro.

Se trató, sin embargo, de un estudio observacional: sus resultados no demuestran que el té sea la causa directa de esa diferencia. Los hábitos alimentarios, el estilo de vida y otros factores también influyen.

El té verde, por su parte, ha sido investigado por sus catequinas y su potencial antioxidante. Pero conviene distinguir los efectos observados en laboratorio de los beneficios comprobados en personas. Tampoco existe evidencia suficiente para sostener que beber té verde produzca una pérdida de peso significativa.

Otra de sus características es la presencia de cafeína, que puede favorecer transitoriamente la atención y el estado de alerta. La cantidad varía según el tipo de té, la preparación y el tiempo de infusión. Por eso, quienes son sensibles a la cafeína o tienen dificultades para dormir deberían prestar atención a su consumo, especialmente durante la tarde y la noche.

En cuanto al matcha, al prepararse con la hoja molida que se incorpora a la bebida, puede aportar cantidades diferentes de determinados compuestos y cafeína. Pero su popularidad no significa que sea superior para todas las personas.

Y hay otra distinción importante: un té sin azúcar no tiene el mismo perfil nutricional que un bubble tea con jarabes, leche endulzada y agregados. Algunas de estas preparaciones pueden contener cantidades considerables de azúcares libres, por lo que conviene pensarlas como una elección gastronómica ocasional y no como una bebida saludable automáticamente.

Compartir, un ritual

No todos los beneficios asociados al té dependen exclusivamente de sus componentes químicos. Para muchas personas, prepararlo también representa una pausa, un momento de encuentro o una costumbre familiar. Tomás, papá de León y Bianca, mellizos de seis años, cuenta que en su casa las infusiones de hierbas forman parte de esos rituales desde que los chicos eran muy pequeños.

“Siempre me gustó preparar infusiones naturales en casa, con manzanilla y otras hierbas. Es una costumbre familiar que empezamos cuando eran bebés. Ahora, con seis años, les encanta participar, elegir una taza y sentarse a compartir ese momento. Yo siento que los calma, nos conecta y les hace bien”, relata.

Su experiencia introduce una aclaración importante: “la manzanilla, el poleo y otras hierbas no son té propiamente dicho. Además, que una preparación sea natural no significa que resulte inocua para niños pequeños. Algunas plantas, particularmente determinadas especies conocidas como poleo, pueden contener sustancias tóxicas. Las infusiones medicinales no deberían administrarse a bebés ni utilizarse habitualmente en niños sin consultar con su pediatra”, según detalla Viale.

“En los adultos, las infusiones sin cafeína pueden ofrecer una alternativa agradable para distintos momentos del día, aunque sus efectos dependen de la planta utilizada y no todas las propiedades atribuidas por la tradición cuentan con respaldo clínico”, agrega.

Quizás allí resida una parte de la permanencia del té: puede ser objeto de investigación científica, expresión cultural, tendencia gastronómica y costumbre doméstica al mismo tiempo.

En una ciudad como La Plata, donde las cafeterías, pastelerías y espacios de encuentro siguen multiplicando sus propuestas, una tarde de té puede ser una excusa para descubrir nuevos sabores y, sobre todo, para compartir tiempo.

Porque más allá de sus antioxidantes, sus variedades y las nuevas formas de preparación, el té conserva algo que ninguna tendencia parece modificar: la capacidad de reunir personas alrededor de una taza, generando una gran sensación de bienestar.

En La Plata, las cafeterías ya no ofrecen únicamente café: muchas incorporan cartas de té, hebras seleccionadas y blends propios

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