Para este adolescente, “farmear aura” tiene una explicación bastante sencilla: es una manera de divertirse con los amigos, mostrarse un poco y animarse a hacer cosas que, en otro contexto, quizás darían vergüenza.
Conoció el fenómeno hace poco más de dos meses y la posibilidad de participar de una batalla terminó de impulsarlo. La competencia fue, en cierto modo, un objetivo para prepararse: llegó a entrenar durante un día entero antes del encuentro porque quería llegar listo.
La motivación apareció al ver a otros jóvenes participar y disfrutar. La idea fue probar, pasarla bien y, si se podía, ganar. Finalmente no consiguió quedarse con la victoria, pero tampoco lo vivió como una derrota. “Me sentí con mucha aura”, resume, porque en este universo la experiencia parece pesar tanto como el resultado.
Incluso habló con su papá antes del evento para conseguir el disfraz que quería usar. La vestimenta también forma parte de la puesta en escena: no se trata solamente de bailar o hacer una pose, sino de construir un personaje y entrar en el juego.
La competencia, sin embargo, tuvo algún momento de provocación. En su caso, el rival intentó cancherear durante el cierre y lo cargó por su baja estatura. El episodio no alcanzó para transformar la batalla en una pelea, pero muestra que el desafío también tiene una dimensión de enfrentamiento y picardía.
A futuro imagina que las batallas pueden continuar y generar nuevas modas. Menciona incluso otras tendencias juveniles que circularon con fuerza y que hoy ya no tienen la misma presencia. Para él, el fenómeno todavía tiene recorrido.
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