Cuando aparecen piernas pesadas, hinchadas o doloridas, suele hablarse de manera general de “mala circulación”. Pero el término puede esconder problemas diferentes.
“Cuando hablamos de ‘mala circulación’ en realidad estamos utilizando un término muy general”, explica Ruiz Díaz. En las piernas, cuando aparecen pesadez, hinchazón, várices o cambios en la piel, muchas veces el origen está relacionado con el sistema venoso.
Insuficiencia venosa: ocurre cuando se dificulta el retorno de la sangre por las venas. Si las válvulas venosas no funcionan correctamente, puede aumentar la presión dentro del sistema y aparecer edema, pesadez, várices y cambios en la piel.
Linfedema: es un trastorno del sistema linfático que provoca una acumulación de líquido rico en proteínas en los tejidos debido a una alteración del transporte linfático.
Lipedema: es una enfermedad crónica del tejido adiposo que afecta principalmente a mujeres y suele producir una distribución desproporcionada, bilateral y simétrica del tejido adiposo en las piernas, frecuentemente acompañada de dolor y sensibilidad.
En el lipedema puede observarse que las piernas tienen un tamaño desproporcionado respecto del torso, mientras que los pies suelen quedar relativamente respetados, generando una transición marcada a la altura del tobillo. También pueden aparecer dolor, sensibilidad al tacto y facilidad para desarrollar hematomas. Pero “tener piernas grandes no significa automáticamente tener lipedema”: el diagnóstico requiere una evaluación clínica completa.
La especialista insiste en la importancia de escuchar la historia de cada paciente. Hay personas que durante años creen que es normal tener las piernas pesadas, que se hinchen al final del día o que una pierna sea más grande que la otra. “Muchos justifican la sintomatología con la edad”, cuenta.
Una señal de alerta: una hinchazón o dolor que aparece de manera brusca, especialmente cuando afecta principalmente una sola pierna, requiere una consulta médica rápida.
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