Enviado especial Río cuarto
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Ya está. Anticipadamente, Gimnasia ya logró los objetivos del semestre. Con la mira puesta en Belgrano y en lo que el destino de los playoffs depare, el equipo del Pata Pereyra estará en la definición del Clausura y volverá a jugar una copa internacional luego de cuatro años. No es poco para un grupo al que Nacho Fernández le elevó la vara pensar más allá de salvarse del descenso o mejorar el promedio.
Hay que analizar a este Lobo mucho más allá de la victoria ante Estudiantes de Río Cuarto. En el Candini tuvo errores defensivos que le complicaron un partido que parecía terminado a los 40 minutos del primer tiempo. Sin embargo, hay que mirar más allá de la actualidad. También en los números inmediatos, con tres victorias al hilo y un invicto de nueve fechas. El mayor mérito de Gimnasia es su convicción. Para jugar, para marcar, para pelear. Y si Nacho Fernández vive una segunda juventud y tira del carro, Nacho Miramón es el lugarteniente ideal para que el equipo crea. Auzmendi y Marcelo Torres le dan gol a un grupo de jugadores que no escatima esfuerzo en ningún momento del partido, más allá de limitaciones o errores que pueden complicar en 90 minutos, pero que a la hora de un balance global dan una cuenta netamente favorable.
Prolijo en el manejo de la pelota, paciente para buscar los espacios, Gimnasia fue más que el conjunto local, aunque le costó convertir ese predominio en situaciones de gol. Un centro de Lucas Janson que casi manda contra su arco uno de los centrales, un remate de Pedro Silva que se desvío en un defensor y una pelota que el Chelo Torres no alcanzó a definir fueron las aproximaciones triperas al arco de Herrera.
Más allá de alguna insinuación de la dupla Garnerone-Hesar, Estudiantes tuvo muchas dificultades para llevar peligro al arco de Castillo. El Lobo avisó con un tiro pibe frontal de Nacho Miramón que pasó pegado al caño derecho del arquero local y encontró la ventaja con una fórmula muy simple: centro picadito de Ignacio Fernández desde la izquierda y cabezazo de Marcelo Torres ajustado contra el poste para el 1 a 0 tripero.
Estudiantes buscó el empate con un disparo alto de Alanís y con una buena contra -el Lobo quedó mal parado en defensa- obligó a una gran atajada del arquero colombiano contra el propio Alanís. Una serie de desinteligencias defensivas pusieron en partido al local apenas pasada la media hora de juego, cuando Gimnasia perdió el control del juego.
Cuando parecía que había perdido el eje, el Lobo encontró la respuesta a todos los interrogantes en el mismo nombre de siempre: Nacho Fernández. Recuperó la pelota, condujo por el medio y sacó el zurdazo para el 2 a 0 y el beso a la imagen de Diego en el brazalete de capitán.
Ese 2 a 0 a los 40 minutos de la primera parte le aportó al Lobo la tranquilidad para encarar el resto del partido con el resultado que Gimnasia buscó en Río Cuarto: una ventaja temprana y amplia para poder manejar los tiempos del juego.
Nada de eso sucedió. En el complemento, Forestello buscó adelantar al equipo rompiendo el 5-3-2 con el ingreso de Siro Rosané. Una gran pelota de Nacho Fernández para Marcelo Torres casi termina en el tercer tanto albaizul, pero el arquero Herrera achicó a tiempo y después sus defensores sacaron la pelota en la línea.
Marcó mal Gimnasia en defensa, quedó mal parado, Garnerone metió una buena pelota para Hesar que, ante la salida de Castillo, tocó al costado para la definición de Alanís que puso el 2 a 1. Para peor, Alexis Steimbach estuvo al borde del penal, cometió una infracción de segunda amarilla y obligó al Lobo a jugar más de media hora con un hombre menos. El Pata Pereyra eligió poner a Pablo Aguiar por Lucas Janson para rearmar la linea de cuatro.
Un centro de Tomás González desde la derecha casi se le mete a Harlen Castillo. El equipo necesitaba variantes y el DT decidió los ingresos de Facundo Di Biasi en lugar de Auzmendi y Matías Melluso por Silva Torrejón, amonestado. Con un 4-4-1, el Tripero trató de hacerse más fuerte en la mitad de la cancha.
Una violenta infracción de Antonini contra Di Biasi le solucionó algunos problemas al Lobo. Si Gimnasia había logrado cerrarse mejor con las dos líneas de cuatro, diez contra diez tuvo otros elementos para poner la pelota lejos de Castillo. A esa altura ya estaban también en la cancha Renzo Giampaoli y Manuel Panaro.
El final no fue tan sufrido. Mientras los hinchas locales cantaban “Vamos a volver”, el Lobo terminó cerrando una victoria vital que le permitió alcanzar los objetivos del semestre. Ahora, Belgrano e ir por más, con la Sudamericana en el bolsillo y los sueños intactos.
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