Polémico y festejado. Boca le ganó como local por 1 a 0 a River, con dos hombres más, en el Superclásico que disputaron en La Bombonera, por la decimoquinta fecha del Torneo Clausura. El partido dejó mucha tela para cortar porque el Millonario se quedó con un hombre menos a los 10 minutos y con dos jugadores en los vestuarios a falta de 10 minutos. Se habló y se hablará más del arbitraje de Nicolás Ramírez que de fútbol, como sucede hace rato en este fútbol argentino cada vez más cuestionado.
A los 27 minutos de la primer etapa, el defensor Lautaro Di Lollo, de cabeza, convirtió el gol Xeneize tras un centro desde el tiro de esquina del colombiano Sebastián Villa.
Desde los 10 minutos de iniciado el encuentro, River jugó con diez hombres por la expulsión del defensor Lucas Martínez Quarta tras un agarrón al uruguayo Miguel Merentiel que fue revisado en el VAR. Un error imperdonable del defensor que seguramente le hará perder su lugar en el primer equipo porque más allá de que la falta era necesaria, es poco serio que un jugador haya quedado tan mal parado a poco de comenzado el partido.
El desarrollo del juego quedó condicionado desde su inicio debido a esta polémica arbitral, ya que cuando apenas transcurrían 10 minutos de la etapa inicial. Se discutirá mucho si debió recibir roja directa o amarilla, pero está claro que el partido cambió por completo en ese instante.
En primera instancia, el árbitro Ramírez no sancionó la infracción, pero tras la revisión recomendada por el VAR, acudió al monitor, rectificó su decisión y expulsó correctamente al defensor por ser el último hombre.
La temprana roja desequilibró tácticamente a River y potenció el rendimiento de Boca por lo que el Xeneize aprovechó el envión anímico y superioridad numérica para abrir el marcador a los pocos minutos mediante un certero cabezazo de Lautaro Di Lollo, quien conectó la pelota tras un tiro de esquina ejecutado por Villa.
Con la ventaja a favor, el conjunto local manejó los tiempos y generó argumentos futbolísticos sólidos en el cierre del primer tiempo, lo que acumuló incluso ocasiones claras para estirar la diferencia en el marcador.
En el complemento, River intentó reconfigurar su esquema y protagonizó un arranque prometedor; sin embargo, ese envión ofensivo se diluyó rápidamente ante la resistencia defensiva del rival.
El arbitraje de Ramírez volvió a estar en el centro de las protestas de la visita, primero por la exigencia de una segunda tarjeta amarilla para Leandro Paredes que el juez omitió sancionar, y más tarde por un presunto penal sobre Nicolás Otamendi que no fue revisado por la terna arbitral.
La mínima diferencia en el resultado mantuvo la tensión latente hasta los instantes finales del encuentro pero la situación se agravó aún más para el Millonario cuando Gonzalo Montiel vio la tarjeta roja directa tras una fuerte entrada sobre Blanco. Esta jugada fue más discutible que la anterior expulsión porque fue directa y sin revisión del VAR. Y peor aun porque antes el árbitro no le mostró la segunda amarilla a Leandro Patedes.
Al retirarse del campo de juego, el lateral visitante realizó gestos provocativos hacia el público local y con una ventaja de dos hombres de más en el tramo definitivo del cotejo, Boca administró los tiempos sin sobresaltos. Llamó la atención que con dos jugadores de más no haya acelerado y buscado cerrar el partido. Es más, a River le quedó una pelota parada más pero no la supo aprovechar. Fue muy pobre lo de Millonario.
Con este triunfo clave, el Xeneize celebró una victoria vital que lo ubica a un solo paso de la gloria y ahora dependerá de sí mismo en la última jornada, ya que se coronará campeón de la Tabla Anual si logra derrotar a Defensa y Justicia en su próximo compromiso. Depende de sí mismo para asegurar el primero de los títulos que tiene por delante.
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