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Información General |ABUSOS Y VIOLENCIA CONTRA LA MUJER (NOTA VII)
Trauma después de la violación

Trauma después de la violación
22 de Noviembre de 2006 | 00:00
"Es una tortura psicológica permanente de la que no sé si algún día me voy a poder liberar". Pasaron más de veinte años desde que Romina sufrió la violación que iba a marcar su vida, pero ese episodio es un fantasma difícil de dejar atrás. Todavía se enreda en la vida de todos los días en la forma de recuerdos no convocados, invasivos, de esos que llegan con la misma prepotencia que la misma violación. Una violación que Romina padeció cuando todavía era una niña. Y que se instaló con fuerza, para convertirse, a pesar del paso del tiempo, en el elemento más difícil de manejar de su presente.

La historia de Romina, relatada por una especialista platense en violencia contra la mujer -el nombre de Romina es ficticio, para preservar la identidad de la víctima- ilustra el fuerte impacto psicológico que puede provocar una violación, comparable, en algunos casos, con las huellas que deja la participación en una guerra o en una catástrofe natural.

Es un impacto que tiene sus tiempos de recuperación, tiempos que dependen de múltiples factores relacionados con la situación psicológica de la víctima antes del suceso y con la reacción y capacidad de contención de su entorno.

De la mano de unos y otros factores, superar las fuertes huellas psicológicas y emocionales de una violación puede demandar meses o décadas y puede exigir intervención profesional prolongada o no, según indican los especialistas.

Esos mismos expertos destacan entre las secuelas más extremas de los casos de violación la cronificación del estrés post-traumático y la aparición de problemas tales como la depresión, las adicciones, los intentos de suicidio y el potenciamiento de trastornos de personalidad preexistentes.

Las secuelas de una violación no sólo repercuten en la persona directamente afectada, aclaran los expertos. Alcanzan, además, con fuerza a su pareja estable -si la tuviere-, a su entorno familiar y social y tiene, a su vez, correlatos en su realidad laboral.

La recuperación de las víctimas de una violación no sólo se vincula al esfuerzo de los directamente involucrados, sino que requiere de una toma de conciencia de toda la sociedad en relación a las construcciones de género que aún hoy contribuyen a crear sentimientos de culpa y de vergüenza en las mujeres abusadas. Un hecho que inhibe a muchas a recurrir a comisarías y hospitales dejando numerosos casos sin investigar y provocando que algunas mujeres violadas no reciban atención médica inmediata y se expongan al riesgo de contraer distintas enfermedades de transmisión sexual.

EL SHOCK DEL PRIMER MOMENTO

Tan fuerte y tan duradero en el tiempo es el impacto psicológico de una violación, que los especialistas distinguen una gran variedad de síntomas asociados a ese impacto, que pueden presentarse -todos o algunos de ellos- en distintas etapas.

Olga Cáceres es médica especialista en psiquiatría y psicología y coordina el refugio María Pueblo para mujeres víctimas de violencia familiar, donde son muchas las mujeres que llegan tras ser víctimas de una violación o un abuso sexual. Según Cáceres, que se basa en su experiencia de trabajo en el refugio, "se pueden distinguir tres momentos en el proceso de aparición de la sintomatología psicológica derivada de una agresión sexual".

La primera de esas etapas, la etapa aguda, se produce inmediatamente después de producido el episodio y se caracteriza por la aparición de síntomas muy notorios. La víctima tiende a quedarse paralizada o ingresa en una crisis de llanto incontrolable o de nervios.

También se producen los casos, destaca Cáceres, en que las mujeres que atraviesan esta etapa se quedan súbitamente sin habla o bien se encuentran como aturdidas o perdidas, sin saber con certeza dónde están o qué les pasó.

Hay ocasiones en que ese aturdimiento llega al grado de generar una fuerte incerteza en la mujer violada, que no sabe si realmente le sucedió la violación, si la soñó o si se la contaron.

"Estos síntomas aparecen en el primer momento, el momento de shock, ese momento que sigue inmediatamente al de la violación y es frecuente que la mujer no pueda creer lo que le sucedió, que no sepa si fue algo real y se muestre muy conmocionada", explica Cáceres.

Los especialistas coinciden en consignar que una característica de ese primer momento es una gran mezcla de sentimientos. La misma mujer a la que le cuesta creer que le pasó lo que le pasó registra sentimientos muy característicos de estos casos, como son la culpa y la vergüenza, mezclada con una gran cuota de bronca e impotencia.

En los días que siguen al suceso el impacto psicológico no cede y la mujer violada comienza a revelar cambios de conducta que se relacionan con el episodio.

Así, comienza a mostrar una tendencia a recluirse, indican los especialistas. Le cuesta hablar del episodio y, perseguida por los miedos, trata de no estar nunca sola.

Otro de los síntomas característicos, presentes en esta etapa, hacen que la mujer afectada tenga tendencia a cambiarse muchas veces de ropa y a bañarse reiteradamente.

"La asalta la sensación de estar 'sucia' y expresa una necesidad emocional y psicológica de quitar todo tipo de rastro del violador", expresa la investigadora Noemí Ehrenfeld en un trabajo llamado "Violencia y Violación, una reflexión sobre las mujeres jóvenes y la impunidad".

TRASTORNOS DEL APETITO Y DEL SUEÑO

Los síntomas propios de esa primera etapa pueden remitir o no, pero con el paso de los días van dando paso a otras señales que aparecen progresivamente y que pueden extenderse durante semanas o meses.

Este segundo grupo de síntomas incluyen trastornos del apetito o del sueño y estados de hipervigilancia o hiperalerta.

"En los meses que siguen a la violación, las mujeres empiezan a tener problemas para dormir. Muchas no quieren hacerlo con la luz apagada y manifiestan estados de alerta e hipervigilancia", explica Cáceres.

Al mismo tiempo, se reatraen, muestran mucho temor de salir a la calle y especial cuidado en evitar los espacios abiertos.

La tercera etapa corresponde a la recuperación y su duración va a depender del apoyo del entorno, aseguran los especialistas.

En ella persisten algunos de los síntomas, tales como la depresión, el estado de ansiedad y el aislamiento.

SINDROME DE ESTRES POST-TRAUMATICO

Según las estimaciones de los especialistas, entre el 50% y el 70% de las víctimas de violación necesitan recurrir a la psicoterapia. Las que no requieren el acompañamiento psicológico después del primer momento son las que cuentan con una apoyo y una contención afectiva eficaz por parte del entorno, un elemento que se considera fundamental para la evolución de la paciente.

Uno de los aspectos a los que apuntan los tratamientos psicológicos vigentes es el estrés post-traumático, una afección que afecta a las víctimas de violación más que a los ex combatientes y a las víctimas de catástrofes naturales y de otros delitos.

Según un trabajo sobre estrés post-traumático desarrollado por la Universidad del País Vasco, mientras las víctimas de otros delitos desarrollan esa dolencia en un 25% de los casos, el porcentaje se duplica en el caso de las víctimas de una agresión sexual.

El mismo trabajo da cuenta de que esta afección suele ser más frecuente en víctimas de violación que en ex combatientes. ¿La razón? Mientras el ex combatiente abandona el entorno bélico una vez terminada su participación en la guerra, la mujer víctima de violación sufrió el delito en un ámbito cotidiano, que debe seguir frecuentando y que potencia cada uno de sus miedos.

Del estudio se desprende, asimismo, que en el ámbito de las agresiones sexuales, sólo el 20% de las víctimas no muestran síntomas un año después de la agresión.

La angustia, la ansiedad, la depresión, la baja de la autoestima y la reincidencia de sueños y recuerdos invasivos son algunos de los rasgos de esta patología, que entre otras derivaciones reconoce la adicción de sustancias como las drogas o el alcohol y los intentos de suicidio.

IMPACTO EN LA PAREJA, LA FAMILIA Y EL TRABAJO

A poco de ocurrida la violación todas las esferas de la vida de la víctima se ven afectadas, apuntan los especialistas. Entre ellas, la familia, la pareja y el trabajo.

Uno de los impactos más fuertes se nota en la autoestima, en la capacidad lúdica y en la vida de relación.

"La mujer violada sufre una invasión total de su integridad física y psíquica, un desgarramiento de su intimidad y su dignidad, que hace que uno de los elementos que se vea más afectado sea la autoestima. La mujer violada siente vergüenza y culpa, pero también la inseguridad, los miedos y las fobias la afectan y condicionan todos los aspectos de su vida", indica Cáceres.

El trabajo de Noemí Ehrenfeld anteriormente citado destaca que un estudio realizado en México demostró que el 91% de las víctimas de una violación abandona su trabajo, aún cuando fuera su única fuente de sustento.

Esto se fundamenta en la aparición, en la mujer sexualmente agredida, de una "necesidad de huir" del recuerdo de la violación, pero también de escapar de la amenaza de volver a ser abusada.

La idea de culpabilidad y la vergüenza por el episodio vivido repercuten en la vida de relación y en la vida sexual, que se ve fuertemente condicionada. La idea de que ha perdido valor como mujer a partir del episodio se hace presente junto a la culpa por las decisiones tomadas que incidieron en la violación.

Preguntas como "¿por qué tomé por esa calle y no por otra?" o "¿por qué decidí salir a esa hora?" aparecen recurrentemente en el período que sigue a la agresión.

Uno de los renglones más afectados por la violación es la vida de pareja y son muchos los casos en los que se recomienda una terapia -o un encuentro- de ambos miembros de la misma con un psicólogo.

"Lo más común es que, si la persona violada tiene una pareja estable, los dos se vean shockeados por la situación. Esa situación, se manifiesta, sobre todo, en una dificultad creciente para manejar las reacciones cotidianas", dice Cáceres.

En lo que hace a la familia, en los casos en que la mujer violada no tiene pareja estable, adquiere un rol fundamental para la recuperación de la víctima. Pero la reacción de cada familia es difícil de prever a partir que cada uno de sus miembros resulta igualmente shockeado por el episodio, aseguran los especialistas.


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