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El calentamiento global cambia el paisaje antártico

El guardaparques platense Mariano Spisso cumple su segunda campaña en la base Orcadas. Cuenta cómo los efectos del cambio climático se perciben a simple vista en el paisaje, tanto como en la conducta de la fauna. Cómo es la vida en el asentamiento más antiguo de la Antártida argentina.

El calentamiento global cambia el paisaje antártico

El calentamiento global cambia el paisaje antártico

3 de Junio de 2012 | 00:00

A simple vista. Así se pueden apreciar los rápidos cambios del glaciar La Monja, que se levanta a un centenar de metros de la base Orcadas: en 2009 el frente de ese glaciar llegaba hasta el mar. Hoy es posible caminar entre el glaciar y el océano por una angosta franja de playa que entonces no existía. Mariano Spisso es platense, guardaparques y por estos días cumple con su segunda campaña antártica en Orcadas, donde monitorea a la fauna del lugar. El inusual hecho de haber vuelto como guardaparque a Orcadas le permite comparar los efectos del cambio climático en la Antártida. Efectos como el que se observa en el glaciar la Monja. Y que, como, éste, pueden apreciarse sin necesidad de otro auxilio que el de la vista, según relata.

El trabajo de campo de Spisso y otro guardaparque nutre una base de datos con la cual desde la Dirección del Antártico miden el impacto a largo plazo del calentamiento global. Pero más allá de los datos científicos, hay indicios del cambio climático que son observables a simple vista en el continente helado. Y que no terminan con la reducción del glaciar La Monja.

"El retroceso de los glaciares está demostrado científicamente en todo el mundo, pero es muy perceptible en el terreno. Nosotros lo notamos también en el glaciar Mossman, vecino a la base, en el que también se nota un retroceso y además muchas rupturas", cuenta Spisso.

A Mariano Spisso le basta comparar su estadía en la base durante 2009 con la actual, para encontrar sensibles cambios vinculados al clima. Esos cambios se aprecian en el día a día de la vida en la base.

"El invierno se atrasa: cuando en el 2009 y antes -según me cuentan las personas que estuvieron destacadas acá en otras oportunidades- el mar solía estar congelado para el mes de mayo y las temperaturas que se registraban se ubicaban siempre por debajo del cero, hoy tenemos tres grados sobre cero, el mar todavía no se congeló y ni siquiera lo hizo el pozo de agua dulce del que obtenemos agua potable, así que no tuvimos necesidad de derretir hielo hasta ahora. Y creo que no va a ser necesario, por lo menos, en los próximos 15 días.

EN LA CONDUCTA DE LA FAUNA

Los indicios del cambio climático se notan también a simple vista en el comportamiento de algunos animales que los guardaparques monitorean, según destaca Spisso.

"Los elefantes marinos se ponen agresivos cuando las temperaturas están por encima del cero. También nos sucede que vemos a algunas aves que se desorientan porque encuentran sin hielo paisajes que para esta época encontraban helados. Y hasta vemos especies de pingüinos que son propios de climas más cálidos (los de barbijo) desplazar a otros propios de climas más fríos, como los Adelia", dice Spisso.

Para ilustrar esta situación, Spisso relata un episodio: "no hace mucho vimos pasar a un grupo nutrido de cormoranes, eran como 800 y se dirigían al sur. Nos llamó la atención, porque esos animales suelen viajar hacia el norte para reproducirse en esta época. Más o menos a los 10 días volvimos a verlos pasar. Parecía el mismo grupo, que volaba desorientada, buscando un sitio que antes no le costaba encontrar", dice Spisso.

Otro indicio preocupante lo da la conducta del krill, un molusco que constituye la base alimenticia de toda la fauna de la región. Acostumbrado a reproducirse bajo las placas de hielo que se forman cuando el mar se congela, el retraso de los inviernos y las temperaturas más amables que demoran el congelamiento disminuyen el tiempo reproductivo de estos moluscos, lo que repercute sobre la disponibilidad de alimento para todas las especies del ecosistema antártico.

Mariano Spisso dice que esta es la segunda campaña antártica de la que participa. En 2009 relevó a otro guardaparques platense, Diego Raviculé y estuvo durante un año trabajando en Orcadas. Era su primera campaña y al trabajo de monitoreo de la fauna de la zona para saber cómo les impacta el cambio climático, se sumaban otras tareas de campo para una investigación sobre sismología y geodesia.

Tres años después, Spisso celebra su regreso a un paisaje natural que lo apasiona. Ahora todos los esfuerzos del equipo de guardaparques (integrado por él y un colega que ya había estado en Orcadas en 1998) se centra en el monitoreo de la fauna.

¿Qué animales se monitorean? Sobre todo pingüinos. Se estudian sus poblaciones, la forma de anidar, el tiempo que los pichones permanecen junto a los adultos y el momento en que sólos se introducen por primera vez en el mar.

También se hace un seguimiento de los petreles gigantes, estudiando a la población y anillando a los pichones.

Otra de las funciones de los guardaparques destacados en Orcadas es censar a las aves voladoras, registrando a las distintas especies y a su estado, así como también a los mamíferos marinos, tales como los lobos, elefantes, focas de Weddell, focas leopardo y focas cangrejeras, entre otras especies.

Más allá del trabajo propiamente dicho, para los guardaparques representa un encanto especial la vida en el continente helado, una vida con fuertes exigencias -el aislamiento, el rigor de la temperatura- pero que se compensan con la belleza que regala el paisaje y con una experiencia de vida completamente diferente.

"Ahora estamos en un momento en que el frío todavía no empezó a hacerse sentir, pero en pocos días las jornadas se harán más cortas y oscuras y eso va a repercutir en el ánimo y en el cuerpo, porque cuando empieza a falta el sol, se nota", dice Spisso.

Será el momento, también, en que más se haga más notorio el aislamiento. Porque si bien esta situación se prolonga a lo largo del año, hay un elemento con cada vez más presencia que, en cierto modo lo atenúa durante los períodos de mejor clima: la presencia de los cruceros.

"Una de nuestras tareas en la base es la de recibir a guiar a los pasajeros de los cruceros que llegan a Orcadas. Esos cruceros son frecuentes. Ahora lo que se estudia es el diseño de un circuito autoguiado para que los mismos visitantes puedan moverse por el paisaje antártico y apreciar sus atractivos", explica Spisso.

Cuando el frío termine de instalarse y los cruceros ya no lleguen el aislamiento antártico se hará más duro. Aunque en pleno siglo XXI, avances como Internet aporten una comunicación más fluida con los seres queridos para los 15 integrantes -entre científicos, militares y guardaparques- de la dotación de la base.

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