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Los republicanos culpan a Trump por la derrota y Texas vive un vuelco histórico

Perdieron la Cámara de Representantes y el Senado en su peores elecciones de medio término en décadas, y el partido ya discute quién es el responsable

Dura derrota de Donald Trump en las elecciones de medio término de Estados Unidos. Los republicanos se echan culpas y Texas fue la gran sorpresa

Por Redacción

Cuando empezaron a conocerse los resultados, el presidente Donald Trump salió a marcar su lectura. Según informó The New York Times, que lo entrevistó el martes por la noche, antes del cierre de las urnas en algunas zonas del país, el mandatario atribuyó el revés a que él no figuraba en la papeleta: sin su nombre, dijo, no lograron movilizar a suficientes votantes.

Más tarde, en Fox News, ensayó una segunda explicación: a algunos votantes “no les gustaban los candidatos”. Agregó que varios de los postulantes que él había apoyado lo criticaron y que eso molestó a su base.

La réplica dentro del partido fue casi inmediata. Según el NYT, varios republicanos vincularon la pérdida de ambas cámaras con decisiones del presidente durante el año previo a los comicios: la política arancelaria, la guerra en Irán, que según ellos disparó los precios, y una estrategia electoral cuestionada, con candidatos considerados frágiles y una gira poco convincente en las últimas semanas de campaña.

El estratega republicano de Michigan Jason Roe fue de los más duros. Calificó de “ridículo” el análisis de Trump y lo definió como el “artífice del colapso republicano”. Don Bacon, representante por Nebraska que no buscó la reelección, habló de “tonterías” y sostuvo que “todo esto gira en torno a él”. Para Bacon, la primera razón del resultado fue la impopularidad presidencial, seguida del respaldo a candidatos que consideró débiles en el Senado, como Ken Paxton en Texas y la senadora Darline Graham en Carolina del Sur, que ocupó el escaño de su hermano, el difunto Lindsey Graham, y luego se postuló para un mandato completo.

Brinker Harding, el candidato republicano que perdió por amplio margen en el distrito de Nebraska que Bacon representó durante diez años, evitó opinar sobre la tesis de Trump, pero enumeró sus propios motivos: la nafta cara y los aranceles.

Voto castigo: “no fue un voto a favor de los demócratas”

Varios consultores, según NYT, coincidieron en que el resultado fue más un rechazo a Trump que una adhesión a los demócratas. Dick Wadhams, consultor de Colorado, consideró “irónico” el planteo presidencial, ya que la mayoría de los candidatos que perdieron bancas clave del Senado en estados conservadores habían sido reclutados o respaldados por el propio mandatario. “Este fue un voto en contra de Trump”, resumió.

Jon Fleischman, ex director ejecutivo del Partido Republicano de California, planteó que los votantes, enojados por la economía y cansados de la guerra en Irán, no podían expresar su frustración directamente al presidente y la volcaron sobre su partido.

El caso de Iowa y Michigan muestra los límites de tomar distancia. La representante Ashley Hinson, candidata al Senado por Iowa con apoyo de Trump, pidió terminar la guerra con Irán y criticó los aranceles, y el exrepresentante Mike Rogers, también respaldado por el presidente en Michigan, adoptó un enfoque similar. Ambos perdieron. En Ohio, el senador Jon Husted cayó ante el ex senador demócrata Sherrod Brown, y entre sus simpatizantes hubo quienes culparon al presidente. Luis Gio, traductor judicial de 59 años, cuestionó que se impulsaran obras como el salón de baile de la Casa Blanca cuando el país “necesita cosas más importantes”.

Desde Oklahoma City, el alcalde republicano David Holt, que trabajó en la administración de George W. Bush, escribió que su partido está “moral e intelectualmente en bancarrota” y dijo no recordar una elección de medio término tan ligada a una sola persona.

Los líderes del partido, entre el silencio y la defensa

La cúpula republicana reaccionó con cautela. El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, emitió un comunicado de 177 palabras en el que celebró los logros de los dos primeros años del segundo mandato de Trump y celebró que “todavía” tengan al presidente en la Casa Blanca para frenar los “peores impulsos” del extremismo demócrata. No mencionó causas de la derrota.

El presidente de la Cámara, Mike Johnson, cuyo partido perdió el control del cuerpo y que dejará su cargo el próximo año, defendió con más energía a Trump: dijo que los demócratas padecen “síndrome de aversión a Trump”. Craig Shirley, ex asesor de la Casa Blanca con Ronald Reagan, habló de una “mancha” para el partido, pero cree que los republicanos seguirán apoyando las políticas del presidente en seguridad fronteriza e impuestos. Reconoció, sin embargo, que “sin la guerra” los resultados “habrían sido muy diferentes”.

Es por eso que la discusión abre una incógnita sobre cuánta influencia conservará Trump sobre su partido en sus últimos dos años de mandato.

Texas: el terremoto político que cortó 32 años de dominio republicano

El golpe más simbólico llegó desde Texas, el estado conservador más poblado del país hasta el martes. Según el NYT, los demócratas terminaron con 32 años de control republicano de los cargos estatales. James Talarico derrotó a Ken Paxton, candidato envuelto en escándalos, en la disputa por el Senado. Gina Hinojosa venció al gobernador Greg Abbott, que buscaba un cuarto mandato récord y que meses atrás parecía tener la victoria asegurada, y será la primera gobernadora hispana de Texas.

Garry Mauro, ex comisionado de tierras y uno de los últimos demócratas en ganar una elección estatal, en 1994, dijo que Talarico es “un símbolo” y Hinojosa “un terremoto”. El representante estatal Rafael Anchía, desde la fiesta de Talarico en Austin, habló de resultados que superaron sus expectativas más optimistas, con avances en suburbios antes conservadores y en zonas rurales donde el partido no competía hace años.

La hegemonía republicana, que pasó de George W. Bush a Rick Perry y Greg Abbott con una legislación cada vez más conservadora (prohibiciones del aborto, material cristiano en escuelas públicas y ampliación de la portación de armas), llegó a estas elecciones con varios frentes abiertos. Los demócratas crecieron con el rechazo nacional a la administración Trump entre votantes preocupados por la guerra en Irán, la represión migratoria y el costo de vida, y tanto Paxton como Abbott estaban muy ligados al presidente.

A eso se sumaron el auge de los centros de datos, impopular en zonas rurales y suburbanas, un programa de vales escolares visto por muchos como perjudicial para la educación pública, ataques de algunos republicanos a la comunidad sudasiática del estado y un candidato a un cargo regulatorio de alto nivel que insultó a sus rivales con agravios contra personas homosexuales y con discapacidad.

Austin Vaughn, de 31 años, del condado de Fort Bend, contó a NYT que votó por primera vez todas las casillas azules. Dijo que se sentía cómodo en el Partido Republicano e incluso trabajó para un legislador estatal, pero que el partido “se descontroló socialmente”. Ahora es padre de una hija y rechaza la estricta prohibición del aborto.

El factor Musk y el futuro de Texas

Elon Musk invirtió al menos 212 millones de dólares para apoyar a Paxton, parte de un total de al menos 224 millones de dólares destinados a las campañas en el estado. No alcanzó.

Los republicanos todavía intentan explicar la caída de Paxton y cómo Abbott, considerado un rival formidable, quedó arrastrado por la ola. El estratega Matt Mackowiak, que trabajó en la fallida campaña de Cornyn en la primaria contra Paxton, anticipó una crisis “sin precedentes” en la historia del estado.

Los demócratas esperan ahora más fondos y apoyo nacional, y hasta imaginan que Texas pueda inclinarse hacia ellos en una elección presidencial. El consultor republicano Chad Wilbanks, ex director ejecutivo del partido en el estado, lo resumió así: “La represa se ha roto”.

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