El hallyu, la ola coreana, no se agota en el K-pop ni en las series de streaming: una de las patas clave del proyecto estatal para exportar cultura y entretenimiento es el cine.
Para Corea del Sur, el entretenimiento es uno de sus principales activos de exportación, motivo por el cual el Estado financia frondosamente producciones audiovisuales e intenta colocarlas a lo largo y ancho del planeta. El fenómeno, hoy plasmado en las decenas de series que pueden verse en cualquier plataforma, tuvo varias películas precursoras, como “Oldboy” o “The Host”, pero sin dudas “Parasite”, su éxito y su Oscar terminaron de masificar el interés por el cine surcoreano en todo el mundo, potenciado luego por el furor que generó “El juego del calamar” en Netflix.
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