Las últimas semanas estuvieron atravesadas por una intensa actividad sísmica en distintos puntos del planeta. Se registraron terremotos y temblores de diferentes magnitudes en Venezuela, Colombia, Perú, Europa, África y Asia, con movimientos detectados en países como España, Rusia, Azerbaiyán, Marruecos e Indonesia. Este domingo, además, un sismo volvió a sacudir Japón.
Aunque los fenómenos ocurridos en esos lugares no necesariamente tienen una relación entre sí, la sucesión de movimientos volvió a poner sobre la mesa una amenaza que los especialistas estudian desde hace décadas: el denominado “Big One”, una expresión utilizada para describir un terremoto de enorme magnitud que podría provocar consecuencias devastadoras.
El término suele estar vinculado a la falla de San Andrés, en California, pero su utilización es más amplia. Se emplea para hacer referencia al próximo gran terremoto que podría producirse en una región con una elevada actividad tectónica. Uno de los escenarios que concentra especial atención es la zona de subducción de Cascadia, donde se produjo un terremoto de magnitud cercana a 9 en 1700.
La falla se encuentra bajo el océano y se extiende a lo largo de unos 1.000 kilómetros, desde el norte de California, en Estados Unidos, hasta la isla de Vancouver, en Canadá. El sistema se ubica frente a las costas de Oregon y Washington y está relacionado con el movimiento de las placas oceánicas de Juan de Fuca y Gorda, que se introducen por debajo de la placa de América del Norte. Ese proceso tectónico puede generar terremotos de enorme potencia y también tsunamis.
El doctor Diego Winocur, profesor del Departamento de Ciencias Geológicas de la UBA, explicó que las fallas poseen una especie de ciclo de actividad. “Las fallas tienen una especie de periodo de recurrencia, es decir, cada cierto tiempo vuelven a activarse”, señaló. De acuerdo con el especialista, en las grandes fracturas esos períodos pueden extenderse durante más de 200 o 300 años. Sin embargo, aclaró que no es posible determinar con precisión cuándo se producirá un nuevo terremoto. “Por eso están esperando que suceda en algún momento otro megaterremoto similar al de 1700”, sostuvo Winocur.
Por qué un terremoto en Cascadia podría generar un tsunami
La ubicación submarina de la falla de Cascadia agrega otro factor de riesgo ante un posible movimiento de gran magnitud: la generación de un tsunami. Winocur explicó que el desplazamiento provocado por el terremoto puede trasladarse al fondo marino y producir un movimiento del agua. “Ese desplazamiento se traslada hacia el fondo del mar, entonces el agua acompaña el movimiento y genera una ola”, detalló.
El impacto inicial se produciría sobre las costas más cercanas a la zona donde se origina el fenómeno. Después, la ola podría avanzar a través del océano y alcanzar otras regiones comprendidas dentro de su radio de propagación.
La falla de San Andrés y el riesgo en California
California también mantiene bajo vigilancia a la falla de San Andrés, uno de los sistemas tectónicos más conocidos y asociados históricamente con la posibilidad de un gran terremoto. En 1906, un terremoto de gran intensidad provocó una devastación en San Francisco. Más de un siglo después, el paso del tiempo vuelve a ser uno de los elementos considerados al analizar la recurrencia de grandes eventos sísmicos.
“Ya pasaron más de 100 años desde aquel sismo, entonces en algún momento debería volver a suceder uno similar, de gran magnitud”, explicó Winocur. El especialista, de todos modos, remarcó que ese cálculo no permite establecer una fecha concreta. Los períodos de recurrencia se estiman a partir de los antecedentes geológicos, pero no permiten predecir con exactitud cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto.
Hayward, otra de las fallas que genera preocupación
En las cercanías de San Andrés también se encuentran otras estructuras geológicas de importancia, entre ellas las fallas de San Jacinto y Hayward. La falla de Hayward tiene aproximadamente 90 kilómetros de extensión. Se desarrolla desde Fremont hasta la bahía de San Pablo y atraviesa una zona densamente poblada del este de la bahía de San Francisco. Su recorrido alcanza sectores urbanos donde se encuentran ciudades como Hayward, Oakland y Berkeley.
La actividad de esta falla ya provocó un fuerte terremoto en 1868 y, debido a sus características y ubicación, actualmente es considerada una de las fallas más peligrosas de Estados Unidos.
Cómo estudian los científicos el riesgo de un megaterremoto
Aunque los especialistas pueden identificar las fallas con capacidad para generar grandes terremotos, eso no significa que puedan establecer de antemano el día o el momento en que se producirá un evento. Para analizar su comportamiento, los científicos cuentan con estudios sobre la recurrencia de los terremotos y realizan un seguimiento de las estructuras mediante diferentes métodos indirectos.
Uno de ellos consiste en observar los microsismos. “Se miden los microsismos, que son movimientos de muy baja intensidad. Eso permite observar si la falla se va desplazando muy lentamente”, explicó Winocur.
Ese tipo de desplazamiento puede contribuir a liberar energía de manera progresiva. Si la energía se libera paulatinamente, disminuye la posibilidad de que se concentre una cantidad mayor y termine desencadenando un terremoto de gran magnitud.
El escenario más preocupante aparece cuando una falla permanece inmóvil durante mucho tiempo. “Va acumulando fuerza o energía: acumula, acumula y acumula hasta que después se rompe. Eso sí es lo peligroso”, advirtió el geólogo.
Por eso, el concepto de “Big One” no representa una predicción de un terremoto inminente. Se trata de una forma de describir una amenaza geológica concreta vinculada con regiones donde existen fallas capaces de producir grandes movimientos sísmicos.
Frente a ese riesgo, el monitoreo permanente de las estructuras tectónicas, las construcciones preparadas para resistir terremotos y una adecuada planificación territorial aparecen como herramientas fundamentales para reducir las consecuencias de un eventual megaterremoto.
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