Durante años, 51 entre 7 y 8 fue sinónimo de hamburguesas frente a la Legislatura bonaerense. Allí donde décadas atrás brilló Pumper Nic, el histórico fast food argentino que marcó a generaciones entre finales de los 70 y principios de los 90, otra cadena emblemática acaba de bajar sus persianas en la La Plata: Burger King cerró su sucursal tras una década de actividad cerca de Plaza San Martín.
El cierre se concretó hace dos semanas y fue confirmada la primicia por EL DÍA. Desde entonces, el local -que anteriormente era sede del Banco Patagonia y a metros de donde estaba Pumper- dejó de figurar en la aplicación oficial de la cadena como punto de retiro o consumo en salón. Tampoco aparece ya en Google Maps. El inmueble, ubicado frente a la Legislatura, está actualmente en venta.
El local había sido alquilado en 2016 y funcionó hasta mayo de este año. Con 623 metros cuadrados, fue durante años la segunda sede de la marca estadounidense en la Ciudad. Ahora, Burger King conserva solamente dos sucursales en La Plata: una en calle 47 casi 7 y otra en 12 entre 56 y 57.
A pocos metros de allí funcionó durante años Pumper Nic, el gigante argentino de comidas rápidas que supo dominar el mercado antes de la llegada masiva de las cadenas internacionales. Su quiebra y desaparición, hace ya tres décadas, quedó grabada en la memoria de los platenses. Hoy, el cierre de Burger King en pleno centro vuelve a exponer que ni siquiera las grandes multinacionales quedan al margen de esta crisis económica, los cambios de consumo y las transformaciones del negocio gastronómico.
Hasta hace pocas semanas, la sucursal platense formaba parte de los 118 locales que Burger King mantiene en Argentina. Pero no fue la única persiana que bajó. En diciembre pasado ocurrió algo similar en Berazategui, donde la cadena cerró otro establecimiento aunque, según trascendió, los empleados "fueron reubicados en otras sucursales para garantizar la continuidad laboral". Antes, durante 2025, había cerrado la primera sucursal de la marca en el país, ubicada en Cabildo y Olazábal, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Detrás de la operación regional de Burger King aparece el gigante mexicano Alsea, grupo que también maneja marcas como Starbucks, Vips y Domino’s Pizza en América Latina. En el mercado argentino y chileno, la compañía viene atravesando un proceso de revisión de activos y búsqueda de alternativas para la continuidad de la marca. La falta de interesados concretos para una eventual venta terminó impulsando el cierre de algunos locales.
Uno de los nombres que surgió en ese escenario fue el del grupo El Desembarco, propietario de Mila & Co, que mostró intenciones de invertir para sostener la presencia de Burger King en Argentina. Sin embargo, las negociaciones no avanzaron y el futuro de la insignia continúa envuelto en incertidumbre.
Mientras tanto, el mercado cambió. El crecimiento sostenido de Mostaza, la cadena nacional que ganó fuerte presencia en los últimos años, batalla con Mc Donalds y el auge de las hamburgueserías artesanales empezaron a disputarle terreno a las grandes marcas internacionales. A eso se suma un contexto económico marcado por la caída del consumo, una realidad que golpea tanto a pequeños comercios como a empresas multinacionales.
La postal actual de avenida 51 resume parte de esa transformación. Donde antes hubo filas, combos y mesas ocupadas, hoy quedan persianas bajas. El cierre parcial de Burger King no es solamente la salida de una cadena internacional, es también gastos, inversión y una economía que golpea a pequeñas, medianas y grandes empresas.
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