La partida de los hijos puede abrir una pregunta que durante años quedó relegada: quién es esa mujer más allá de la crianza, las obligaciones domésticas y la atención cotidiana de la familia. La psicóloga Nadia Alaguero plantea que se trata de una transformación profunda de la identidad.
“Se produce un profundo cambio, una reestructuración, marca el pasaje de una subjetivación sostenida en el “ser madre” a mujer deseante: con esto quiero decir poder interrogarse quién es más allá de ser madre, más allá de los hijos, poder pensar en nuevos ideales que no dependan solamente del bienestar o validación de los hijos, sino de la propia autorrealización. Suelen recuperarse espacios personales, lo cual puede generar culpa porque pensar en “sí misma” es algo que hace mucho tiempo no sucedía”.
Es que, durante años, buena parte de la organización diaria puede girar alrededor de las necesidades de los hijos. Y cuando esa dinámica cambia, disponer de tiempo propio no siempre se vive como una oportunidad inmediata. Alaguero señala que la maternidad atraviesa distintas etapas y que cada una implica pequeñas despedidas. No es lo mismo la salida del primer hijo que la del último, ni se vive de igual manera cuando la independencia fue acompañada gradualmente que cuando llega de manera inesperada.
La psicóloga advierte que, cuando la identidad queda sostenida exclusivamente en el rol materno, la salida de los hijos puede dejar al descubierto un vacío más profundo. Por eso, la transición también invita a preguntarse qué deseos y proyectos quedaron pendientes y cuáles pueden comenzar a tomar forma en esta nueva etapa.
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