El comienzo del sexto mes del año trae consigo una nueva interrupción de actividades en el ámbito educativo de la UNLP. En los últimos días, ATULP confirmó la realización de una medida de fuerza por 48 horas que se llevará a cabo los próximos miércoles 3 y jueves 4.
Los fundamentos de esta protesta se centran en un pliego de exigencias urgentes impulsadas por las autoridades sindicales. Entre los principales requerimientos destacan la mejora de los haberes para todo el personal, el incremento de las partidas presupuestarias destinadas a las facultades, la revisión de los montos asignados a las becas estudiantiles y la aplicación inmediata de la Ley de Financiamiento de la Educación Universitaria.
Esta última normativa logró su sanción legislativa hace más de doscientos días, aunque su implementación se encuentra frenada y a la espera de un fallo de la Corte Suprema tras una presentación judicial promovida por el Ejecutivo Nacional.
En sintonía con este escenario, las últimas semanas de mayo estuvieron atravesadas por diversas acciones de reclamo articuladas por el gremio de docentes ADULP en concordancia con el plan de lucha diseñado por CONADU a nivel nacional para exponer la crisis financiera de las instituciones.
El impacto en la comunidad estudiantil
Todo este contexto expone un efecto directo sobre el calendario académico de pregrado y grado, acumulando en lo que va del ciclo lectivo un saldo superior a las treinta jornadas con actividad nula o de funcionamiento parcial en los colegios y facultades.
Este panorama complejo se agrava al contabilizar una serie de medidas de visibilización previas efectuadas por los distintos claustros. A lo largo del calendario se registraron iniciativas como la asamblea general concretada el 26 de febrero, cuatro movilizaciones federales cuya edición más reciente tuvo lugar el 12 de mayo y diversas interrupciones de tareas del sector nodocente ejecutadas el 8 y 17 de abril sumado al reciente 29 de mayo.
Si bien la repercusión definitiva de estas huelgas varía de acuerdo con el nivel de adhesión particular de cada cátedra, la constante alteración del cronograma genera un clima de honda preocupación en la comunidad de alumnos. Los jóvenes universitarios se enfrentan a severos obstáculos para sostener la regularidad y poder cumplir de forma correcta con sus obligaciones de estudio ante la incertidumbre reinante.
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