Platenses con alma de artistas de circo

La experiencia de los platenses que quieren ser acróbatas

Equilibrio, fuerza, mucha dedicación y también una buena dosis de coraje para resistir el vértigo a la altura. Todo eso no les falta a los niños y jóvenes que aprenden el arte del circo en La Plata. Algunos -los menos- lo practican para cumplir con alguna clase de actividad física pero la mayoría sueña con formar parte, algún día, de una compañía ambulante, de esas que recorren pueblos y ciudades, viven en comunidad y duermen en carromatos. Quieren ser acróbatas y malabaristas.

El salón principal del club Sporting es todo un despliegue de telas, aros, trapecios y colchonetas. La entidad convoca a alrededor de 60 personas, que se reparten en varios turnos y se agrupan según las edades, para practicar acrobacia y malabares. Perfeccionistas, ensayan repitiendo una y otra vez los números que crean en forma individual o en pareja.

Lara Argibay (14) llegó al Sporting buscando un espectáculo que complete su fiesta de 15, que será en los próximos meses. La chica quiere que además de música y baile la reunión se anime con un espectáculo circense. Pero lo que vio en el club de la calle 11 le impactó tanto que decidió quedarse y formar parte de uno de los grupos. "La primera vez que te subís a un trapecio te da un poco de miedo, pero una vez que probás no te querés bajar más", dice aunque remarca que "lo que más me gusta es la 'acro' en dúo".

"Vienen a buscar el vértigo de lo aéreo -señala Eugenia Portos, la coordinadora de los grupos de circo-. Les parece una alternativa distinta para la actividad física y muchos, además de las clases generales, participan de los talleres específicos de aro, trapecio, acrobacia aérea en tela y acrobacia en dúo".

Hernán Aladro (24) no sólo toma las clases. Ya todo un experto en acrobacia y el arte de revolear clavas, ayuda a sus compañeros a mejorar la performance. "Siempre me gustaron estas disciplinas, por eso, entre todo lo que puede hacerse de actividad física me incliné por esto", confía el joven que vivió la experiencia de un circo hace un par de años. "Recorrí la provincia de Buenos Aires y también actué en Uruguay. Vivía en un carromato, me levantaba muy temprano, ensayaba y armaba números que después presentaba en las funciones de la carpa", cuenta.

UN ARTE URBANO QUE SE EXPANDE

Los malabares se han extendido en la cultura callejera platense. Es cada vez más frecuente encontrar artistas de las clavas en aquellas esquinas donde el semáforo obliga a parar. Pero además de copar las calles, ese arte urbano integra todos los fines de semana la postal de los parques y plazas. Y es a la vez un medio de vida de cientos de artistas.

Aladro, como otros jóvenes que van a aprender al Sporting, ve en las disciplinas circenses, una potencial fuente laboral que, de concretarse, ayuda, sobre todo, cuando se estudia una carrera universitaria. No sabe si volverá al circo, pero sí está seguro de que aceptará las propuestas que le lleguen para animar fiestas privadas. "Estoy en quinto año de Medicina y los libros son muy caros. Si me pinta un laburo que tenga que ver con esto lo hago, porque me gusta y gano algo de dinero", comenta.

En cambio, Pablo Requena (25), que hasta hace un tiempo se ganó la vida con sus conocimientos de informática y ahora proyecta abrir un comercio dedicado a la venta de artesanías, confiesa que su aspiración máxima es llegar a ser un acróbata profesional: "Esta disciplina me gustó toda la vida, desde que era chico, y quiero vivir de esto. Ojalá tenga la oportunidad de poder trabajar en un circo".

Además de vencer el temor a las alturas, ¿qué se requiere para ser un buen acróbata?. "Tener fuerza y resistencia es lo más importante -explica la profesora Fernanda Mondelo, egresada de la Escuela de Circo municipal, que cerró hace unos años-. Como se trabaja con el cuerpo se necesita tener un muy buen estado físico".

No obstante la exigencia corporal, según destaca Mondelo, a sus clases concurre gente de casi todas las edades. "Vienen personas de hasta 40 años que eligen esta disciplina como actividad física -dice-. Lo importante es el entrenamiento, y además cada uno sabe cuáles son sus límites".

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