Escribir con la memoria

Destacado contador de historias, indagador del alma popular, Héctor Tizón, uno de los principales narradores argentinos, autor de Fuego en Casabindo , La casa y el viento y Luz de las crueles provincias , falleció lunes pasado en su provincia, Jujuy, donde había nacido en 1929 y de la que solo lo sacaron su trabajo como diplomático en México y un exilio de seis años en España en tiempos de la última dictadura militar.

Una forma de recordarlo es evocar sus libros pero también su mirada de la literatura y su construcción.

Durante una charla con el poeta Jorge Boccanera, el escritor jujeño repasó algunos de sus conceptos sobre el significado de su arte.

¿Se escribe con la memoria?

“Sí, creo que los instrumentos esenciales de un escritor de ficciones son la memoria y el oído. Todo lo que un narrador necesita lo tiene en sí acumulado, sólo debe recordar, estar atento. En cuando al oído me refiero al registro del habla, para ser fiel -en su esencia, no en su mera reproducción- a la lengua: es decir, a la materia con que un escritor elabora sus historias, esto es lo principal”.

¿Cómo juega la oralidad de la gente en la respiración de su narrativa?

“Una persona se hace sujeto en la oralidad; desde ella construye su vida, elabora su estilo de ser y estar, creando un mundo complejo y desbordante, que se ahormará más tarde en el transcurso de la escritura. La experiencia que se transmite de boca en boca es la fuente de los narradores”.

Usted dijo una vez que era un voyeur del oído...

“Los más grandes narradores son aquellos que menos se apartan en sus textos de la forma de contar de los numerosos narradores anónimos. Todo lo que aprendimos aquí, al menos hasta mi generación, de lo esencial de la vida, nos lo transmitieron hablando”.

En uno de sus primeros cuentos, Ligero y tibio como un sueño, el personaje regresa a su pueblo tras una larga ausencia y encuentra todo cambiado, ¿Cómo encontró usted su pueblo a su regreso tras el exilio?

“Si no recuerdo mal, en esa narración está todo cambiado menos lo esencial. Esto es lo que siento yo mismo cada vez que regreso después de una ausencia larga. El destino de un hombre es como un periplo: por lejos que ande, por más vueltas que se dé, siempre regresa a lo mismo. Todos somos Ulyses y tarde o temprano llegamos al mismo puerto”.

¿La nostalgia es uno de los ejes de su narrativa?

“A veces se tiene a la nostalgia como sinónimo de melancolía, pero es todo lo contrario. La melancolía en realidad es malhumor, está relacionada con la estupidez. La nostalgia es algo más noble y, como la misma palabra lo indica, significa dolor del regreso, dolor de regresar. Y esto sí, lo reconozco, estuvo presente en mí desde siempre, desde el día en que siendo niño abandoné mi casa en Yala para ir donde había escuela”.

¿A qué narradores contemporáneos se siente más cerca?

“Contemporáneo, como adjetivo, es equívoco. Me siento contemporáneo de Gogol y Melville. Pero a medida que los años transcurren se acelera el pasaje y nos vamos quedando solos de contemporáneos propiamente dichos. Si tuviese derecho a resumir en un par de nombres a mis escritores padres diría que Sarmiento, sobre todo en Recuerdos de provincia , Facundo y Viajes , y a Gogol en toda su obra”.

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