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En adultos y adolescentes

Por Redacción

Por

Dra. Valeria Ferreyra (*)

El TDAH siempre fue considerado como un trastorno psiquiátrico infantil y se pensaba que el cuadro clínico desaparecía al llegar a la vida adulta. Es, a partir de la década del 80 cuando este trastorno es aceptado para su diagnóstico en los adultos.

Es característico que los síntomas aparezcan en la infancia y que vayan disminuyendo su intensidad cuando nos acercamos a la adolescencia. Generalmente, la impulsividad e hiperactividad de los primeros años se reducen, y persisten las fallas atencionales, siendo lo más relevante en esta etapa, aunque también podemos encontrarnos con un cuadro más completo. En ocasiones los padres descubren el trastorno cuando realizan la consulta por su hijo, al cual reconocen con las mismas características.

Cabe destacar que si bien, la sintomatología para realizar el diagnostico en esta etapa ya no es tan florida, la repercusión del trastorno en la vida cotidiana es muy importante e invalidante, tanto para el paciente como para su familia.

Son pacientes con dificultades para quedarse quieto con incomodidad para aguardar un turno o quedarse sentado en una reunión, tienen tendencia a hablar demasiado, a interrumpir las conversaciones o a usar el teléfono de forma abusiva. Necesitan con frecuencia interrumpir sus actividades, sea estudio o trabajo y realizar actividades que le impliquen descarga de energía. Suelen realizar múltiples actividades a la vez sin poder concluirlas. Pueden reaccionar con ira si tienen que esperar, suelen ser irritables y con baja tolerancia a la frustración. Suelen tener olvidos frecuentes (turnos, llaves u objetos de valor) inclusive de actividades de suma importancia para el sujeto. Les cuesta seguir actividades que se realicen en forma secuencia y organizar su actividad laboral priorizando las tareas. En algunos pacientes se destaca el insomnio. Como antecedente solemos observar la historia de fracaso escolar, con múltiples cambios de escuela y dificultades para finalizar los estudios y o sostener trabajos.

Al igual que en la infancia, las patologías asociadas son muy frecuentes, algunas de ellas a consecuencia del trastorno no tratado en su primera etapa, tales como abuso de sustancias, trastornos de ansiedad , del humor y de personalidad.

Actualmente existen tratamientos adecuados para este trastorno que permiten mejorar la calidad de vida del paciente y su entorno aliviando un sufrimiento de muchos años.

(*) Psiquiatra infantojuvenil Miembro de Epsire

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