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El Papa Francisco no viene; ¿Papá Noel está confirmado? 
El Papa Francisco no viene; ¿Papá Noel está confirmado? 

Por: Alejandro Castañeda
afcastab@gmail.com

17 de Noviembre de 2019 | 02:27
Edición impresa

El domingo pasado hubo caprichosas conmemoraciones: mientras China celebraba el Día del Soltero, en un pueblito italiano se festejaba el Día del Cornudo. Feliz coincidencia entre celebraciones que se complementan y se retroalimentan. Los cornudos son casados a quienes de golpe un entrometido los hace sentir otra vez solteros. A la jornada china la aprovecharon más los comerciantes que los solitarios. Fue uno de los mejores días de ventas. Los solteros a falta de regalos ajenos, se obsequian ellos mismos. El aislamiento suele acomodarse mejor si uno tiene para gastar. A falta de saludos y obsequios, arman su pequeño árbol navideño, miran vidrieras, y eligen sus regalos. A la otra mañana, abren esos paquetes hasta con algo de sorpresa, como para que el embrujo se mantenga. La soltería es toda una militancia que acaba afirmando el valor de la autogestión y el aislamiento, un estado en sí mismo que desafía al amor. Los que andan sin pareja son los más gastadores, dicen las encuestas. Es un colectivo que se alimenta de esos desengañados y desconfiados que prefieren incomunicarse antes que andar maniobrando entre amoríos desgastantes. Y forman una tribu variada que se ha ido familiarizando con las casas silenciosas, el “todo para uno” y la falta de confidencias. Los solteros chinos ese día se entrecruzan en la calle y hay cierto alborozo contenido a la hora de regalarse algo para celebrar una vida despoblada y taciturna, que elige la soledad y reniega de afectos y descendencia.

CORNUDOS DE FIESTA

Rocca Catterano es un pequeño pueblo de Italia donde viven unos 200 habitantes. Pocas cosas llaman la atención. Una de ellas, sin embargo, alcanza para que cada noviembre el mundo mire de reojo esa geografía recóndita donde la infidelidad tiene validez turística. Es que el 11 allí celebran “la fiesta de los cornudos”. Esta tradición, que se remonta a siglos atrás, tiene por objeto homenajear a engañados y engañadas. Nació como reverencia a San Martín, obispo de Tours, patrono de los trampeados. La fecha pide agasajo y clemencia para apañar a ese batallón de distraídos que no vio o no quiso ver. A la celebración en Rocca Canterano la preside alguna persona seleccionada del pueblo al que llaman el “gran cornudo del año”, un vecino bien sufrido que ese día capitanea un equipo de abatidos que comparten broncas y lamentos. A su alrededor suenan instrumentos con música medieval y hay relatores afligidos que rememoran desencantos. Este festín de perdedores le acaba dando triste algarabía a la traición. Y obliga a los cornudos, cada 11 de noviembre, a recordar lo que nunca podrán olvidar.

MADURO ADELANTO LA NAVIDAD

Por orden presidencial, el Niño va a nacer antes en la inefable Venezuela. Maduro aspira a que el adelantamiento del pesebre sirva para sofocar el descontento. Por eso ordenó que la celebración empiece un mes antes y por eso repartió dinero para evitar el efecto contagio de una región a la que ni el mejor Papa Noel logra ilusionar. “Iniciamos las navidades 2019 con un pueblo victorioso, que tiene derecho a la Paz y a la felicidad. Serán seis semanas de gaitas, bailes, villancicos y de una profunda espiritualidad”, ha dicho Maduro. No está mal la idea de ir poniendo el calendario festivo a la altura de las necesidades presidenciales. Allá, la Navidad llegó antes. Y aquí creíamos que no iba a llegar nunca. La orden de Maduro demuestra que las revoluciones también operan sobre el tiempo, las creencias y el fixture divino. Hasta la primavera venezolana deberá aguardar el visto bueno de este mandón payasesco que abandonó el pajarito de Chávez para escuchar a los corderitos del pesebre. Está visto que es potestad presidencial la de poner el tiempo también bajo su dominio. Maduro sabe que en otros lugares de la región se están adelantando los fuegos artificiales. El Papa no vendrá. ¿Papá Noel, sí? Por eso Maduro armó una Navidad fuera de tiempo para darle unción y sosiego a un almanaque sudamericano que se va quedando sin paciencia, sin reservas y sin fiestas.

Pensar que Chile y Bolivia peleaban por una salida al mar. Y hoy desesperan por encontrar una salida.

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