Dos siglos después de su invención, los estetoscopios -verdadero símbolo de la profesión médica- enfrentan un futuro incierto.
Su supervivencia se ve amenazada por aparatos que también son colocados en el pecho pero que usan tecnología ultrasónica, inteligencia artificial y aplicaciones de los teléfonos en lugar de los oídos del médico para detectar filtraciones, soplos, ritmos anormales y otras áreas.
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