La singulares geoformas del Valle de la Luna activan la imaginación del turista y lo hacen sentir en un gran museo de arte moderno a cielo abierto, con un gusano, un submarino, hongos y hasta una esfinge de piedra, entre otras gigantescas figuras.
La erosión del viento, el tiempo y las aguas de un mar desaparecido hace millones de años dejó obras únicas en tonos marrones, ocres, rojos o blanquecinos, que reverberan bajo el impiadoso sol del desierto e hicieron famoso al Parque Provincial Ischigualasto.
EN LA VECINA LA RIOJA
Junto al Parque Nacional Talampaya, en la vecina La Rioja, con el cual comparte la misma placa geológica, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2000 por Naciones Unidas.
El sol pega fuerte desde arriba y también refracta en las piedras y recalienta la arena, por lo que para los paseos no solo hay que protegerse con sombrillas, sombreros y cremas filtro, sino también con calzado de suela gruesa y dura, para que no sea atravesada por la espina suelta de algún cardón en el suelo.
Estas excursiones -siempre en vehículos y con guías autorizados- tienen su primera parada frente a El Gusano, que desde lejos parece una versión gigante de ese insecto, y siguen hacia Los Rastros, una formación oscura, de capas de sedimento con mucho carbono, producto de la descomposición de antiguos bosques y una variada flora prehistórica.
Ese sendero conduce al balcón sobre Valle Pintado, una depresión con prominencias como domos o conos, con numerosos estratos también sedimentarios de tonos grises, rojizos y ocres.
VERSIONES DEL ORIGEN
Una de las varias versiones del origen del nombre Valle de la Luna se adjudica a Valle Pintado, ya que se dice que es similar a lo primero que se conoció por fotos de la superficie lunar.
Los guías también cuentan que en documentos que datan de 1907 ya se hacía referencia a la denominación actual, porque los arrieros llevaban su ganado por el que llamaban “Valle de la Luna”, en referencia a la imponente vista del satélite natural que se tenía desde ese lugar.
La Cancha de Bochas está en una explanada, compuesta por curiosas esferas del tamaño medio de una pelota de fútbol, a la que se llega por un sendero que pasa frente a La Esfinge, geoforma semejante al famoso monumento egipcio, pero como todo depende de la imaginación a muchos les recuerda a un gato en reposo.
EL SUBMARINO “AVERIADO”
En lo más alto de la excursión se llega a El Submarino, “averiado” desde 2015, cuando un fuerte viento volteó una de sus torres, y luego el camino desciende hasta El Hongo, emblemática figura junto a la cual todos los turistas quieren una foto.
La erosión y el viento también destruyeron las geoformas El Loro y La Lámpara de Aladino, pero crearon otras, como algunos nuevos “hongos” surgidos cerca del actual y figuras que se forman en rocas antes sin forma definida, que esperan su oportunidad para ser oficializadas.
En tanto, algunas ya tienen nombres populares o provisorios, como el Mapa de San Juan, La Mulatona, El Perro, Las Lolas y La Mariposa, entre otros motes que se corresponden con las imágenes.
Después de recorrer unos 40 kilómetros de senderos polvorientos bajo el sol, es oportuno dedicarle un rato al Centro de Interpretación del parque, montado por el Museo de Ciencias Naturales.
Allí se pueden observar fósiles y réplicas de animales, en especial saurios, que vivieron allí cuando el valle era un vergel de bosques, ríos y pantanos, además de muestras explicativas de la conformación geológica del suelo y las elevaciones.
SUSCRIBITE a esta promo especial