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Marketing y realeza: reinventarse y venderse bien para subsistir

Los emprendimientos polémicos de las casas reales y aquellos que fracasaron más allá de la fama de sus dueños. También algunas marcas que hicieron trampa

Marketing y realeza: reinventarse y venderse bien para subsistir

La reina Victoria Eugenia en la publicidad de cremas para el rostro

Por: VIRGINIA BLONDEAU
vivirbien@eldia.com

22 de Marzo de 2020 | 07:04
Edición impresa

Mientras esperamos que llegue el 31 de marzo, día en que Harry y Meghan dejarán de ser miembros senior de la Casa Real y ya no podrán seguir usando la tan polémica marca Sussex Royal, sigamos recordando a algunos otros príncipes, e incluso reinas, que fueron protagonistas (voluntarios e involuntarios) de picantes historias relacionadas con el marketing y la publicidad.

El príncipe Carlos Manuel de Borbón Parma creó en 2010 una empresa que vendía preservativos

 

Uno de ellos fue el príncipe Carlos Manuel de Borbón Parma, perteneciente a una de las ramas italianas de los borbones, quien, junto con el supuesto conde Gil de Bizemont, creó en 2010 una empresa que vendía preservativos. Pero no cualquier tipo de preservativos. Se trataba de The Original Condom Company, una línea vip en cuya publicidad se remarcaba el origen patricio de sus dueños y en su lujosa caja tenía grabada una corona dorada. El eslogan de la marca era “Sexo seguro con elegancia”. El producto se vendía on line a Estados Unidos y provenía, según figuraba en la caja, directamente desde Condom, una localidad del sur de Francia. Pero la marca The Original Condom Company- From Condom, France era un juego lingüístico: Condom significa “profiláctico” en inglés pero nada tenía que ver con el pueblo medieval francés. A los “condoneses” no les interesaba en absoluto que fuera utilizado de esa manera el nombre de su pueblo. Por empezar los profilácticos se fabricaban en Malasia, no en Condom, y ellos no formaban parte del proyecto, ni recibían beneficios ni era una empresa que daba trabajo a sus habitantes. Carlos Manuel de Borbón-Parma hizo valer su condición de descendiente del rey Luis XIV, puso una oficina en Condom, intentó demostrar como con su negocio se vería incrementado el prestigio de sus habitantes pero… de nada le sirvió y el intendente de Condom interpuso una demanda para que no se usara la denominación de origen en el packaging de los preservativos. A pesar de que la empresa había cosechado éxitos en sus primeros años, en 2014 cerró definitivamente.

Si viajamos hasta Alemania nos vamos a encontrar con una fábrica de cerveza que fue creada en 1280 por los Wittelsbach, la dinastía que gobernaba la región de Baviera. Bajo la marca Koning Ludwig Schlossbrauerei comercializan hasta hoy diferentes tipos de cerveza y otros productos. El nombre significa “Cerveza del castillo del rey Luis” y hace alusión al rey Luis I de Baviera quien modernizó la empresa y la legó a su familia a tal punto que uno de sus descendientes, el príncipe Luitpold, es quien está a cargo actualmente. Hay que decir que Luis ha dejado un legado importantísimo: cuando el 12 de octubre de 1810 se casó con Teresa de Sajonia-Hildburghausen, la fiesta duró varios días y fue regada generosamente con cerveza. Año a año, para esas fechas, se conmemoraba de igual manera el aniversario y nació así el Oktoberfest. Después dicen que la realeza es aburrida y obsoleta…

Mucho más elegantes fueron las incursiones en el mundo de la publicidad de dos reinas: Victoria Eugenia de España y María de Rumania, primas entre ellas, prestaron su imagen para las publicidades gráficas de las cremas para el rostro Ponds. La elección de las modelos no podría haber sido mejor: Ena y María fueron las reinas que mejor encararon el estilo de la belle-époque de principios del siglo XX. Según cuenta el diario español El Mundo, Victoria Eugenia puso condiciones para aceptar: su imagen en el aviso debía ser un retrato que le había realizado Laszlo, su pintor favorito; no haría declaraciones de las bondades del producto, y recibiría la suma de 4 mil dólares para sus obras de caridad. Finalmente la publicidad salió en octubre de 1926 en la revista Mc Calls, de Estados Unidos. Nunca se publicó en ningún medio español. Era tal la pacatería de la corte española que, por más que fuera por una buena causa, que la reina se cuidara la piel podía verse como pecaminoso…

La fábrica de cerveza creada en 1280 por la dinastía que gobernaba Baviera sigue en pie

 

Y nos quedamos en España para recordar un episodio que sí tiene algo de pecaminoso pero, sobre todo, está en el límite de la ética publicitaria. En 2010 y 2012 los entonces reyes Juan Carlos y Sofía fueron protagonistas involuntarios de la campaña de Ashley Madison, una red social para conseguir parejas. La red está especialmente dirigida a personas casadas o con compromiso. “La vida es corta. Ten una aventura” es su frase de presentación.

Aunque duró unas pocas horas colgado, algunos transeúntes lograron ver en la Gran Vía madrileña un cartel en el que aparecían el príncipe Carlos, el rey Juan Carlos y el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton, tres confesos y conocidos infieles, junto a la leyenda “¿Qué tienen estas ‘realezas’ en común? Deberían haber utilizado Ashley Madison”, queriendo remarcar así la discreción con que opera el sitio web. Tiempo después apareció una publicidad gráfica que era, en realidad, un fotomontaje del monarca con dos bellas mujeres y en epígrafe que decía “El mejor lugar para cazar una aventura” en clara alusión al safari a África que Juan Carlos habría realizado con su amiga íntima, Corina Larsen.

Pero la gota que colmó el vaso fue cuando Ashley Madison se metió con la reina Sofía, el miembro de la familia real mejor valorado en 2012 por los españoles. En la revista satírica “El Jueves” se publicó un nuevo fotomontaje en el que aparecía la reina, sonriente, abrazando a un joven, y cuyo epígrafe era: “Ya no tendrás que pasar la noche sola”. Era una clara alusión a algo de lo que todo España hablaba: la mala relación que había entre la pareja real a causa de las continuas escapadas de Juan Carlos. La empresa ofrecía así los servicios a damas despechadas. Sofía lo podría haber interpretado como una revancha pero pesó más la humillación así que demandó a la empresa a título personal por protección de su derecho al honor. En un hecho sin precedentes utilizó los servicios de un estudio de abogacía privado en lugar de la defensoría del estado.

Juan Carlos y Sofía de España fueron involucrados en una campaña de una red social para parejas

 

Aunque Isabel II se haya empeñado en evitar que Harry y Meghan sean “propietarios” de una marca y la utilicen para su beneficio por considerar que eso está reñido con su papel de príncipes de la corona, en países más pequeños, la corona misma tiene negocios privados. Los Países Bajos son, por ejemplo, accionistas de la petrolera Shell y el principado de Liechtenstein oficia como paraíso fiscal, siendo, prácticamente, una “nación-banco”. El príncipe Juan Adams y su hijo Alois, que es quien ejerce el poder ejecutivo, son los únicos monarcas europeos que tienen realmente poder en la Europa monárquica moderna y participan activamente de las operaciones financieras del principado.

En el mismo estilo pero con menos poder del monarca y con mucho más savoir faire, tenemos al principado de Mónaco. Los príncipes Florestán II y Carlos III reinaron en el país a mediados del siglo XIX y fueron quienes encontraron la solución para sacar a Mónaco de la bancarrota: los juegos de azar. Y así fue como convirtieron al pequeño país en el gran casino de Europa y en un centro de entretenimientos que incluían teatros y gastronomía. Los negocios fueron de manos públicas a manos privadas en varias ocasiones hasta que ya en el siglo XX la Société des Bains de Mer, una empresa propiedad del estado, se hizo cargo de todo y así Mónaco se convirtió, de la mano de Grace Kelly y, más tarde, de su hija Carolina, en sinónimo de glamour. Actualmente, el príncipe Alberto, aunque con un perfil mucho menos frívolo y poniendo el acento en la conservación del medio ambiente, continúa con el negocio familiar.

Bueno… siempre lo hemos dicho desde estas páginas: marketing y realeza no son incompatibles. Más bien son indisolubles. Porque en los tiempos que corren hay que reinventarse y venderse bien si se quiere subsistir. Claro que dentro de ese marco hay que tener mucho cuidado con una variable que es el valor supremo de las monarquías: la ética. Y, convengamos, algunos emprendimientos están en el límite. Esperamos, desde estas páginas, que nunca lo traspasen.

 

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La reina Victoria Eugenia en la publicidad de cremas para el rostro

Uno de los polémicos carteles de la campaña publicitaria de Ashley Madison

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