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Recomendados para la cuarentena “Tiger King”, la bizarra serie que obsesiona a todo Twitter

La historia del exótico dueño de un zoo que quiso matar a la competencia se zambulle en un mundo donde todos mienten

Recomendados para la cuarentena “Tiger King”, la bizarra serie que obsesiona a todo Twitter

El polémico Joe Exotic en su zoológico / Netflix

Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

6 de Abril de 2020 | 04:48
Edición impresa

El documental en la televisión tiene una larga tradición solemne y didáctica, relatando con sus voces en off graves los problemas de la historia, de la naturaleza, de la sociedad desde un punto de vista único, enciclopedista. Objetivo, supuestamente, claro está.

A su sombra, desde ya, se cultivaron otras vertientes, y se gestó también una especie de hermano bastardo: el documental de “true crime”, sobre crímenes verdaderos, pasó en la pantalla chica de unos inicios de investigación y rigor a un género sensacionalista, que pobló los canales de cable “altos” de crímenes bizarros y mostró la Estados Unidos profunda al mundo.

“Tevé basura”, no dudaron los especialistas en catalogar a ese género que recuperaba historias de crímenes reales. Pero ahora la forma ha vuelto a la legitimidad, gracias a series documentales como “The Jinx” y “Making a murderer” y al éxito que han tenido en las plataformas on demand. Desde su estreno hace más de un lustro, estas series documentales marcaron el camino para que historias sobre asesinos y estafadores proliferaran en la pantalla de Netflix, siempre con un formato clásico (y bastante formulaico) pero, en general, con relatos de esos que atrapan y no sueltan.

De esas telas, de retazos de un género que captura la imaginación de los cuarentenados y de aquella EE UU empobrecida, amante de las armas y de la tevé, está fabricada “Tiger King”, la serie de Netflix que es la última obsesión de Twitter. Una máquina de memes sobre un exótico dueño de un zoológico privado de grandes felinos perseguido por una supuesta proteccionista de animales: él tiene dos maridos, canta música country con espectaculares videos que incluyen a sus tigres, y quizás haya intentado matarla a ella; ella explota a sus propios tigres enjaulados a pesar de proclamar su defensa de los derechos animales, y quizás haya matado a su esposo. Alrededor de ellos, una caterva interminable de personajes e historias más extraños que la ficción.

El exótico

Por méritos de su excentricidad, Joe Exotic es el protagonista de esa galería de criaturas que serían caricaturescas, puro trazo grueso, si no fueran reales: juega con tigres y panteras en el patio de su casa, viste siempre de animal print, fue candidato a gobernador y presidente, hace canciones de country bien berretas, tiene dos maridos y sostiene un zoológico con más de 150 felinos grandes junto a un equipo de trabajadores fieles, a quienes rescató de la marginalidad pero a quienes hace trabajar por migajas. Ah, y tiene un reality por internet que tiene la calidad que imaginan, donde a menudo dice que va a matar a su rival, Carole Baskin, simulando incluso fusilamientos con una muñeca inflable.

Los problemas comienzan cuando Baskin, también vestida de gato, comienza a hostigar al zoológico de Joe Exotic, acusándolo de abusar y traficar animales y animando desde internet a su cierre. Pero ojo, porque Baskin tiene su propio zoológico de animales “rescatados”, con los que lucra, y que se sostiene gracias al aporte de innumerables “voluntarios”.

La exploración de los bajos fondos de este mundillo genera ese escalofrío que las redes llaman “cringe”, como si uno estuviera viendo otra vez al Michael Scott de “The Office” o a Larry David en “Curb your enthusiasm”. Pero rápidamente se revela que detrás del bizarro hay algo siniestro, una historia de culto a la personalidad, violencia, abuso y crimen de mil aristas. Baskin no solo explota a sus empleados gracias a los simpáticos videos que la han vuelto una personalidad de internet; además, podría haber matado a su marido multimillonario para hacerse con su fortuna. El simpático Joe parece haber “cazado” a sus dos maridos volviéndolos adictos a la heroína; uno de ellos parece haberse quitado la vida, aunque quizás fue un accidente. Los últimos dos episodios son un sálvese quien pueda donde empleados y socios, todos con las manos manchadas del negocio millonario del tráfico de animales exóticos, traicionan a Joe para evitar la cárcel. Y lo logran, a pesar de las evidencias de que Joe era apenas la punta del iceberg de un fenómeno que permite que haya más tigres en cautiverio, en Estados Unidos, que libres en el resto del mundo.

Nadie se salva en “Tiger King”, y eso es lo fascinante de ver esta serie que explora de forma algo desprolija, deshilachada y circular el universo del tráfico de animales: ese desorden replica el caos de un reino en el que sus protagonistas creen que la verdad es de quien grita más fuerte. Y todos mienten, pero bien alto: “Tiger King” utiliza el género para mostrar la volatilidad de la verdad en tiempos de fake news, y antes que querer “decir” algo, coloca la cámara y deja que todos hablen, que todos mientan, que todos se incriminen.

 

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