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La peste de las estatuas: la bronca descargada en los monumentos

La oleada de protestas por la discriminación se llevó puesta a cientos de figuras emblemáticas en varias partes del mundo, desde Colón hasta Jeffersos

La peste de las estatuas: la bronca descargada en los monumentos

El monumento a los cinco sabios en el Bosque

Por: ABEL BLAS ROMÁN (*)
vivirbien@eldia.com

2 de Agosto de 2020 | 08:24
Edición impresa

Toda nuestra atención es atraída por la abigarrada información sobre el virus que amenaza a todo el planeta, su curva de contagio, el número de fallecimientos, la posible aparición de una vacuna salvadora, la duración del interminable confinamiento. Pero como dice el tango “el mundo sigue andando”. Y en ese andar otra peste mundial se extiende, pero esta vez el virus ataca a las estatuas o a los monumentos de figuras que en otros tiempos fueron exaltados como héroes de la ciencia, de la política, del arte o de la geografía. Incluida las hazañas bélicas. Hoy son el eje de furibundas polémicas. Desde la muerte de George Floyd por el brutal procedimiento de cuatro oficiales de la policía de Minneapolis, los grupos que desde el fondo de la historia vienen clamando por el cese de la violencia racial han sido desbordados por fogosos militantes con la manía de derribar las estatuas o esfinges de aquellos a quienes consideran cómplices o precursores de la violencia contra la humanidad. Cristóbal Colón ha dejado de ser el explorador visionario, valiente navegante, con la audacia y el ingenio para parar el huevo ante la Reina Isabel y así convencerla de entregar sus joyas para financiar la expedición que culminaría con el descubrimiento del Nuevo Continente para ser radicalmente controvertido por el impacto letal que su llegada tuvo sobre los pueblos indígenas. Así ha caído su cabeza y arrastrado su cuerpo en ciudades de Estados Unidos como Boston, Richmond, Minnesota, Houston y varias otras localidades de la Florida y otros estados poniendo en guardia al resto.

Han sufrido ataques las del General Lee, Jefferson y otros protagonistas de la historia norteamericana. El fenómeno se ha extendido a Europa donde en Londres, por ejemplo, se han arrastrado o mancillado las efigies de Colston, un acaudalado benefactor de la ciudad, cuya fortuna se debió al comercio de esclavos y la del mismísimo Churchill, primer ministro emblemático del Reino Unido. El movimiento insinúa extenderse y profundizarse. En nuestro país el monumento a Roca en Bariloche ha sido eje de una encendida disputa. Por las dudas algunas de las figuras homenajeadas en nuestra ciudad ya se han puesto barbijo: desde Eva y Juan Domingo Perón hasta Raúl Alfonsín se lucen en plena Plaza Moreno con ese ejemplo o por su propia prevención.

Nuestra ciudad, dueña de un tesoro iconográfico de valía universal, debiera estar especialmente prevenida para resguardarlo con esmero. No es este el lugar para un inventario abundante y riquísimo pero intentemos un resumen: enmarcado por el antiguo y pintoresco monumento a Carlos Gardel y el moderno y magnifico de René Favaloro en el centro del Bosque platense se levanta majestuoso el Monumento a Mitre, obra de Alfredo Bigati, es un testimonio del modernismo porque el Grupo Escultórico es más imponente que la imagen del hombre y donde otras figuras rinden homenaje al trabajo y a la fuerza de la nueva ciudad. A pocos metros el de “Los 5 sabios”: Ameghino, Korn, Almafuerte, Vucetich y Spegazzini, marca como La Plata valoraba a su héroes del pensamiento.

“No juzguemos la historia con los criterios morales de 2020”

 

Después, cada plaza con el monumento que corresponde a su nombre entre las que se destaca la dedicada su fundador, Dardo Rocha, con la bellísima obra de César Sforza, en la que sólo un medallón muestra la imagen de Rocha, en tanto el sólido macizo de piedra destaca el trabajo, la creatividad, la virtud cívica y la ciudad universitaria. La intención deliberada del autor era apartarse de la escuela clásica mas inclinada a reverenciar a los hombres poderosos que los empeños elevados de la humanidad en su conjunto. Con la arboleda de excelencia y el edificio sobrio y elegante de la Biblioteca de la Universidad, se configura un singular lugar de la Ciudad que es todo un símbolo. La excelsa Plaza Rocha.

Suficiente para una nota que tiene otro propósito. Quien quiera recorrer ese sendero monumental y sugerente de la Ciudad, pleno de valores artísticos e históricos puede recurrir entre otros, a Estanislao de Urraza “La Plata ciudad de Mayo” 1981 , o a Ricardo González “Programa de Inventarios de Esculturas” 2001 o al estupendo Suplemento Aniversario del Diario “EL DIA”, marzo de 2013 o la nota “La estatuas y los Misterios de La Plata” en ejemplar del 17 de agosto de 2017 y numerosas notas alusivas sobrantes en el Archivo del diario.

Desde el silencio de España hasta la posición categórica de Macrón: “En Francia no se permitirá que caiga una sola estatua cualquiera sea la adhesión o el cuestionamiento a las figuras que evocan, porque ellos son la Francia misma con sus grandes momentos y los terribles errores. Son el testimonio de cada época con sus glorias y sus miserias. Es bueno no olvidar ninguna herencia para repetir las ejemplares y no incurrir en las mismas necedades”, es posible sostener las opiniones más diversas.

Consultados los EXPERTOS EN VIVIR, sobre el tema de las estatuas derribadas reflexionaron sabiamente: “hemos visto levantar pedestales sin ninguna razón valedera para verlos, luego, venirse al suelo, con igual ausencia de fundamento. Desde el coloso de Rodas a la estatua de Zindine Zidane y su célebre cabezazo que se implantó en la explanada del centro Pompidour en París, han desaparecido sin destino cierto cientos de bustos, cabezas imperiales y cuerpos enteros de mármol o bronce”.

Mejor suerte han corrido las que se erigieron a valores más abstractos como la Estatua de la Libertad en Nueva York dedicada al más elevado de los ideales o la Torre Eiffel en París en homenaje a la modernidad o el Obelisco de Buenos Aires en conmemoración de la gesta de la fundación. En nuestra ciudad se han salvado de la iracundia, no, por cierto del vandalismo, muchos íconos valiosos. El conjunto del escultor Pietro Costa, originalmente constaba de ocho partes, se rescataron cuatro y lucen en el bosque las plantadas para la honra de La Agricultura, La Industria, El Comercio y Las Artes”, las misteriosas “Cuatro Estaciones” del insigne Rivoire que signan la Plaza Moreno junto a la pequeña pero muy bella alegoría del Océano Atlántico de Mathurin Noreau, están restauradas e invictas.

También se conserva en “La Plaza de la Ingeniería” una obra maestra del artista argentino nacido en Checoslovaquia, Gyulia Kosice, construida en 1982 en honor a la ingeniera platense y con motivo del Centenario de la ciudad, “El Faro de la Cultura” es apreciado en todo el mundo por su rango artístico y por constituir un signo de ruptura de los moldes clásicos y audaz gesto de postmodernismo. Su ubicación en avenida 7 y 520 (la modernidad en pleno Tolosa, el pueblo más antiguo de La Plata) y el ingenio popular que lo ha bautizado como “El Rallador” hace que no sea aquilatado en su verdadera dimensión. El caso es que el tubo no es más que el artefacto que genera el verdadero monumento que es en movimiento y está conformado por el juego de las aguas y las luces de una belleza blanda y serena. El encendido es poco frecuente por su costo, pero el entorno ha subsistido sin vandalismo y la plaza está cuidada. Digno de visitar sobre todo al atardecer. El monumento de agua y luz danzando está considerado como una de las mejores expresiones de la llamada escultura cinética (en movimiento) del mundo.

La conclusión de los EXPERTOS fue clara y contundente: “dejemos que los muertos descansen en paz, cuidemos nuestra ciudad con sus inmensos tesoros escondidos, estemos prevenidos de los desmanes de los extremismos que ya demasiado daño han hecho los vándalos. Cuidar la Ciudad!!! Es el reto. Ya lo recomendaba Aristóteles `La Ética`: Cuidar la `polis´ es cuidar nuestro hogar, nuestros hijos y a la vez nuestra república y el mundo entero. Es cuidar de nuestras personas y de toda la humanidad, es cuidar nuestra morada y por ende nuestra vida”.

Lo decía tres siglos y medio antes de Jesucristo y nosotros no terminamos de aprender la lección. Mantengámonos en nuestro camino con todo el empuje posible, no distraigamos nuestra energía en las disputas, menos aún, en las de nuestros antepasados. No juzguemos la historia con los criterios morales de 2020. Si es cierto que bastaron dos meses para desordenar doscientos años, nos espera una tarea ímproba. El futuro se juega tras la pandemia, en esta época de incertidumbre global, de temores sobre si el provenir nos depara un orden más humano o más robótico, la esperanza no se robustece con disputas ideológicas o rencillas políticas mezquinas, sino con solidaridad colectiva que no es una ilusión sino lo único que puede salvarnos. A ello dediquemos nuestros mejores esfuerzos y a no averiguar si Colón paró el huevo de verdad o es sólo una leyenda.

 

(*) Ex Intendente Municipal

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