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Parto respetado: historias y protagonistas

Desde hace años, el tema encabeza la agenda en mayo. Esta temporada, el lema elegido es “El respeto por las necesidades de la madre y su bebé en cualquier situación”. Hablamos con especialistas y con mujeres que pasaron por la experiencia

Parto respetado: historias y protagonistas

Una mujer da a luz en una pileta, acompañada por su pareja y asistida por un equipo de especialistas que respetaron sus deseos

Cecilia Famá

Por: Cecilia Famá
vivirbien@eldia.com

15 de Mayo de 2022 | 07:26
Edición impresa

En los días venideros, nuestro país se sumará a la Semana Mundial del Parto Respetado. Esta fecha se estableció en 2004, por una iniciativa de la Asociación Francesa por el Parto Respetado, y recibió los avales de UNICEF y la Organización Mundial de la Salud.

En Argentina existe una Ley Nacional, la 25.929, promulgada el 17 de septiembre de 2004, que garantiza los derechos de las personas gestantes y sus bebés antes, durante y después del parto. Pero, ¿qué es un parto respetado? “Mucha gente puede pensar equivocadamente que un parto respetado es solamente aquel que se opta por tener en una casa, sin recurrir a un hospital”, aclara la psicóloga Diana Hunsche, licenciada en Psicología, psicóloga clínica y psicogenealogista, “pero, en realidad, la ley no se refiere a un tipo de parto en especial: cualquiera, sea natural o por cesárea, en casa o en una clínica, debe contemplar los derechos de la persona gestante. Es decir que tener o no un parto respetado no es algo que se ‘elige’, sino un derecho”.

Elegir un parto “convencional” también es parte de la ley, ya que lo primordial es el derecho a libre elección

“Un parto irrespetado es aquel en el que se somete a la persona gestante a prácticas invasivas innecesarias; por ejemplo, acelerar el alumbramiento para acomodarlo a la agenda del obstetra, realizar una cesárea o una episiotomía innecesarias. Además, si durante el trabajo de parto la persona pide anestesia por no poder tolerar los dolores, es su derecho recibirla, siempre y cuando no exista un riesgo asociado”, agrega Hunsche, autora del libro “¿A terapia, yo?”.

“En un parto respetado, la persona gestante tiene derecho a estar acompañada, tanto en las consultas médicas y ecografías durante el embarazo, como en el momento del parto, incluso si es una cesárea. Es decisión suya quién o quiénes la acompañarán: pareja, familiares, amistades, etc. Este derecho sufrió una alteración drástica durante la pandemia de Covid-19, ya que, por los protocolos de seguridad, se estableció que solamente podía haber acompañantes en el momento del parto, pero no durante las consultas médicas ni las ecografías. Esto se hizo para proteger tanto al personal de salud como a sus pacientes, previniendo los contagios. En este caso, excepcionalmente, fue necesario supeditar el derecho de la persona gestante a un bien común, como era cuidar la salud de toda la comunidad, que también la incluye”, dice la experta, quien trabajó en el Sanatorio Güemes con el equipo del doctor René Favaloro.

Laura con sus hijos Jeremías y Timoteo

Diana es mamá de Mariela (31) y Federico (27). Su hija nació por parto natural, y Federico por cesárea. “Quiero señalar que antes del nacimiento de Mariela tuve otro embarazo, que llegó al octavo mes, pero el parto se desencadenó prematuramente y me llevó a una cesárea. El bebé, Rodrigo, falleció a las 8 horas de nacer. Tras aquella cesárea de emergencia, luché para que mi siguiente parto fuese natural. Tuve la fortuna de encontrar, recién en mi sexto mes de embarazo, un médico dispuesto a apoyarme en mi decisión, a pesar de que en aquel entonces no se consideraba viable un parto vaginal luego de una cesárea. Él, en cambio, me garantizó esa posibilidad usando los mismos argumentos que esgrimían quienes se oponían; lo logré y fue maravilloso. En el caso de Federico, tuvimos que ir a cesárea porque se interpuso el cordón umbilical; si no, también hubiese sido un parto natural. La cesárea fue imprescindible para un desenlace feliz. Esto demuestra que es derecho de la persona gestante consultar si puede tener el tipo de parto que desea”, cuenta Diana, compartiendo su historia personal de dolor y resiliencia.

LA TRANQUILIDAD DE SER LIBRE PARA ELEGIR

Una mamá de 34 años que prefiere preservar su identidad, y que tiene un bebé de 6 meses, cuenta que se decidió por un parto respetado luego de haber hecho algunas consultas con una obstetra “tradicional”, con quien no quedó conforme por los términos con los que se refería al proceso de gestación y algunos “consejos”.

“La médica no me trató mal ni mucho menos, pero a pesar de haberme monitoreado en su consultorio y haber escuchado los latidos de mi bebé de 14 semanas aproximadamente, me dijo que me hiciera una ecografía y volviera a las 3 semanas para ‘comprobar su vitalidad’. Esa serie de palabras me angustió mucho; pensaba que quizás volvía y mi bebé estaba muerto dentro de mi panza. También aparecieron episodios de presión alta, que me decían que eran muy riesgosos -y que luego comprobé que eran por la situación de nervios que me generaba la consulta-; finalmente, apareció el tema del peso, cuando me aconsejó que me cuidara de no subir mucho porque me iba a costar recuperarme. Se centró en lo estético, cuando realmente a mí no me preocupaba en absoluto”, recuerda la mamá platense.

Un cambio generacional es que hoy las mamás están más dispuestas a pedir y recibir ayuda

 

“Tuve la suerte de enterarme del Programa Pronani del Instituto del Diagnóstico, mediante el cual se realizan partos respetados, y me acerqué a conocerlo” agrega: “me interesó la forma en que trabajan, que no hagan intervenciones si no son necesarias, y que fueran la pareja y el bebé el centro del asunto y no el obstetra. Hubo varias cosas que me gustaron, además de que fuera en una institución, en la que pudiera estar todo controlado, y a la vez tener la opción de que el parto fuera en el agua”.

Florencia Hortel, médica gineco obstetra que realiza partos respetados

“Ahí fue todo genial, porque me preguntaron si quería o no pesarme; mi presión volvió a ser baja, como siempre la he tenido, y tuve un proceso de preparación que me facilitó poder tener un parto siendo libre de elegir todo. En Pronani trabaja Lorena Ribot, que da los talleres de preparto y gimnasia para embarazas. Ella hablaba mucho, y nos decía ‘chicas, va a doler; es imposible que no duela porque es un proceso en el que el cuerpo tiene que adaptarse para algo que no lo hace todos los días. Va a doler pero tienen que entender la lógica de ese dolor: es un dolor que va y que viene, que no es constante, que da respiros. Entonces tenemos que saber estar preparadas para afrontar el dolor cuando aparece y para recuperar energías para cuando se va, entre otras cosas súper útiles para ese momento”.

“Tuve un proceso de preparación que me facilitó poder tener un parto siendo libre de elegir todo”

 

“A pesar de eso… el día de mi parto no fue para nada como lo hubiese pensado. Fue antes de lo previsto y un día en que había trabajado todo el día en un lugar nuevo, donde desde hacía unos meses tenía mayores responsabilidades y más horas de trabajo, tenía que moverme más. Estaba de 35 semanas, y a la madrugada rompí bolsa. Me puse en contacto con una partera y me dijo que me relajara, pero que iba a nacer. Ahí me acosté mientras mi pareja se puso a armar el bolso, me conecté con mi bebé y dije “si vos estás listo, yo estoy lista”. A las 8 aparecieron las contracciones y la partera me dijo que fuera a la clínica. Subí al 4 piso, entré a una de las salas de Pronani y me dijeron que me acomodara como estuviera cómoda: me puse en cuatro patas en el piso y entre mi pareja y la partera me pusieron una colchoneta debajo. Entré en un trance rarísimo, hice todo el trabajo de preparto así. Y luego fuimos a la pileta. Primero me metí yo y luego mi pareja, que me sostuvo por detrás. En 4 o 5 pujos nació mi hijo; nos lo dieron, nos quedamos un rato los tres juntos. Fue hermoso”, repasa la mamá primeriza.

“Durante el proceso me preguntaron si me podían hacer un tacto y accedí. Fue muy doloroso, pero yo elegí que lo hicieran. También me colocaron una vía con antibióticos porque aún no sabíamos si tenía o no estreptococo. Cuando vino la obstetra me dijo que tenía un pequeño desgarro, pero que se iba a ir solo. Mi bebé luego se empezó a poner amarillito y lo tuvimos que internar; tampoco podía succionar, así que los primeros días no se alimentaba bien; le encontraron una arritmia… y me pasó que todo lo lindo del parto se nubló con todo eso. Pero estoy segura de que la experiencia me ayudó a sobrellevar esas semanas de Neo, dificilísimas. Fue muy bueno saber que podía hacer lo que quisiera”.

“Saber que tenés la libertad para la toma de decisiones, saber que nadie iba a aparecer a cortarme la vagina, que nadie iba a aparecer y me iba a apretar la panza para que mi bebé saliera, que nadie iba a tocarme si yo no quería. Saber todas esas cosas facilitó que mi hijo naciera rápido, no fue fácil, porque no fue fácil, o dolió mucho... pero es un dolor que se tolera bien. Hay algo que empodera ahí: el haber podido decidir cómo parir y que todo se haya respetado. Lo volvería a elegir”, dice esta mamá.

“La ley no se refiere a un tipo de parto en especial: cualquiera, sea natural o por cesárea, en casa o en una clínica, debe contemplar los derechos de la persona gestante. Es decir que tener o no un parto respetado no es algo que se ‘elige’, sino un derecho”

Diana Hunsche
Licenciada en Psicología,
psicóloga clínica y psicogenealogista

En el caso de Laura Codaro (35), mamá de Jeremías, de 5, y Timoteo, de 18 meses, se demuestra que efectivamente, luego de una cesárea, se puede tener un parto vaginal. “Con mi primer hijo, llegué a una obstetra recomendada por mi ginecóloga, sin mayores referencias. Como muchas madres primerizas a las que, además, el embarazo llega de forma bastante inesperada, sentía mucha inexperiencia, soledad en algún punto, dudas y sensaciones que no llegaba a poner en palabras. El trato del equipo médico era muy impersonal y en ningún momento nos habilitaron la posibilidad de preguntar, decidir, elegir cómo iba a ser el nacimiento. Transité un embarazo súper normal y en la semana 40 rompí bolsa en mi casa, me hospitalizaron sin trabajo de parto y a partir de ahí sufrí distintas situaciones de violencia obstétrica vinculadas a la desatención total de la partera y de la obstetra, quienes aparecieron después de muchas horas para informarnos, sin demasiadas explicaciones (aunque los chistes no faltaban…), que tendríamos que ir a cesárea”, revela.

“Más allá de la experiencia de la cirugía, que luego supe que era innecesaria, y que en el momento padecí por la insuficiente anestesia que me administraron, estuvimos solos la mayor parte del tiempo, sin orientaciones de ningún tipo, con cosas ‘hechas a medias’, sin acompañamiento tampoco en el momento de la lactancia, ni en el tratamiento del post operatorio” recuerda Laura: “pese a que ambos gozábamos de buena salud, mi bebé pasó por varios brazos -de profesionales y familiares- antes de llegar a los míos. Esta experiencia, que acarreó malestares físicos y sobre todo emocionales, incomprendidos por muchas personas de nuestro círculo íntimo, nos hizo reflexionar sobre el camino a seguir si algún día buscábamos otro hijo. Y así fue”, comenta Laura.

“En 2020 quedé embarazada otra vez y decidí exigir un trato más humano y empático”

 

“En enero de 2020, antes de que el COVID llegara a nuestro país, quedé embarazada por segunda vez. Ya mucho más informada sobre las condiciones de nacimiento y decidida a no pasar por lo mismo, a exigir un trato más humano y empático, realicé una consulta con el equipo de Pronani, un conjunto de obstetras y otros profesionales que hacen los partos en el Instituto del Diagnóstico. No iba convencida de ser atendida por ellos, en realidad, sí sabía que, en la medida de que el embarazo siguiera un curso normal como en la primera ocasión, no iba a dejar que otros decidieran por mí ni que me sometieran a lo que se les ocurriera. Con mi marido asistimos a los controles, nos hicimos todos los estudios de rutina, convencidos (yo más que él) de que íbamos a esperar a que este bebé también diera señales de querer nacer. El equipo médico siempre transmitió tranquilidad en este sentido, porque todo venía bien. Todo eso posibilitó un nacimiento cuidado, acompañado, respetado y sobre todo amoroso”, considera Codaro.

Es derecho de la persona gestante consultar si puede tener el tipo de parto que desea

 

“Personalmente, desconocía lo que era el parto respetado, pero tenía claro que quería que me respetaran a mí, que no quería sufrir maltrato verbal ni físico porque no eran ‘instancias obligatorias’ para que mi hijo naciera sano. Cuando nació Timoteo, no recibí ningún pinchazo, no hubo anestesia ni suero, y tampoco me hicieron episiotomía. Todo realmente natural y en plena pandemia…”, describe la reciente mamá. “En menos de 24 horas estaba en casa, con una experiencia hermosa para contar, me sentía bien (¡Llegué y bañé a la perra, jaja!), y estábamos muy conformes y contentos con el trato recibido. Alejo, el obstetra que nos atendió, siguió en contacto con nosotros acompañándonos, con el teléfono disponible para cualquier consulta, siempre predispuesto para vernos, incluso meses después”.

LA LETRA DE LA LEY

Un parto respetado implica, además, recibir información clara y completa durante todas las etapas del embarazo, el parto, el posparto y la lactancia, así como los riesgos asociados con el consumo de sustancias nocivas. También garantiza que la madre no será discriminada y que se respetarán sus pautas culturales.

“La ley establece también que el bebé recién nacido permanezca junto a sus progenitores mientras dure la internación, salvo que sea necesario hacerle controles médicos que impliquen el traslado a otro sector de la clínica. Además, la persona acompañante asiste a los primeros cuidados del bebé luego del parto (control de reflejos, baño, etcétera). Se establecen también los derechos de la persona recién nacida, que incluyen su identificación, la prohibición de que se le realicen prácticas médicas sin el consentimiento escrito de sus representantes legales, ser tratada en forma respetuosa y digna. Por último, la ley contempla los casos de nacimientos en situación de riesgo y los derechos que asisten a los progenitores: poder estar con su bebé la mayor cantidad de tiempo posible en la unidad neonatal, que se facilite el proceso de lactancia y recibir información clara, comprensible y actualizada sobre la evolución del estado de salud del bebé, su pronóstico y tratamiento”, detalla Hunsche.

Ley Nacional 25.929 también contempla los derechos de los recién nacidos

“Lo que existe hoy es la conciencia del derecho a decidir, más allá de que sea un parto natural o no. Antes no existía esta posibilidad para las personas gestantes. La asistencia médica debe adaptarse a la situación de cada una: puede haber personas que tienen temor al parto, por ejemplo, porque han vivido una situación grave propia o de un ser querido. Entonces, pueden preferir un parto por cesárea, y es su derecho solicitarlo. En cuanto al parto natural, si no hay complicaciones médicas que lo desaconsejen, debe existir siempre la posibilidad de elegirlo. Un cambio generacional es que hoy en día las mamás están más dispuestas a pedir y recibir ayuda en lo que respecta al parto y el puerperio. La figura de la ‘doula’, una profesional que se ocupa de estas tareas, ha crecido en los últimos años y muchas embarazadas y mamás recientes recurren a ellas”, finaliza la especialista.

 

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