“Hipólito”, el último famoso de la historia centenaria del Zoológico
Edición Impresa | 6 de Febrero de 2026 | 02:28
La muerte del chimpancé “Tomy” cerró lo que podría plantearse como el ante último capítulo en la historia de los animales que dejaron las huellas mas profundas en el ya desactivado zoológico platense, una lista larga a la que sólo le queda el hipopótamo “Hipólito”, que aguarda desde hace al menos 7 años se traslado para el retorno a la vida salvaje.
Hoy Bioparque, el zoológico fue creado en 1907. En 2018 cerró sus puertas al público y sólo las abrió unos meses para recibir escuelas. Desde entonces, se orienta a la recuperación de ejemplares rescatados del maltrato y el tráfico de fauna.
Durante un siglo fue un escenario donde las familias construyeron recuerdos. Estaban ligados a la vista de los animales. En los senderos del zoo convivieron historias de fascinación, ternura y también de tristeza, con ejemplares que se volvieron símbolos de la Ciudad.
Durante un siglo fue un escenario donde las familias construyeron recuerdos
Entre los nombres grabados en la memoria colectiva, al menos en el último medio siglo, aparece “Ghali”, la jirafa que se convirtió en una de las postales más queridas del predio hasta su muerte en 2010. Su figura alta y serena era una de las primeras imágenes que muchos chicos asociaban con el paseo, una presencia silenciosa que parecía observar la Ciudad desde otra altura.
“Pelusa”, la elefanta que llegó en 1968 y vivió medio siglo en el lugar, fue tal vez el emblema más fuerte del antiguo zoo. Protagonista de paseos escolares, visitas familiares y hasta de producciones cinematográficas, se transformó en un ícono emocional para los platenses. Su larga vida en cautiverio despertó afecto, pero también un debate profundo sobre el bienestar animal y el futuro del predio.
“Tomy”, llegó en 1980, con 3 años. Estuvo en el Bosque hasta su fallecimiento el miércoles. Nacido en 1977 y proveniente del Circo Tihany, vivió más de cuatro décadas en La Plata y desarrolló un vínculo especial con sus cuidadores. Su historia quedó marcada incluso por un recordado escape en los años noventa, episodio que lo volvió parte del anecdotario urbano y reforzó su condición de símbolo del Bioparque.
“Kendy”, otra de las elefantas que habitaron el predio, compartió con “Pelusa” la atención del público y representó la complejidad de mantener animales de gran porte en un espacio urbano. Su presencia reforzó el carácter emblemático del sector de paquidermos, uno de los más visitados durante décadas.
La tigresa de Bengala blanca “Kiara” aportó un componente de asombro y exotismo desde su llegada en 2015, por un préstamo reproductivo con una institución de Estados Unidos dedicada exclusivamente a preservar esa particular especie de tigres. Su pelaje inusual y su porte la convirtieron en una de las figuras más fotografiadas.
Los hipopótamos “Hipólito”, “Mafalda”, “Zuber” y “Felipe” integraron una de las familias más recordadas del lugar. Su vida en los recintos acuáticos era una atracción permanente, y con el tiempo se transformaron en parte del paisaje sentimental del parque, especialmente para quienes crecieron viendo su rutina diaria.
De esa familia y de la lista de notables, queda sólo “Hipólito”. Como animal exótico puede asociarse con 50 ciervos axis. Todos esperan traslado para dar por cerrado el capítulo de la exhibición de animales como espectáculo público.
El paquidermo de modalidad anfibia es de origen africano y llegó a La Plata en 2008, con una edad de entre 4 y 5 años proveniente del zoo de Batán. La mudanza le llegó a partir de un canje: varios flamencos se fueron por la ruta 2 hacia aquel parque. En 2019, cuando nació el Bioparque (dedicado sólo a la recuperación de animales) ya se anunciaba el traslado a un predio de Sudáfrica. En diciembre, desde la dirección se insistió en que sigue el plan en agenda. Esa opción se había desechado para “Tomy” por considerarse que tras décadas de vida de encierro y contacto con humanos no estaba en condiciones de readapción al mundo salvaje.
En el viejo zoo también dos osos polares que representaron una de las presencias más llamativas y contrastantes en el clima templado de La Plata. Se mostraba así la lógica de los zoológicos tradicionales, donde especies de hábitats extremos eran exhibidas lejos de su entorno natural.
La yaguareté “Luna” simbolizó el costado más sensible del debate sobre el cautiverio. Su figura, asociada a la fauna autóctona y a la conservación, despertó preocupación pública por las condiciones de vida de los grandes felinos en espacios reducidos. Con el paso del tiempo, el cierre del zoológico y su transformación en Bioparque marcó un cambio de paradigma. Hoy el predio alberga principalmente especies autóctonas, con la intención de priorizar la conservación, la educación ambiental y el bienestar animal, mientras los recuerdos de aquellos habitantes históricos siguen vivos en la memoria de la Ciudad.
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