“El lado B” de un caso de inseguridad vial en 2 y 60
Edición Impresa | 10 de Abril de 2026 | 01:29
Por MARCELO MARCOLONGO
No solo los accidentes de tránsito que dejan un trágico saldo, encierran un drama. También, en ocasiones, “detrás de escena” hay graves consecuencias físicas que derivan en un rotundo cambio de vida para los damnificados y su entorno familiar.
Esto último es el caso de Nicolás Alberto Chanampa (63), un chofer de taxi que chocó con el auto de su empleador con otro vehículo -el pasado 13 de marzo- en la esquina de 2 y Avenida 60.
A raíz de la violenta colisión, como lo reflejó este diario en esa oportunidad, ambos rodados sufrieron graves destrozos. Y en el caso del taxista, tuvo que ser trasladado de urgencia en ambulancia al hospital San Martín.
“TUVO UN SÍNCOPE CARDÍACO”
Sin saberlo, para este trabajador al volante el siniestro vial en cuestión fue la génesis de un cambio radical en su vida y la de su esposa, de 70 años y jubilada municipal platense.
Es que de acuerdo a lo que relató en la tarde de ayer a EL DIA la mujer del taxista, Stella Maris Defelitto, producto del terrible choque su marido “sufrió un síncope cardíaco, pese a que previamente nunca había tenido problemas del corazón, y fue trasladado al hospital San Martín, donde continúa internado”.
Lo más terrible del caso es que, reveló Defelitto, es que el médico que lo atiende les advirtió que “Nicolás no podrá volver a manejar”.
Ese impactante golpe psicológico para el taxista representa, en forma simultánea, un enorme interrogante sobre el presente y futuro económico de este matrimonio, que se domicilia en cercanías al hospital San Juan de Dios de nuestra ciudad.
“PIDO AYUDA PARA VIVIR”
Defelitto aportó luego un dato que resulta elocuente y que explica su preocupación, por esta derivación del accidente de tránsito que padeció su esposo. “Soy jubilada municipal y cobro $420.000 por mes. La actividad de mi marido era fundamental para sostener nuestro hogar. Pero si no puede volver a trabajar como chofer ¿cómo vamos a hacer?”, interrogó con tristeza.
Su tono de voz denota la desesperación que la gobierna y, por eso, segundos después soltó: “Por eso ahora estoy pidiendo ayuda con dinero y alimentos para vivir”.
Pero sus intentos de ayuda solidaria, hasta el momento, tropezaron con la indiferencia. “El patrón de Nicolás se desentendió del tema, tampoco encontré eco en el gremio de taxistas y cuando fui a la Municipalidad, donde trabajé hasta jubilarme, no logré que pudieran atenderme”.
Mientras tanto, la realidad sigue acechándola despojada de piedad: “A mi esposo van a colocarle en el cuerpo un holter implantable, con el propósito de que no tenga otro síncope cardíaco, a la vez que siguen los médicos estudiando el origen del que ya sufrió”.
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