VIDEO.-Pibes al rescate: el Pincha ganó con lo justo
Edición Impresa | 12 de Abril de 2026 | 06:39
Por LUCAS FINOCHIO
Bocanada de aire fresco para Estudiantes. Con un equipo plagado de suplentes y pibes de la cantera, le ganó por 2-1 a Unión, en el Estadio UNO con los sellos propiamente dicho de los chicos del Country: Pérez y Amondarain. Ahora es momentáneamente puntero en el Apertura y llega envalentonado al martes cuando enfrente a Cusco FC por la cita máxima del continente.
Los dirigidos por Alexander Medina sabían de la importancia del partido, y por eso, desde el vamos, buscaron manejar las riendas del juego. Si bien durante el primer cuarto de hora Estudiantes de La Plata gobernó la posesión, basculó sin demasiada fluidez, con pases intrascendentes a la espera de la presión del Unión de Santa Fe, que no fue ni lento ni pasivo y se adaptó a esa propuesta.
En Gabriel Neves, el equipo encontró el primer pase para gestar los avances. Por la banda izquierda, Brian Aguirre intentó desequilibrar con asociaciones junto al debutante Pereyra, aunque el atacante no logró explotar del todo esa sociedad, ni su cualidad.
El triunfo llegó con el aporte de dos pibes surgidos de la cantera: Pérez y Amondarain
Al mismo tiempo que el Pincha buscaba lastimar, Unión apostó a los espacios para salir de contra, dejando al desnudo las falencias defensivas en la última línea, especialmente en la zaga central, con errores evitables. Esto volvió a poner en discusión la solidez del sector, y fue una justificación de la titularidad de Palacios y González Pirez en el lugar mencionado.
En esa sintonía, pasada la media hora de juego, esa carencia se trasladó al marcador. Tras un tiro de esquina jugado en corto, Julián Palacios envió un centro preciso para que Marcelo Estigarribia conecte de cabeza, sin marca. Otra vez falló la defensa en la zona, como ya había ocurrido días atrás en Medellín, aunque en esta ocasión la responsabilidad recayó en Alexis Castro y José Sosa, que dejaron en libertad de acción al delantero.
En el cierre de la primera mitad, el desarrollo no se modificó. Estudiantes continuó con la iniciativa, manejó la pelota y acumuló aproximaciones, pero sin generar situaciones realmente claras. Unión, en cambio, avisó cuando pudo y no perdonó. Así, entre la posesión sin profundidad del local y la contundencia de la visita, el descanso llegó con ventaja para el Tatengue.
El inicio del complemento fue espejo del primer tiempo, aunque esta vez, los errores de Funes Mori quedaron al desnudo, y dejando reflejada la maldad del tiempo, con un Ramiro muy lejos de su mejor versión. Pese a esto, sin demasiadas condiciones técnicas los santafesinos también pusieron sus cartas sobre la mesa.
Ante esta situación de asfixia, el cacique buscó oxigeno y respuestas con los ingresos de Mikel Amondarain y Tiago Palacios, por Castro y Sosa que nunca pudieron hacer pie en el partido. A partir de estos cambios, el equipo mostró otra cara y a los 14 minutos encontró el gol para poner el partido en tablas y revitalizarse.
El Pincha volvió a tener dificultades defensivas. Un tema que deberá ajustar el Cacique
El de Bavio la cedió con simpleza para que Aguirre se encargue de los demás: encare hasta la línea de fondo -tras dejar en el camino a dos rivales-, y jugar por lo bajo para que con su rubrica, Pérez termine la jugada ante un Mansilla que pese a sus esfuerzos no logró desviar el disparo.
De esta manera, Estudiantes alcanzó la paridad, y lejos de conformarse, con el éxtasis del empate salió a los tumbos en busca de otro rugido. Sin embargo, las condiciones físicas, las seguidilla y el cansancio comenzaron a pasar factura para los jugadores estudiantiles. Primero para Pereyra, quien arremolinado por la ansiedad de su estreno salió con una molestia. Mientras que minutos después Funes Mori también abandonó el campo por una dolencia.
Ya con el transcurrir del encuentro, esta vez, Estudiantes si logró tomar el partido por las solapas y gobernar. Si bien el rival tuvo algunas aproximaciones sin destino, con las modificaciones el equipo encontró los espacios para lastimar a Unión con pases verticales y desbordes por los andariveles.
Y de tanto que insistió y de que fue, se quedó con el premio, un gol similar a una bocanada de aire fresco. Con la pelota dentro del área con varios rebotes de por medio y un arquero vencido, Amondarain entró como una tromba y mandó la pelota al fondo de la casita del ex arquero albirrojo. De esta manera, contradiciendo al tango, en el tiro del final, el pibe de Bavio hizo rugir por completo a un Estadio que al unísono festejó el grito sagrado.
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