Todavía no llega
Edición Impresa | 19 de Abril de 2026 | 03:54
Por MARÍA INÉS PORTILLO
Parece suspendido en el aire. No sé cómo se mantiene. Está ligado a la enredadera. Va y viene. Siempre el mismo recorrido: del nido a la madreselva, de aquí, a la flor del ángel, luego, a las campanillas azules. Ahí vuelve el colibrí. Chiquito, verde azulado, pico largo, alas desplegadas. Aletea nervioso. Trae algo en el pico. Lo deja en el nido. Bajo el volumen del televisor. Despacio abro la ventana para escuchar su canto agudo. Otra vez se va. Ahí vuelve con una ramita. Me tranquilizo. Todo sigue igual. Cierro la ventana.
Veo en el televisor un hombre canoso vestido con una camisa roja, pantalón deportivo gris y zapatillas blancas. Camina por la vereda hasta su casa. Abre la puerta y entra. Otra vez la imagen se repite. Camina por la vereda hasta su casa. Abre la puerta y entra. Ahora el colibrí está llegando hasta su nido. Deja otras hojitas y vuelve a salir. Me calmo. El hombre abre la puerta y sale de su casa. Va por la vereda hasta la esquina y dobla por ella. La puerta queda abierta. Pienso: la gente sale para llegar…
La mujer del hombre está en la puerta. Los hijos caminan por la vereda de esquina a esquina. Los vecinos abren las ventanas. La madre y sus hijos, las puertas. Cruzan de vereda. Avanzan por la calle. Dan vueltas por el barrio. Nada.
El colibrí vuelve agitado. Hay un gato cerca. Abro la ventana y lo espanto. El colibrí entra en el nido.
Vuelvo al televisor. Subo el volumen. Aparece la imagen del hombre. Está sonriendo. Su madre dice: “Mi hijo, Julio, toda la vida trabajó de albañil. No se fue voluntariamente. No se ha perdido. Mi querido hijo no debe desaparecer otra vez. Hijo mío… estoy aquí. En la puerta de tu casa. Te estoy esperando”.
El revoloteo del colibrí y su voz aguda me llama. Cerca del nido hay un estornino. Abro la ventana y golpeo las manos. El estornino se aleja. El colibrí queda suspendido frente al nido, luego entra. Estoy alerta.
Vuelvo al televisor. La madre sigue allí. El albañil abre la puerta y se va por la vereda. Yo lo veo. La mujer y sus hijos miran hacia la esquina. La madre llora.
Alguien... Algunos... Otra vez, a Julio López, no lo dejan seguir.
Es un hombre que todavía no llega a su casa.
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