Grieta por Malvinas Villarruel y Ajmechet, con los tacones de punta

La Vicepresidenta y la diputada protagonizaron un cruce feroz con chicanas, acusaciones de “traición” y sospechas de alineamientos extranjeros. La interna libertaria, al rojo vivo

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La tensión que se venía cocinando a fuego lento dentro del oficialismo estalló sin control. La vicepresidenta Victoria Villarruel y la diputada Sabrina Ajmechet protagonizaron un enfrentamiento brutal en redes sociales que dejó al desnudo una de las internas más ásperas del espacio libertario.

Todo comenzó cuando Villarruel desempolvó antiguos dichos de Ajmechet sobre las Islas Malvinas. Sin medias tintas, la titular del Senado la calificó de “vergüenza”, desatando una tormenta política inmediata. La respuesta no tardó: la diputada contraatacó con furia y acusó directamente a la vicepresidenta de ser “una traidora” y de jugar en contra de su propio gobierno.

El intercambio subió de tono en cuestión de minutos. Villarruel redobló la apuesta y lanzó una de las frases más incendiarias del cruce: insinuó que nadie podría escribir ciertos mensajes “si no es porque es pro inglés”, en clara alusión a su compañera de espacio.

En el centro de la polémica reapareció un tuit de 2012 en el que Ajmechet había afirmado que “las Malvinas no son ni nunca fueron argentinas”. Aunque la diputada reconoció que ese mensaje fue un error, sostuvo que fue sacado “maliciosamente de contexto” y denunció una campaña para desacreditarla.

Pero lejos de apaciguar las aguas, la explicación encendió aún más la disputa. Villarruel vinculó esos antecedentes con una supuesta afinidad hacia intereses británicos, mientras Ajmechet respondió con dureza, insistiendo en que jamás actuó contra la causa Malvinas y que las acusaciones en su contra no prosperaron judicialmente.

La pelea arrastra al Gobierno

El escándalo no quedó limitado a un cruce personal. La discusión se dio en medio de un contexto geopolítico sensible, con movimientos internacionales sobre la cuestión Malvinas y declaraciones cruzadas entre Argentina, Reino Unido y Estados Unidos.

En ese marco, Villarruel reafirmó su postura histórica: sostuvo que la discusión por la soberanía debe ser “entre Estados” y que los kelpers “no son parte de la discusión”. Incluso fue más allá al señalar que son “ingleses que viven en territorio argentino”.

Ajmechet, por su parte, defendió la estrategia internacional del gobierno de Javier Milei y del canciller Pablo Quirno, alineada con Estados Unidos e Israel, como vía para fortalecer el reclamo argentino.

Pero el trasfondo político va más allá del episodio puntual. En los pasillos del oficialismo, el cruce fue leído como una señal de ruptura en la conducción y una muestra de las tensiones acumuladas entre sectores que conviven con visiones muy distintas sobre política exterior, identidad y estrategia de gobierno.

Más voces, más fuego

Como si faltara combustible, la diputada Lilia Lemoine se metió de lleno en la pelea y salió a respaldar a Ajmechet, atribuyendo los ataques a cuestiones de intolerancia.

La respuesta fue inmediata y la polémica escaló a un terreno aún más delicado, donde se mezclaron política, identidad y acusaciones personales, ampliando el conflicto dentro del oficialismo.

En paralelo, la discusión se amplificó en redes sociales, donde militantes y dirigentes tomaron partido, profundizando la grieta interna y llevando la disputa a niveles de exposición inéditos incluso para un espacio acostumbrado a la confrontación pública.

Lejos de cerrarse, la disputa entre Villarruel y Ajmechet dejó una certeza inquietante: la interna libertaria ya no se esconde. Se expone, se grita y se pelea en público. Y esta vez, con Malvinas como telón de fondo, la grieta dentro del Gobierno quedó más visible que nunca, sin señales claras de tregua en el corto plazo.

 

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