El Palacio Achinelly: más de un siglo de historia entre volutas, una cúpula y agujas que miran el cielo
Edición Impresa | 17 de Mayo de 2026 | 03:59
Quien pase por la avenida 53 esquina 11 y no levante la vista se pierde uno de los espectáculos arquitectónicos más notables que La Plata tiene para ofrecer. El Palacio Achinelly se alza en esa esquina como una declaración de principios estéticos: agujas que apuntan al cielo, una cúpula revestida de paños metálicos con nervaduras y rombos, mascarones de facciones femeninas que observan desde las alturas, festones y palmetas que adornan cada paño del muro. No es un edificio que pida permiso para existir.
Con la imagen de la fotógrafa Rocío Rosenfeld y el apoyo teórico conceptual de miembros del Capbauno, este diario repasó la biografía del edificio platense con influencia francesa.
La historia comienza en octubre de 1911, cuando Esteban Achinelly y su esposa Juana deciden instalarse en La Plata, entonces una ciudad joven que crecía con ambiciones de grandeza europea. Convocaron al arquitecto Franceschini y al ingeniero civil Guglielmi para proyectar la obra, y el resultado fue una mansión de tres plantas con torre y cúpula que no escatimó en materiales: el revestimiento cerámico de la fachada fue importado de Francia y las placas de mármol de la escalera llegaron desde Italia, porque en la Argentina de aquella época no se conseguían materiales de esa calidad.
El edificio responde al lenguaje academicista con fuerte influencia del estilo Beaux Arts, aunque los expertos reconocen en él un eclecticismo rico: hay rasgos del barroco francés, del Art Nouveau y, según algunos, del Art Déco. La fachada en esquina organiza sus ornamentos con equilibrio compositivo notable. Un vocabulario formal extenso recorre sus muros: capiteles que definen el orden arquitectónico de las pilastras, ménsulas bajo los balcones decoradas con motivos diversos, guardas de diseños entrelazados, escusones con emblemas, medallones con relieves, roleos vegetales y volutas en espiral. El buñado —ese trabajo de terminación que imita bloques de piedra con juego de luces y sombras— recorre los paños inferiores con textura de mampostería almohadillada.
La vida familiar fue feliz durante años, con hijos y nietos bajo ese techo, hasta que la muerte temprana de doña Juana desató una serie de tragedias que terminaron por alejar a la familia del palacio. Esteban lo vendió a una familia de médicos de apellido Albina, que lo reconvirtió en sanatorio. La clínica, sin embargo, no prosperó como se esperaba, y los nuevos dueños intentaron sin éxito que Achinelly volviera a adquirirla. Finalmente el inmueble fue vendido al Estado de la Provincia de Buenos Aires.
Fue entonces cuando el palacio encontró su vocación más duradera. LS11 Radio Provincia, fundada en 1937 y peregrina por varias dependencias estatales —desde 1 y 59 hasta el Pasaje Dardo Rocha, el Teatro del Lago y el Teatro Argentino—, halló en el viejo caserón su hogar definitivo. Desde entonces, la voz de la radio provincial sale al aire desde adentro de esos muros ornamentados con caireles y punta de diamante, como si la arquitectura también tuviera algo que decir.
Hoy el Palacio Achinelly forma parte del rico patrimonio arquitectónico platense y es referencia obligada para cualquiera que quiera entender la escala de ambición con que esta ciudad se imaginó a sí misma a principios del siglo XX.
En el edificio hay rasgos del barroco francés, del Art Nouveau y, según otros, del Art Déco
El revestimiento de la fachada fue importado de Francia; el mármol llegó desde Italia
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