Del lago al amor eterno: 53 años de una vida compartida
Edición Impresa | 17 de Mayo de 2026 | 04:00
El amor de Luis Gustavo Grimaldi y Delia Patricia Santillán empezó sobre el agua. Fue en el lago del Parque Saavedra, en una tarde cualquiera de comienzos de los años setenta, cuando ella decidió subir a uno de los botes para dar un paseo. Él estaba allí, remando. Ella tenía 17 años; él, 21. Y aunque ninguno podía imaginarlo entonces, ese breve recorrido marcaría el inicio de una historia que atravesaría más de cinco décadas.
“Desde ese instante no nos separamos más”, resumió en diálogo con EL DIA Luis Gustavo, a los 74 años, mientras se prepara para celebrar junto a Delia Patricia sus 53 años de matrimonio en esta jornada dominical.
La historia de ambos está profundamente ligada a ese rincón emblemático de La Plata. Mucho antes de conocer a quien sería su esposa, Gustavo había comenzado a colaborar en la construcción del antiguo muelle del lago junto a un vecino de apellido Tosti, impulsor de los paseos en bote en el parque. Después de salir de trabajar, se acercaba al lugar y ayudaba a levantar la pequeña casilla donde se guardaban los remos y los chalecos salvavidas.
Con el tiempo, Gustavo empezó a remar llevando chicos y mujeres a recorrer el lago de manera gratuita. En uno de esos paseos apareció Delia Patricia. “Nos gustamos mutuamente”, contó con sencillez. La conexión fue inmediata. Poco después comenzaron una relación que nunca más se interrumpió.
Se casaron el 17 de mayo de 1973 y juntos construyeron una familia numerosa: Adrián, Christian, Diego, Damián, Natalia y Pablo son sus hijos. Hoy también disfrutan de seis nietas y una bisnieta, el reflejo de una vida compartida que se fue ampliando con los años.
Como toda pareja, atravesaron momentos felices y dificultades. “Muchos buenos momentos y también inconvenientes, como todos. Siempre se superaron”, narró Gustavo. Delia se dedicó a la crianza de los seis hijos mientras él trabajaba en distintos empleos para sostener el hogar. “Trabajé en varios lugares para mantener a mi familia. Hoy soy jubilado”, expresó.
El acompañamiento mutuo parece ser una de las claves de esa relación que lleva más de medio siglo. “El día a día nuestro es la vida. Nos acompañamos mutuamente con las alegrías y problemas que surgen en cada día, siempre pendientes de nuestra familia”, manifestó.
Hay, además, pequeñas costumbres que nunca abandonaron. Desde siempre, expresó Gustavo, salen a cenar y a bailar todos los sábados. Un ritual simple que atravesó décadas, cambios y generaciones.
En 2014, cuando la Municipalidad reinauguró el apostadero de botes del Parque Saavedra, Gustavo volvió al lugar impulsado por la emoción. La noticia lo conmovió porque allí no sólo había trabajado de joven: también había comenzado su historia de amor. Aquella visita derivó en una nota que publicó este diario donde revivió esos recuerdos junto a Patricia.
Más de una década después de aquella publicación, la imagen parece repetirse. Ellos siguen juntos, aferrados a la misma complicidad nacida en el lago. La diferencia es que ahora llevan consigo una vida entera compartida detrás de cada mirada.
Y aunque el tiempo haya pasado, Gustavo conserva intacta una certeza: “Seguiremos juntos hasta que la vida lo permita”, concluyó.
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