Hipertensión: sabemos qué hacer, pero no lo hacemos
Edición Impresa | 17 de Mayo de 2026 | 04:05
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo modificable de la enfermedad cardio-cerebrovascular. No es una novedad. Lo que sí interpela en 2026, es que con toda la evidencia disponible los resultados poblacionales siguen lejos de lo esperado. Para el cardiólogo platense Pablo Gulayin, coordinador del Departamento de Investigación en Enfermedades Crónicas del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), la conclusión es inevitable: “La principal brecha ya no parece estar en el conocimiento, sino en la implementación”, indica en diálogo con EL DIA.
En Argentina, la enfermedad afecta a más de un tercio de la población adulta, según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo. Además, uno de cada tres hipertensos desconoce su condición. Poco más de la mitad de quienes sí saben que la tienen está bajo tratamiento. Y entre quienes reciben tratamiento, el 59,1% tenía la presión elevada en el momento de ser evaluado. Las tasas de diagnóstico, tratamiento y control siguen siendo bajas. El ciclo no se cierra.
Inercia clínica y variabilidad inapropiada
Uno de los nudos centrales del problema es la inercia clínica y la variabilidad inapropiada en la práctica médica. Gulayin señala que persisten conductas guiadas por la “práctica habitual”, muchas veces alejadas de las guías clínicas. Un ejemplo concreto y frecuente: la elevada proporción de pacientes tratados con monoterapia, pese a que la evidencia recomienda iniciar precozmente combinaciones de fármacos. También son comunes los retrasos en el inicio del tratamiento antihipertensivo cuando se prioriza la indicación de cambios en el estilo de vida en pacientes que necesitan reducciones de presión difíciles de alcanzar sin medicación.
“A pesar de su alta prevalencia e impacto poblacional, las tasas de diagnóstico, tratamiento y control siguen siendo bajas. Esto plantea una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿seguimos fallando en lo básico?”
Pablo Gulayin Cardiólogo
A eso se suman las barreras de acceso y las desigualdades socioeconómicas, que el especialista identifica como determinantes clave de inequidad en salud cardiovascular. La hipertensión afecta desproporcionadamente a poblaciones vulnerables y contribuye a perpetuar un círculo de enfermedad, discapacidad, muerte prematura y empobrecimiento.
La alta demanda y el escaso tiempo de consulta en los sistemas de salud agravan el cuadro. Favorecen la falta de medición sistemática o mediciones sin estándares adecuados, incluyendo el uso de tensiómetros validados. El resultado es un diagnóstico deficiente, un seguimiento fragmentado y una evaluación integral del riesgo cardiovascular que no siempre ocurre.
El problema de la adherencia
Hay un dato que Gulayin destaca como especialmente subestimado: la adherencia terapéutica. En hipertensión, la baja adherencia ronda el 45% en términos generales y trepa hasta el 83,7% entre quienes tienen presión no controlada. Pese a ser una piedra angular del tratamiento, continúa siendo un problema con escaso registro, medición e intervenciones específicas.
Desde el IECS, Gulayin trabaja sobre lo que define como ciencia de la implementación: la disciplina que estudia cómo traducir la evidencia en mejores prácticas y políticas. “Generar evidencia no alcanza si no se traduce en mejores prácticas y políticas”, sostiene. El equipo desarrolla estudios orientados a identificar intervenciones efectivas en contextos locales, comprender las barreras para su adopción y promover estrategias sostenibles de implementación y escalamiento.
El mensaje de fondo, en el Día Internacional de la Hipertensión Arterial, es preciso: no alcanza con saber qué hacer; debemos implementarlo mejor y a mayor escala.
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