Bocinazos para intentar acelerar la vuelta a casa, dobles filas en los colegios para retirar a los chicos, compras de último momento para vivir el partido… Así se movió La Plata en la previa al choque por los octavos de final ante Egipto. Una vez que el francés Francois Letexier dio el pitazo inicial, la ciudad se silenció para vibrar, sufrir y estallar recién cuando Lionel Messi convirtió el 2-2 en el Mercedes Benz Stadium. Ni que hablar cuando llegó el agónico 3-2, cortesía de Enzo Fernández.
Desde muy temprano, cuando La Plata volvió a su ritmo habitual de cada día y todavía no había asomado completamente el sol, ya se podían empezar a ver los primeros platenses con los colores albicelestes, todo servía para comenzar a palpitar el duelo mundialista. Los chicos con sus padres yendo al colegio con la promesa de ser retirados previamente al arranque del partido, los trabajadores ya palpitando la pausa en las oficinas para seguir a la Selección Argentina. Bancos, locales y dependencias estatales con los horarios alterados para seguir a la vigente campeona del mundo. Antes, durante y después, La Plata pareció una ciudad fantasma, con sus habitantes pegados al televisor y aquellos a los que les tocó seguir el partido en la calle se las ingeniaron para seguirlo por radio o en su celular.
Aquellos lugares que permanecieron abiertos, como bares y restaurants, estuvieron abarrotados de gente que, en general, lo siguió en grupo aprovechando para almorzar y, en algunos casos, cortar un poco la jornada laboral para vivir un nuevo choque de la Copa del Mundo.
Durante la hora y media que duró el intenso duelo ante los egipcios, la faceta caótica y ruidosa de la ciudad se trasladó a todo lugar en donde hubiese un televisor para seguir las acciones del partido. Hogares con familia reunida, algunos que eligieron para sostener la costumbre seguirlo a solas, juntadas de amigos. Distintas formas, pero el mismo sentido, la presentación albiceleste en la cita mundialista.
Muchos locales comerciales modificaron sus horarios habituales para que sus empleados pudieran vivir con tranquilidad el enfrentamiento, los bancos tampoco fueron ajenos y variaron su funcionamiento diario, mientras que muchos edificios de la administración pública quedaron con presencia reducida a pocos minutos de que arrancara la presentación de Argentina en Atlanta.
La Plata, nuevamente, se paralizó por Messi y compañía, algo que seguramente volverá a ocurrir el sábado, con otro ritmo, pero con el mismo motivo y sentimiento.
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